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El primer recuerdo de la moda que tiene Shantall Lacayo es ella a los cinco años recogiendo pedacitos de tela del suelo, en el taller de la diseñadora nicaragüense Emperatriz Urroz, para luego hacerle trajes a las muñecas Barbie que coleccionaba en ese entonces.

Cuando estaba en segundo grado pasó horas detrás de la señora que trabajaba en casa de su abuela. Ella cosía un traje que la pequeña Shantall diseñó.

“Me estaba haciendo un pantalón campana blanco con lunares azules, talle bajo y una camisita panza pelada. Yo estaba ahí fregando en todo momento pidiendo cómo lo quería”.

Hija de un pintor y de la dueña de una galería de arte, siempre estuvo rodeada de ambiente artístico. Le encantaba dibujar, hacer bocetos, pero sobre todo era muy “muñequera”. Pasaba horas vistiendo y desvistiendo a sus muñecas, les hacía trajes todo el tiempo.

Shantall recibió a los 13 años su primer máquina de coser, que dañó casi de inmediato por no saberla utilizar y tuvieron que comprarle una eléctrica. Seguía haciéndole vestidos a sus muñecas, dos de las cuales aún conserva. “Ya las demás pensaban en novios y yo siempre de fantasiosa”, confiesa timida.

Al poco tiempo dejó de hacer ropa a las muñecas y aprendió a ser “bisnera”. Vendía a sus compañeras del Colegio Teresiano blusas tubo a 50 córdobas.

Ese mismo año supo que quería ser diseñadora de modas. Ligia Cordero, una compañera que vivió en Estados Unidos y que siempre cargaba un pequeño portafolio con sus diseños llegó a estudiar al mismo colegio.

La compañera de Shantall siempre decía que quería ser una “fashion designer” (diseñador de modas) y le comentó que en Nueva York existía una prestigiosa escuela de diseñadores de moda llamada Parsons.

“Fue una locura, darme cuenta de que existía una carrera para lo que me gustaba hacer. Después en el colegio éramos las dos loquitas que caminábamos dibujando bocetos de ropa”.

En casa de Shantall nunca existieron las prohibiciones. A ella y su hermana siempre les decían sí a todo lo que proponían. “Obviamente las propuestas nunca eran indecorosas”, dice riendo.

Por eso mismo no ha tenido miedo de tomar sus propias decisiones. “Al tener tanta libertad nunca hubo necesidad de romper ninguna regla”. Le enseñaron a ser directa, a decir lo que quería y a trabajar para lograrlo.

La apoyaron cuando decidió participar en Miss Nicaragua, donde ganó el premio al mejor rostro; así como cuando se metió a entrenarse por meses para un concurso de “fitness”, donde ganó una medalla de bronce a nivel centroamericano.

Para su mamá no fue sorpresa que quisiera irse a estudiar modas a Estados Unidos. No paraba de hablar de otra cosa. Pero sus abuelos se sorprendieron y creían que “era una locurita”.

No pudo irse a Nueva York y tuvo que quedarse a estudiar Marketing. Pero empezó a trabajar en la moda. No se detuvo. Cuando vieron que ganaba dinero y hasta tenía para contratar a tres costureras, empezaron a apoyarla.

A los 17 años Shantall era la diseñadora de trajes del grupo de la compañía de danza Ilusiones. Después empezó a sentir reconocimiento cuando Vivian Pellas la buscó para pedirle trajes en “mayor cantidad y repeticiones” para las obras de teatro que realizaba.

Tres meses antes de graduarse de la universidad, su mejor amiga se ganó una beca para Argentina. Y empezó a mover sus sueños de estudiar fuera. “Moría por vivir la experiencia de irme a vivir a una ciudad cosmopolita donde no conociera a nadie”, dice.

Su amiga al final no se fue, pero ella anunció a su familia que aún así se iría sola. Ya en ese momento Shantall era reconocida por la prensa nicaragüense y sus diseños se presentaban en las principales pasarelas del país.

“Sabía que en Nicaragua tenía ciertas herramientas que la vida me fue poniendo. Pero necesitaba un reto mayor, probarme a mí misma si realmente era buena o simplemente había tenido mucha suerte”.

En 2008 se mudó a Buenos Aires a estudiar Diseño de Indumentaria y Tecnología Textil en la Escuela Argentina de Moda. El pago de los estudios lo asumieron sus abuelos como un premio a su coraje y esfuerzo, pero debía pagarse lo demás ella sola.

El primer año sobrevivió con todos sus ahorros. El segundo año lo hizo con las ganancias de la ropa que decidió dejar en venta con su mamá. Diseñaba constantemente para enviar sus bocetos a Nicaragua.

“Fue difícil, porque ya no tenía todos los ahorros, vivía de lo que se generaba acá y en esa época Managua pasaba por una crisis medio complicada. Fue mi primer crisis económica de joven adulta”.

La joven diseñadora pasó momentos difíciles. Dejaba de salir o comprar cosas porque debía enfocarse en conseguir materiales y subsistir.

“Estuve por decir: dejo todo y me voy”. Pero a la vez sentía que una oportunidad estaba a punto de llegar. Y llegó.

El año siguiente un amigo le mandó la publicidad de la primera edición del reality “Project Runway” Latinoamérica. Luego de más de cuatro entrevistas recibió la llamada de confirmación y esa noche no durmió.

Recuerda que el primer día de competencia fue tensionante, porque todos se miraban elegantes y con personalidades seguras. La diseñadora nica ganó el primer desafío.

“Eso me dio la seguridad y la fuerza de seguir hasta el final”. Sin embargo, Shantall admite que nunca imaginó quedar en tercer lugar y menos llegar a estar entre los finalistas.

“Estudié marketing y este es un programa que se basa en números. México, por ejemplo, tiene millones de personas encendiendo el televisor más que Nicaragua. Por eso pensé que no quedaría”.

Shantall fue un personaje dentro del programa. Sus comentarios ácidos pero sobre todo directos le valieron en algún momento ser amada y odiada por sus compañeros y por el público.

“Todo se aumenta, te hacen reconstruir pláticas que se vivieron en la noche anterior. Te incitan, hay mucha presión para actuar. En mi caso yo soy de las tablas”.

Luego agrega que hasta cierto punto jugó “el papel de villana”, porque no se cuidó ni trató de “caerle bien a alguien”.

“Mi prioridad no era caerle bien a mis compañeros, ayudé hasta donde pude. Pero estaba peleando mi guerra. No me gusta jugar el papel de víctima, y si hay algo que odio es la hipocresía”.

Shantall es así de directa en la vida real. No le gusta aparentar. “Soy explosiva, loca, ocurrente. Soy pasional con la vida”.

“La vida es muy corta como para estarse preocupando qué piensa el otro de vos”, insiste.

Shantall es exigente con su trabajo. Es demasiado demandante con los detalles y con su equipo, pero trata de mantener la calma. Le gusta cuidar que todo salga bien, pero sabe que todo tiene un límite.

“Exijo hasta donde creo que pueda ser mejor”. Es obsesiva con el tiempo. Prefiere que le digan “no puedo” a que se comprometan a entregarle algo que después no cumplan.

Recientemente estuvo a cargo del proyecto “Nicaragua Diseña” en conjunto con el Instituto Nicaragüense de Turismo, Intur, una especie de plataforma a nivel nacional e internacional para los talentos nacionales del diseño en cada una de sus ramas.

“He apoyado otras causas, pero ninguna me llenó tanto como esta. Quiero apoyar a mi gremio más que a nada”, dice. Cada vez que Shantall hace un proyecto, de inmediato está pensando en otro, pero asegura que por primera vez disfrutó.

Shantall cree que sigue siendo una niña porque no para de soñar. De su proyecto como diseñadora de moda comenta que “está entrando a la adolescencia”.

“Tiene doce, ponele. Ya le bajó la regla”, dice, y suelta una sonora carcajada.