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Noveno día.- Mario Josué es un joven guatemalteco que como cualquier otro migrante indocumentado, estaba preparado y decidido a remontar el coloso de acero, el tren que llaman “La Bestia”, para llegar hasta una localidad donde se uniría a unos primos con los que buscaría trabajo en las cercanías de la frontera con Estados Unidos.

Pero ese día las cosas no salieron como hubiese querido. En un abrir y cerrar de ojos, a Mario Josué “se lo tragó La Bestia”.

El día estaba lluvioso y el tren no bajó mucho la velocidad, pero Mario Josué corrió con todas sus fuerzas sobre el inestable piso de piedra triturada que tienen por base las vías del ferrocarril y sobre el que es difícil poner pie.

“Estaba lloviendo y me resbalé al intentar subir a uno de los vagones, y caí. Mi pierna quedó en la vía y la rueda del tren me pasó encima y me la cortó”. Pero Mario Josué tuvo la “suerte” de sobrevivir para contarlo, pues muchos otros migrantes —en un número que nadie es capaz de especificar— han muerto en ese mismo intento.

Antes, en una primera incursión, Mario Josué había sufrido una fractura en el brazo. Del segundo y trágico intento recuerda haber quedado “ahí tirado, y la gente me vio, se acercaron, llamaron a la Cruz Roja y me llevaron a un hospital. Ahí estuve casi un mes. Entonces me entregaron a los oficiales de Migración”.

RETO A “LA BESTIA”

El relato lo hace a la orilla de los mismos rieles sobre los que quedó mutilado. Hoy tiene 35 años y a pesar de que se vale de un par de muletas para andar, recién salió otra vez de su país para tratar nuevamente de buscar fortuna en el Norte, y para ello espera abordar el mismo tren.

“Me regresé a Guatemala y ahora lo intento por cuarta vez, pero ahora me subo al tren si está parado y con los que viajo me ayudan un poquito. Primero subo las muletas y luego me suben a mí”, explica a El Nuevo Diario.

“Para evitar la delincuencia nos vamos por las mañanas, por la noche no viajo. Ahora no viajo solo, lo hago con mis hermanos. Voy a ver si un señor que conocemos nos consigue un trabajo. Me vine de Guatemala, de la comunidad de Antibica, un pueblito a la orilla de la frontera. Mis padres fallecieron y me crié con mis hermanos”, relata Mario Josué. Él no es el único que ha sufrido una desgracia. Las historias de centroamericanos y mexicanos víctimas del infortunio son muchas.

Así lo afirma Norma Romero Vásquez, coordinadora del grupo de Las Patronas. “Tenemos a chavos (jóvenes) mutilados, muertos, y para nosotros es muy doloroso, nos pega mucho porque ese hijo que quizá murió, sus padres no saben dónde quedó, y así es como estas madres vienen aquí en busca de sus hijos”, dijo refiriéndose a la Caravana de Madres con Familiares Desaparecidos que llegó desde Centroamérica.

Para Romero, una forma de ayudar a los familiares es brindando información de lo que logran conocer de los migrantes que transitan por la zona o que llegan por comida.

Las Patronas son quienes lanzan alimentos a los migrantes que a veces van por cientos sobre el tren.

“MADRES, TENEMOS HAMBRE…”

“Un día pasamos temprano por las vías del tren, mis hermanos salieron a comprar el pan y la leche, entonces pasó el tren y no pudieron pasar al otro lado y mientras esperábamos cruzar, quienes iban en el tren nos decían: Madres, tenemos hambre. Deme de su pan, deme de su leche. Ese era el ruego, y nos preguntamos entonces de dónde eran aquellos que tenían un acento diferente, no eran mexicanos”, recuerda la mujer oriunda de la localidad de Amatlán.

Antes creían que eran mexicanos que recorrían la ruta para trabajar. “Desconocíamos entonces que había tantos países antes de México. Viendo la necesidad de estas personas, nos conmovió. Entonces nos organizamos y comenzamos con treinta raciones que lanzábamos a los que iban en el tren. Ahí iba una bolsita de frijoles, tortilla y agua, pero si teníamos otras cosas qué compartir, también les proveemos de galletas, ropa y calzado”.

120 LIBRAS DE ARROZ

Y FRIJOLES DIARIOS

Actualmente entregan a diario 40 kilos de arroz, 20 de frijoles, pan dulce, pasteles y todo lo que les entregan en donación.

Cada vez que el tren se descarrila aquí vienen hasta mil personas. Hay un tren que sale a las tres y viene a las cinco, y hay otro que sale a las cinco y viene pasando a las ocho de la noche, puntualiza.

Gracias a los reportajes y documentales presentados en los medios de comunicación, Las Patronas han logrado captar donaciones para su labor solidaria.

“Vamos a impartir talleres a las universidades, concientizamos a los jóvenes y los invitamos a que vengan, a que conozcan el trabajo que hacen Las Patronas, sobre todo que aporten una ración al migrante y se solidaricen. Hay muchos jóvenes que se organizan, buscan calzado, comida y lo vienen a dejar”, indicó Romero.

 

Caravana arriba a Reynosa

Este jueves, la Caravana de Madres con Familiares Desaparecidos se trasladaba a Ciudad Reynosa, Estado de Tamaulipas, donde estaba prevista una misa de acción de gracias en la Catedral de la Virgen de Guadalupe.

Posteriormente los miembros de la caravana centroamericana se reunirían con líderes de migrantes veracruzanos y con miembros de las organizaciones y defensores de derechos humanos.