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Décimo primer día. Mientras el tren o “La Bestia” pita a pocas cuadras de la Posada del Migrante “Belén”, en Saltillo, capital del Estado de Coahuila, en México, las participantes de la Caravana de Madres con Migrantes Desaparecidos se estremecen al recorrer con sus miradas las imágenes de migrantes fallecidos, que les muestran las autoridades locales. Una de ellas no soportó la impresión y estuvo a punto de desmayarse.

Un día antes se celebró el reencuentro de una madre hondureña con su hijo, a quien no veía desde hacía seis años. Después de ese momento feliz, las madres integrantes de la caravana tuvieron que “tragar gordo” y detenerse en cada una de las imágenes de migrantes muertos, ya fuera víctimas de la delincuencia o en algún accidente durante el traslado hacia territorio estadounidense.

El padre Pedro Pantoja, quien encabeza la Posada “Belén”, señaló que esta es una lucha social, un aprendizaje social para enfrentar la injusticia, el sufrimiento, el secuestro y la desaparición de muchas personas que son víctimas de la delincuencia o de los mismos guardianes del tren, quienes recientemente mataron a un migrante a golpes y pedradas, según testimonios que circulan por esta zona.

“En doce años que llevamos, hemos recibido a más de 100 mil centroamericanos, de manera que por esta casa han pasado de Nicaragua, El Salvador, Honduras, Guatemala y nos da mucho gusto haberlo hecho y lo seguiremos haciendo”, dijo el padre Pantoja.

Obispo denuncia miles de desaparecidos

Uno de los religiosos más respetados en México, el obispo Raúl Vera, se pronunció en favor de los migrantes, expresando la necesidad de que los gobiernos de Estados Unidos, México y Centroamérica busquen una respuesta regional ante las desapariciones forzadas durante la migración.

“México atraviesa por una tragedia humanitaria ante el gran número de migrantes que han sido víctimas del delito y de violaciones a los derechos humanos, principalmente el derecho a la vida. En el último período del Gobierno de Felipe Calderón, se registraron al menos 24 mil personas desaparecidas, cerca de 60 mil asesinatos y están pendientes de identificar cerca de 25 mil restos, según cifras de la Procuraduría General de la República y la Comisión Nacional de Derechos Humanos”, dijo el obispo Vera.

Recalcó que ante lo anterior demandan la creación de mecanismos efectivos que permitan a los familiares de personas migrantes desaparecidas, ejercer de manera efectiva su derecho a la verdad y a la justicia, los cuales deben ser garantizados por cada uno de los países de origen, tránsito y destino.

Al mismo tiempo demandó también que se dé respuesta ante las desapariciones forzadas de mexicanos, la mayoría de ellos personas adultas, en edad de trabajo. Víctimas de personas inescrupulosas que se dedican al tráfico de personas con fines ilícitos.

Nicas en albergue “Belén”

Después de la intervención del obispo Vera, las madres sostuvieron un encuentro con los migrantes, mostrándoles las fotografías de sus migrantes desaparecidos. Al mismo tiempo les rogaron que no dejen de comunicarse con sus familiares, pues el dolor de una madre por la falta de su hijo o su hija es incomparable.

Este día, cuatro migrantes más se integraron al albergue, mientras otros lo abandonaron.

Entre estos uno al cual el “coyote” lo llegó a traer porque estaban listos para hacer el cruce de frontera. Una zona donde se juega con la vida y la muerte. Hace unos ocho días, según versiones que circulan por acá, un coyote y el migrante que iba con él fueron degollados por Los Zetas, por no querer pagar la cuota de paso.

Ricardo José Lara Castillo es uno de tres nicaragüenses en el albergue “Belén”. Originario de Matagalpa, tiene ocho días en la Casa del Migrante y recuerda las dificultades que muchos enfrentan, principalmente al remontar a “La Bestia”.

“Hay grupos que tratan de quitarte lo que tenés, tratan de tumbarte del tren. Hay muchas cosas por las cuales uno tiene que venir con mucho cuidado. Incluso hay gente que se mira tranquila pero fuera del albergue no te perdonan. Hay mucha gente en la que no se puede confiar. Si miran que te mandaron dinero es mejor andar alejado y calmado, buscar a gente de paz que busca lo mismo que uno”, dijo Ricardo Lara, quien dio gracias a Dios de haberse topado con compañeros salvadoreños.

Su esperanza es trabajar dos o tres meses en México y para comienzos de año cruzar a Estados Unidos. “Pienso hacerlo hasta entonces porque ahorita hay poco trabajo. Así me pasó la primera vez que me fui en este tiempo y me fue mal. Tengo tres deportaciones y esa vez tuve que regresarme para México porque allá no había trabajo y no vale la pena andar corriéndosele a la migra. ¿Cuándo pienso cruzar? Ahorita estoy descansando, ya que al bajarme del tren me golpee. Así que espero reponerme para buscar trabajo en México, para luego cruzarme. Mi plan es recoger para tener un taller de vulcanización en el municipio de Tipitapa y creo que la única forma de obtener el dinero es ir a Estados Unidos, porque por mucho que trabaje en Nicaragua, no podría hacerlo”, expresó el nicaragüense que desde El Nuevo Diario manda un saludo a su familia y les pide que no se preocupen.

Franklin Roberto Chamorro, de 31 años, es otro nicaragüense listo a cruzar la frontera. En Nicaragua habitaba en el barrio San Judas, de Managua. “Tengo más de un mes de permanecer en el albergue, mi idea es quedarme aquí en México, si es posible, si no, me regreso a Nicaragua. Estoy buscando trabajo”, expresó uno de los pocos compatriotas que permanecía en el local que da refugio a los migrantes centroamericanos.