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Décimo día. Ayer la Caravana de Madres con Migrantes Desaparecidos conoció de cerca lo vivido por los migrantes y frente al río Bravo, fronterizo entre México y Estados Unidos, quedaron conmovidas al ver la frontera. Sus mejillas se humedecieron con solo pensar lo que les pudo ocurrir a sus familiares.

Esto ocurrió durante la ofrenda floral ante la Cruz del Migrante, en Reynosa, teniendo de fondo Hidalgo, Texas, luego de una marcha realizada por una de las principales avenidas. Algo grave fue la noticia sobre la golpiza recibida por el padre Genni Rodríguez Leiva, esto por transportar a un grupo de migrantes con dirección a la casa del migrante de Tenosique, después que ofreció una misa. Sin respetar la sotana, los agentes de migración mexicanos lo sacaron a la fuerza de la camioneta y lo agredieron a puño limpio.

Este incidente es solo uno de tantos ocurridos, y si bien no puede pasar desapercibido, el fenómeno de la migración al norte no se detiene.

Francisco, de 20 años, es un migrante mexicano que ha hecho tres veces el viaje, dos de ellas ha sido atrapado y regresado a Reynosa. Alojado en la Casa del Migrante de Reynosa: Nuestra Virgen de Guadalupe, comenta: “El crimen organizado domina toda la frontera. Para cruzar con alguna seguridad tenés que pagar a los “coyotes”. Los que intentan pasar y no pagan, les va mal. Si te toca ir por tu cuenta fácilmente podés ser víctima de los delincuentes, te raptan, extorsionan, si son mujeres las violan, o te matan”, expresó agregando que si bien los “coyotes” aseguran que no les pasará nada, en realidad nadie puede tener nada por seguro.

Francisco cuenta que por solo cruzar, los ‘coyotes’ le cobraron 1,000 dólares, al estar del otro lado fueron otros 1,000 dólares, pero por trasladarlo hasta la localidad de Corpus Cristi, en Texas, terminó pagando en total 4,000 dólares. En esa localidad él trabajaba en un restaurante mexicano, donde el dueño era de su misma tierra. Se mantuvo hasta que la migra lo atrapó y lo deportó.

EU, país de puertas cerradas

“El paso por la frontera de Estados Unidos es difícil. Yo no he sufrido tanto, pero sí he sabido de otros que pasan cosas muy feas”, dijo Francisco quien ha cruzado principalmente por Reynosa, una zona muy seca después de cruzar el río Bravo, luego de ahí en adelante los ‘coyotes’ solo te dicen “sígueme”. No se preocupan por quienes vienen detrás. En ocasiones algunos de los migrantes le “echan la mano” y apoyan a quien se queda, en otras no.

Para él cruzar es por una mejor vida. Los salarios en México son muy bajos en relación con lo que se logra en Estados Unidos. Para Francisco trabajar en Texas le representaban 1,600 dólares mensuales.

El padre Francisco Gallardo López, coordinador de la Pastoral de Movilidad Humana, en la diócesis de Matamoros, señaló que la Casa del Migrante de Reynosa tiene aproximadamente 16 años de trabajar en esto y surgió por la necesidad de albergar a los migrantes mexicanos y centroamericanos que van por la ilusión del famoso sueño americano.

“Estamos a las puertas de Estados Unidos, pero ese país tiene sus puertas cerradas, especialmente para quienes no tienen papeles. En el albergue pasan cien muchachos al mes en las modalidades de quienes van por primera vez y los que vienen de Estados Unidos, pero el fuerte de deportados no es de Centroamérica sino de México. La situación ha cambiado. Reynosa antes era el punto más fuerte de cruce, al igual que Matamoros con dirección a Laredo, antes se venían en una línea más fluida, que si bien era peligroso no lo era como ahora”, explicó el sacerdote.

Indicó que de acuerdo con las leyes migratorias los deportados que pasan a México tienen que ser mexicanos, pero como muchos no tienen un documento que avale su nacionalidad, entonces cualquiera puede decir que es mexicano. “Puede que muchos muchachos centroamericanos dicen serlo y luego les resulte más fácil regresar a Estados Unidos, algunos hasta se cambian de identidad, por eso se hace más difícil la identificación de las personas y su nacionalidad”, comentó.

Denuncia corrupción

Por otro lado, el padre Gallardo denunció que hay algunos miembros corruptos de las autoridades, que trafican con los migrantes y los venden al mejor postor, algo que muchos migrantes lo platican.

Para la licencianda Edith Hinojosa Pérez, delegada del Instituto Tamaulipeco de Atención al Migrante, ante la supuesta participación de las autoridades en maltrato contra los migrantes, lo que hay son muchas quejas, pero no denuncias. No quedan asentadas porque los migrantes tienen temor de hacerlo, ya que la mayoría vuelve a intentar cruzar la frontera.

“Cuando nosotros les pedimos el número de patrulla, del oficial, entonces no se acuerdan de nada. Así sin tener conocimiento, no podemos ayudarlos, pero la mayoría de las quejas giran con que se los traen esposados por todo el camino, no les dan mantas a pesar del frío y no se les procura nada cuando están en el avión en el que los transportan, desde ahí están violando sus derechos humanos”, dijo.

Mencionó que como instituto han atendido en lo que va del año a 3,942 migrantes, inscritos, otros no se inscriben porque tienen apoyo para regresar a sus lugares de origen.