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El editor de noticias de Falkland Radio, Stacy Bragger, trata de recordar alguna noticia sobre violencia que haya ocurrido en las islas Falkland o Malvinas en los últimos años, pero lo más grave que llega a mencionar son pleitos de jóvenes en las tabernas durante las fiestas de viernes y sábado.

¿Y otro tipo de noticia en que haya intervenido la Policía? “Algún conductor ebrio que pierde la licencia”, responde Bragger.

La Estación de Policía en Stanley, la capital, tiene 12 agentes que protegen a una población urbana de 2,115 personas, pero la vida en todo el archipiélago transcurre tranquila, según los reportes. Ningún vigilante permanece en las puertas de las tiendas u oficinas públicas; ni en el banco, donde los clientes entran como a su casa. La gente camina despreocupada por las calles, a cualquier hora y los conductores suelen dejar los automóviles con las puertas sin llave, confiados de que nadie les robará.

Marcelo Olmedo, chileno radicado en Stanley desde el año 2000, dice que en estas islas la seguridad y la estabilidad son plenas para todos los habitantes. “Se vive muy bien aquí, la calidad de vida es excelente”, comenta. Él trabaja como agente naviero la mayor parte del año, prestando servicios a barcos pesqueros extranjeros, sobre todo de bandera española. Durante la época del turismo, Olmedo también hace labores como guía de visitantes.

“No existe desempleo aquí”, afirma Jamie Fotheringham, secretario de Políticas Económicas del Gobierno de Falkland Islands.

La preocupación de los funcionarios, antes que crear empleos, es cómo conseguir más fuerza laboral externa que se asiente en las islas sin alterar el modo de vida tradicional, porque pronto las Falkland serán un país petrolero.

La extracción de petróleo, en un primer pozo, comenzaría en el año 2017 y su producción inicial sería de 70 mil barriles de crudo por día, solo de ese pozo que, según las investigaciones, generaría al menos 350 millones de barriles en un período de 25 años.

“No queremos que este desarrollo petrolero cambie radicalmente nuestro estilo de vida, las costumbres en las islas. La idea es que cause la menor perturbación posible”, dice Stephen Luxton, director de Recursos Minerales del Gobierno de las Falkland.

Cinco compañías petroleras continúan explorando, sin precisar aún cuántos pozos más pueden ser activados ni en qué año. También han descubierto reservas de gas, el que sería un valor agregado. “La idea es que los barcos se abastezcan de gas en el mar”, indica Luxton.

Fotheringham enfatiza que el petróleo tendrá tanto impacto en la economía como en la vida de las Falkland, islas que, a su criterio, en este momento solo soportan un crecimiento poblacional de 5 o 6 mil personas más, con las condiciones actuales.

Ante la inminencia del arribo de trabajadores extranjeros, considera “necesario revisar los reglamentos laborales, para que la inmigración no afecte a la comunidad”.

Hasta hoy, ningún inmigrante puede trabajar en las Falkland sin hacer antes un trámite desde el exterior, que implica el envío de una serie de documentos, como exámenes de salud y récord policial, que el Gobierno local se encarga de comprobar para después extender el permiso al empleador que lo va a contratar en las islas.

Petróleo, nuevo ingrediente

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Cuando el Gobierno de Argentina se enteró, hace dos años, de que en las Falkland o Malvinas había sido comprobada la existencia de yacimientos de petróleo importantes, aumentó sus reclamos por la soberanía de las islas y amenazó con demandas civiles y penales a las empresas exploradoras.

La Cancillería argentina hasta envió cartas a los bancos británicos, advirtiéndoles de “las consecuencias de una exploración ilegal de hidrocarburos", informó en su momento el periódico británico Sunday Telegraph.

Las exploraciones petroleras en las Falkland están ubicadas en las aguas más profundas de la parte norte y dentro del diámetro de 200 millas que corresponden a las islas, el área acordada en 1995 entre los gobiernos del Reino Unido y Argentina, explica John Barton, director de Recursos Naturales del Gobierno local.

De paso por Santiago de Chile pude preguntar al embajador británico en ese país, Jon Benjamin, si es el petróleo un motivo para que se reaviven las diferencias entre Argentina y el Reino Unido por las Falkland Islands.

“Cuando defendimos las islas hace 30 años, cuando fueron invadidas y ocupadas por las fuerzas argentinas, en ese entonces no se hablaba nada del petróleo”, respondió Benjamin. “Para nosotros se trata de un principio importante del Derecho Internacional, que los isleños determinen su propio futuro político y el estatus de la soberanía de su territorio… El tema del petróleo ha surgido más recientemente”.

Inversión urgente

El crecimiento de la población en Falkland Islands ha sido lento. Los censos muestran que en 1980 vivían aquí 1,983 personas, en el año 2001 ya eran 2,913 habitantes y este año han llegado a ser 3,000, la mayoría residiendo en Stanley.

Las inversiones han de comenzar pronto, porque en el 2017 las islas requerirán de infraestructura adecuada para la producción petrolera, una actividad más grande que la pesquera. “Tenemos que desarrollarnos, construir puertos, asfaltar carreteras. Necesitamos gente que venga a realizar estos proyectos”, precisa el legislador local Barry Elsby.

“También tenemos que decidir cómo manejar eso”, comenta. “Vamos a necesitar gente que haga el trabajo petrolero, porque hoy algunas personas hacen aquí dos y tres trabajos”.

Elsby insiste luego en que “no vamos a permitir que la industria petrolea destruya lo que tenemos; queremos aprender de Noruega y Escocia, que están explotando petróleo de manera sostenible”.

El secretario Fotheringham descarta que la actividad petrolera vaya a dañar los otros dos negocios importantes de estas islas: la pesca y el turismo. “Las terminales estarán en el mar y de allí será exportado el petróleo; estamos diseñando políticas de seguridad muy extremas para proteger el medio ambiente”, asegura.

El Producto Interno Bruto de las Falkland equivale hoy a 134 millones de libras, 227.8 millones de dólares, que ha permitido a su población tener un ingreso per cápita mayor de 75,000 dólares.

Sin renunciar a la nacionalidad chilena, Marcelo Olmedo ya obtuvo la ciudadanía de Falkland Islands. Vino hace 12 años con un permiso de trabajo y a los tres años de permanecer en las islas consiguió el estatus de residente permanente. Cuatro años después le otorgaron la categoría de ciudadano con derechos plenos.

Olmedo podrá votar en el referendo del próximo marzo, cuando los habitantes de las Falkland decidan cuál es el futuro que desean.

¿Qué crees que suceda?, le pregunto.

“El referendo es para confirmar que la gente aquí tiene autodeterminación y quieren mantenerse como británicos”.

¿Tienen alguna relación con Argentina que cambie eso?

“Nada. No hay ninguna. Aparte del cementerio argentino, no hay ninguna conexión, ni de transporte, de nada”.

 ¿Por qué las llaman así?

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El nombre inglés de este archipiélago, Falkland, se debe a que el capitán John Strong le dio el nombre de Falkland Sound a la ruta navegable entre las dos islas principales. Strong pasó varios días en las islas en 1690 con su barco Welfare y quiso rendirle honor al Vizconde Falkland, uno de los dueños del Welfare, según la bitácora de Strong que se halla en la British Library.

Luego, el real geógrafo francés, Guillaume Delisle, le puso otro nombre en dos mapas de 1720 y 1722: “Les Iles Malouines”, por el puerto de Saint-Malo en Bretaña, de donde partían los barcos franceses hacia las Falkland.

Los españoles, a partir de mediados de la década de 1760 adoptaron el nombre francés “Iles Malouines”, traduciéndolo como “Islas Maluinas”, y en 1805 los españoles comenzaron a escribirlo “Malvinas”, explica la obra Estudio Crítico de las Islas Falkland en la Historia y en el Derecho Internacional, de Graham Pascoe y Peter Pepper.

 

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