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Los tics son movimientos de algunas partes del cuerpo (tics motores) o sonidos (tics fonatorios) que son breves y repetitivos (pero no rítmicos), involuntarios (pero puede reproducirlos y controlarlos parcialmente), bruscos (a veces precedidos por un impulso premonitorio), y sin finalidad aparente.

Aparecen sobre todo entre los 5 y 10 años de edad, aunque a veces empiezan antes. Entre el 4 y el 24% de los niños tienen tics en algún momento de la vida y son más frecuentes en los varones que en las niñas. En algunos casos, otros familiares han tenido el mismo problema.

Movimientos involuntarios, irregulares y repetitivos como arquear las cejas, parpadeos constantes, fruncir la nariz, chasquear la lengua, girar el cuello o encoger los hombros se convierten, aunque a veces se vea como una manía o una mala costumbre, en una forma de liberar tensiones.

Si bien el factor genético puede influir, la mayoría de los tics se achacan a factores ambientales y de aprendizaje. Son reacciones ante situaciones que producen ansiedad o irritabilidad en el niño, aumentan con el estrés y disminuyen al realizar actividades relajantes y durante el sueño.

Los tics ocurren muchas veces al día, usualmente en brotes y presentan constantes variaciones. Mejoran cuando el niño está tranquilo y empeoran cuando está estresado, cansado o ansioso.

Se suele decir que los tics “van y vienen” y tienden a ser más intensos en niños cohibidos y tímidos. En algunos casos, pueden estar relacionados con trastornos como déficit de atención e hiperactividad y obsesivo-compulsivo.

¿Qué debo hacer?

Ante la aparición de tics en los niños se debe consultar al pediatra. Le preguntará acerca de cómo son, cuándo aparecen, cuántas veces, cuánto duran, por qué se producen, para así poder conocer cómo afectan al niño. Es interesante grabar los movimientos o vocalizaciones. Es conveniente valorar la asociación de otros trastornos en los que puede ser precisa la derivación al psiquiatra infanto-juvenil.

¿Cómo se diagnostican?

En general se pueden diagnosticar tras una serie de preguntas y examen físico en la consulta del pediatra. En algunas raras ocasiones es necesario realizar estudios adicionales para descartar otras enfermedades, que pueden tener síntomas parecidos a los tics.

¿Qué consecuencias tienen?

Debemos saber que no ponen en peligro la vida. Sin embargo, pueden dificultar las actividades diarias, provocar que el niño sea objeto de burla que puede derivar en aislamiento social, e incluso, en la edad adulta, limitar opciones profesionales.

¿Tienen tratamiento?

Aunque en general no hay tratamiento que los haga desaparecer, se pueden hacer cosas para que disminuyan. Para ello es recomendable no fijarse en los tics, no llamar la atención, regañar ni castigar. Se debe también dormir suficiente y evitar situaciones de estrés.

Los tics transitorios desaparecen en menos de un año y puede ser suficiente con la información y el seguimiento evolutivo. Los tics crónicos también pueden ceder espontáneamente.

Si los tics dificultan mucho la vida del niño se debe pautar tratamiento con medicamentos (habitualmente neurolépticos). Puede requerirse apoyo psicoterapéutico.

Trastorno de Gilles de la Tourette

Se define por la asociación de tics motores y uno o más tics fónicos con un carácter crónico (diarios durante más de un año), aunque puede haber períodos sin síntomas. No es necesario que ocurran a la vez y, además, pueden variar en la forma y en la intensidad. Habitualmente generan un notable malestar o deterioro significativo en la vida social y laboral.

Los síntomas que con más frecuencia acompañan a los tics son las obsesiones y compulsiones, siendo también común la hiperactividad, falta de atención, impulsividad, vergüenza, excesiva autoobservación y humor depresivo. Pueden tener antecedentes familiares y precisan con más frecuencia tanto tratamiento psicofarmacológico como la implicación de pediatras, psicólogos y psiquiatras infanto-juveniles, que trabajen tanto con el niño como con sus familiares y profesores.

Aspectos psicológicos

Los tics son manifestaciones de deseos no satisfechos, conflictos que el niño no puede resolver por sí mismo, dolores y frustraciones acumuladas que expresa mediante estas descargas de tensión.

El niño con tics nerviosos suele sufrir mucho por no poder controlar los movimientos bruscos e involuntarios, haciéndole sentir vergüenza y en ocasiones dificultando las relaciones con otros niños. Ya que los pequeños son muy directos y pueden llegar a herir su susceptibilidad.

Esto provoca aún más ansiedad que se manifiesta en más movimientos, es por eso que la comprensión de la gente que le rodea es primordial para que pueda superar el trastorno.

El niño no lo hace a propósito ni para enfadar a los padres. Corregirle a cada rato para que deje de hacerlo y estar encima del niño no es recomendable. Los padres deben mantener la calma, tener paciencia, comprenderles y esperar a ver cómo evoluciona el trastorno. Lo esperable es que desaparezcan si no se les presta demasiada atención.

Estudios sobre el tema han comprobado que cuando los padres consideran los tics de sus hijos como algo normal y pasajero sin prestarles especial atención, la evolución es satisfactoria y desaparecen sin dejar secuelas en pocos meses, o a lo sumo un año. Por el contrario, cuando presionan a los hijos o les riñen, los tics se vuelven más frecuentes e intensos.

Hay que evitar las situaciones que les provocan una tensión interna y fatiga tanto física como psíquica, así como evitar sobrecargarlos de actividades u obligaciones. En cambio, favorecer momentos de esparcimiento y distracción, y realizar con ellos actividades que les resulten placenteras.

¿Cuáles son los síntomas?

Las características de los tics pueden ser muy variadas, tanto en su duración como en su complejidad. Los más habituales son:

* Tic motor simple: se produce solo en un grupo de músculos. Son los tics con parpadeo, guiños, muecas, movimientos de nariz, boca u ojos, elevación de hombros…

* Tic motor complejo: se produce en más de un grupo de músculos. Son los tics de tocar objetos, dar un salto, volver a caminar los pasos, tocarse a sí mismo…

* Tic vocal simple: tos, gruñido, grito, chasquido, aullido…

* Tic vocal complejo: los niños repiten la última palabra o frase pronunciada por otra persona (ecolalia), repiten una misma palabra o frase reiteradamente (palilalia), pronuncian bruscamente palabras obscenas (coprolalia)…

Los tics pueden cambiar de forma, aumentar con el estrés y disminuir con tareas que requieren atención mantenida. Por lo general son primarios, es decir, no se deben a ninguna enfermedad neurológica.

Rara vez impiden hacer actividades o provocan lanzamiento de objetos, caídas… y pueden permanecer durante el sueño, pero a menudo menos intensos.

 

Tomado de EnFamilia - http://enfamilia.aeped.es/temas-salud/tics