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Décimo segundo día. La Caravana de Madres con Familiares Migrantes Desaparecidos tuvo un encuentro de solidaridad con madres mexicanas con hijos envueltos en desapariciones forzadas, que si bien viven dramas diferentes, sufren la misma incertidumbre por no conocer el paradero de sus vástagos.

En México, la desaparición de ciudadanos es un problema recurrente en todo el país, pero se ha multiplicado en la zona de Reynosa.

El sacerdote Pedro Pantoja señala que esta ciudad fronteriza con Estados Unidos es del dominio del crimen organizado, y en ocasiones ha tenido que mediar en algunas situaciones.

Para el religioso aquí inicia la peor parte del sufrimiento de los migrantes centroamericanos.

Solo en la parroquia del padre Pantoja, que pertenece a la Diócesis de Saltillo, han desaparecido 25 vecinos de la localidad, donde se contabiliza a 400 personas perdidas, un número que forma parte de las 10 mil desapariciones forzosas a nivel nacional en tres años.

¿Dónde está Roy?

Irma Leticia Hidalgo pertenece a la organización Fuerzas Unidas por Nuestros Desaparecidos en el Estado de Nuevo León. Ella no olvida el momento en que un grupo de hombres armados entró en su hogar, y aunque creyeron que solo los despojarían de los bienes materiales, al final se llevaron lo más preciado: a su hijo de 20 años, Roy Rivera Hidalgo.

Era el 11 de enero de 2011. Toda la familia se encontraba en el hogar, incluyendo Roy, quien estaba por comenzar el cuarto semestre de la carrera de Filosofía y Letras, en la Universidad Autónoma de Nuevo León.

Algunos de los hombres que cortaron de tajo y para siempre la tranquilidad de la familia Rivera Hidalgo, vestían chalecos como los que usan los policías de Nuevo León, por ello la madre no sabe si los captores eran policías corruptos, delincuentes organizados o una combinación de ambos grupos.

Tras el secuestro pidieron dinero por la vida de Roy, pero los delincuentes no cumplieron con su parte.

Los padres de los desaparecidos han investigado y se cree que existe “un reclutamiento forzoso de muchachos y de mujeres para ser agregados a sus filas”, afirma la señora Hidalgo.

Autoridades: “a nadie le interesa”

Lo peor para estas familias mexicanas es que nadie, ni las fuerzas policiales ni el gobierno les dan una respuesta a sus pedidos de auxilio. “De hecho me lo han dicho en mi cara: a nadie le interesa”.

Otra desaparición forzada fue la de Guadalupe. “Ella desapareció un martes 15 de febrero de 2010. Mi hija era voluntaria del DIF (Sistema para el Desarrollo Integral de la Familia) en una guardería donde impartía clases de danza a las niñas”, cuenta doña Isabela Rivera.

“A mi hija me la levantaron en la calle, venía de su trabajo. No sé qué pasó, solo me avisaron. Tenía 19 años, ahorita debe tener 21. Ella es madres de una niña que ahorita tiene cinco años”, expresa la desesperada madre.

Se llevan “puros muchachitos”

Para entonces ya habían desaparecido varias muchachas, pero las autoridades ocultaban la información. “Cuando fui a la Séptima Zona policial, me di cuenta del montón de padres y de madres en la estación, que habían denunciado que sus hijas se habían extraviado de viernes a sábado. La desaparición era de puros muchachitos”.

Rivera destacó que indagaron si había ocurrido esta misma situación en ese período en otros municipios, pero no. Fue una acción centrada en Reynosa. Lo peor de todo es que las desapariciones continúan, pero la gente tiene miedo de denunciar, y si lo hace las autoridades no dan respuesta.

Ese fatídico fin de semana cuando desapareció Guadalupe, se perdieron 12 muchachas cuyos expedientes policiales siguen abiertos. Dos años después, las autoridades dicen no tener nada sobre sus paraderos.

El número de jovencitas desaparecidas reportadas a las autoridades en dos años asciende a 46, y la cuenta sigue sumando.

Pero la señora sigue buscando a Guadalupe. “Tengo esperanza en encontrarla”, dijo.

Sospechan de policías

Leonor Flores es otra madre que clama por su hijo. “En cada caso los muchachos o muchachas andaban con amigos, algunos salieron en grupo de seis en un carro a las gasolineras a comprar cerveza y todos desaparecieron. En mi caso, mi hijo Enrique Flores, de 22 años, iba con un amigo, y les dijeron que eran detenidos por tener carro robado, lo que no era cierto. Si él se paró fue confiando en que eran las autoridades. Por eso creemos que en estas privaciones ilegales están coludidos agentes de tránsito”, afirma esta madre, que todavía alcanzó a hablar con su hijo por teléfono y escuchó que junto a él había bastantes muchachos.

Una testigo que logró escapar de sus captores ha dado luces de lo que ocurre tras los secuestros.

Ella vio cómo llegaban las camionetas con muchachos y muchachas, mientras el líder de los captores solo decía: “Estos muchachos se van en tráiler a tal parte, estos se van al pozo, a estos otros se los llevan a tal persona”.

“Desconocemos para qué ocupan a tantos muchachos. Definitivamente, es el crimen organizado que se los está llevando. En este tiempo he aprendido que los rumores son verdad, aunque a veces parezca absurdo”, comenta Leonor.

La testigo narró que logró liberarse de sus captores porque estos se habían dormido después de drogarse. La llevaban en un vehículo que habían ocupado para ir a cobrar el rescate de otra persona. Su caso entrará en noviembre con el procurador de justicia. “Esto ocurre en todo México, pero las autoridades no lo toman como un caso, o los familiares de las víctimas no denuncian. Uno que sabe la verdad tiene que seguir luchando contra todo un sistema”.

Alma Gloria García busca a su hija Alma Mónica, que ya debió haber cumplido 29 años. Desapareció el 21 de julio de 2011. “El último día que supimos de ella venía de Reynosa con cinco amigas, y hasta ahorita ninguna se ha reportado. Tengo cuatro niños de ella”, afirma la señora García.

“Hay muchísimos casos (de desaparecidos), y “la culpable es la delincuencia”, expresa la mujer, quien con frustración agrega: “Las autoridades sólo dicen que están investigando, (pero) se hacen de la vista gorda”.