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Paula Reid tenía nueve años cuando los militares argentinos la encerraron con su familia en la Casa Comunal de Goose Green, una aldea al norte de East Falkland. Más de 150 habitantes permanecieron prisioneros allí durante 29 días, entre abril y mayo de 1982, hasta que las tropas británicas entraron y les liberaron.

“Los argentinos permitían que algunas mujeres salieran a cocinar una vez por día y solo comíamos carne enlatada. Un chileno de la comunidad hacía de traductor porque esos soldados nunca hablaron inglés”, relata Paula, quien recuerda que al final la batalla en Goose Green duró dos días, hasta rendirse los argentinos.

Eduardo Maltez, recluta argentino con 19 años de edad en 1982, entró a las islas Falkland o Malvinas, en el Regimiento 7 de Infantería y, 30 años después, recuerda que al recrudecer la batalla su ejército quedó en desventaja. “No teníamos tanta fuerza para enfrentar a una potencia militar tan grande”, afirma.

“Nosotros esperamos hasta lo último, cuando ya no teníamos municiones. Cuando ya avanzaban mucho ellos (los británicos), allí nos retiramos, pero costaba mucho porque entre tantas balas uno trataba de cubrirse…”, cuenta Maltez mientras visita las islas, a las que ha vuelto por primera vez desde aquella guerra de 74 días.

El Gobierno argentino, dirigido por el general Leopoldo Galtieri, enfrentaba una crisis política y económica en 1982. El 30 de marzo de ese año los sindicatos concentraron en Buenos Aires a una multitud opuesta al régimen, lo que pronosticaba una escalada de protestas incontenibles. Tres días después, el dos de abril, Galtieri mandó a sus tropas a invadir las Malvinas, argumentando que eran territorio de Argentina y debía recuperarlas.

Rosemarie King tenía 25 años cuando desembarcaron las tropas argentinas en la ciudad de Stanley y recuerda el mensaje por radio del gobernador de las Falkland, Rex Hunt, pidiendo a los habitantes mantenerse dentro de las casas, porque las islas estaban siendo invadidas.

Los pocos policías militares que había en Stanley fueron dominados con rapidez por los militares argentinos, los que semanas más tarde se enfrentaron a la Armada británica. “Al principio éramos hostigados por los soldados argentinos que nos pedían comida, venían a nuestras casas a pedir”, relata Rosemarie. “Después, algunos entraban a nuestros patios ofreciendo rendirse, y les explicábamos que nosotros éramos civiles”.

El recuerdo más fuerte de la guerra que guarda Rosemarie es del día que sale a las calles de Stanley, tras cesar el fuego, y ve decenas de cadáveres de militares argentinos. “Sus compañeros los dejaron abandonados y salieron corriendo”, comenta.

En una tumba del cementerio argentino en East Falkland, se lee como identificación: “Soldado argentino solo conocido por Dios”.

Eduardo Maltez explica que los veteranos de guerra argentinos están solicitando a la Cruz Roja Internacional que constate el ADN de los restos de excombatientes sepultados en las Falkland, para ponerle nombres y apellidos a las tumbas.

Omar Acosta, otro recluta argentino, entró a las Malvinas o Falkland en mayo de 1982 a bordo del buque hospital “Almirante Irizar”. Llegaba con la certeza de que su país triunfaba, pero halló otra realidad.

“Cuando venimos de la Argentina para acá, traíamos el discurso de que veníamos ganando; y cuando nos encontramos con los primeros argentinos, nos dicen: ‘La mano está difícil’. Y el herido te contaba, el herido estaba en una situación difícil y te contaba, venía a desahogarse”, recuerda Acosta.

“Vos, con 18 años, no podías entender esa situación, después la vas entendiendo”, reflexiona Acosta. “A vos te decían: ‘Vamos a dar la vida’, y el fanatismo y el nacionalismo te llevan... Nosotros lo que valoramos es que muchos argentinos murieron… Y tenemos más muertos por suicidio después de Malvinas, que en la propia guerra”.

Diálogo y referendo

Argentina ha continuado reclamando la soberanía sobre las islas Falkland, a las que solo llama Malvinas, y exige un diálogo con el Reino Unido, basándose en la Resolución 1514 de Naciones Unidas, del año 1965, que invita a las partes a negociar.

Las autoridades de las Falkland han propuesto a la Presidenta argentina, Cristina Fernández Kirchner, que negocie con los habitantes del archipiélago, sin obtener hasta hoy ninguna respuesta positiva, lo que lamentó Gavin Short, vocero de la Asamblea Legislativa local, en un comunicado en julio pasado: “Estamos profundamente decepcionados de que la Presidenta de Argentina se negase a aceptar una invitación del Gobierno de las Falkland para sentarse a dialogar sobre las islas”.

El Gobernador de Falkland Islands, Nigel Haywood, afirma que las islas siguen abiertas a un diálogo con Argentina.

Explica que este territorio británico de ultramar se autogobierna. “Tiene su Constitución y esta estipula que las islas pueden manejar sus propios recursos”, dice Haywood y aclara que “el Reino Unido no da subsidio ni dinero a Falkland Islands, porque son autosuficientes”. La única excepción es el gasto militar, que cubren desde Londres.

Los ciudadanos de las Falkland pagan sus impuestos aquí. “Ni las islas reciben dinero del Reino Unido, ni el Reino Unido recibe de las islas”, enfatiza el gobernador.

Haywood, nombrado por el Reino Unido, explica que su trabajo es ayudar a crear un vínculo entre Londres y las islas, y ver cómo se les ayuda en su desarrollo. “No es una relación de colonia, hay una cooperación”, indica. “Soy una especie de asesor del Gobierno de las islas y me siento en algunos Consejos locales. Eso está claro en la Constitución”.

En marzo del 2013, los tres mil habitantes de las Falkland tendrán un referendo para manifestar cuál es el destino que desean para su territorio. “Los isleños van a decidir qué quieren hacer con las islas y cuál será su relación con el Reino Unido”, asegura el gobernador.

Una declaración oficial del Gobierno de Argentina expresa que “la celebración de un referendo en las islas Malvinas en nada altera la esencia de la Cuestión Malvinas (reclamo), y su eventual resultado no pone fin a la disputa de soberanía ni a los incuestionables derechos argentinos”.

El único periódico en las islas, Penguin News, informa con frecuencia sobre problemas de barcos de pesca operando en este territorio, debido a presiones de Argentina. “Buques de guerra argentinos acosan a pesqueros en las Falkland”, se leía en la portada de ese diario el cuatro de septiembre último.

Lisa Watson, Directora del Penguin News, cree que el referendo “es bueno, porque va a dejar clara la posición de la gente en las islas sobre su autodeterminación. “No sé cuál va a ser la consecuencia a largo plazo, pero es bueno”, comentó. “Espero que vengan delegaciones de Argentina a ver ese ejemplo”.

Lisa pertenece a la sexta generación de una familia local y en 1982, cuando las islas fueron invadidas por Argentina, ella tenía 13 años. “Fue un momento difícil, recuerdo la preocupación de mis padres; luego, mi papá ayudó a guiar tropas británicas de una granja a otra”, rememora.

A partir de ese año trágico, las islas Falkland entraron en una etapa de crecimiento económico y recibieron más apoyo del Reino Unido. “Antes todo era bastante lento, no había inserción de las islas en el mundo”, comenta el ciudadano Gus Reid. “Después de la guerra, las islas comenzaron a moverse al ritmo del resto del mundo”.

Reid descarta la posibilidad de que un sector de los isleños pida en el referendo un acercamiento con Buenos Aires. “No hay razón para alinearse con Argentina. Que nos escuchen: nosotros queremos ser británicos”, afirma.

En la base británica de Mount Pleasant hay más de dos mil militares de la Fuerza Aérea y la Naval. “Las tropas aquí tienen un arsenal capaz de defender el deseo de los habitantes de las islas”, dice el teniente coronel Simon Browning, el segundo jefe. “Estamos únicamente para cumplir una tarea de defensa”.

Rosemarie King duda de que el referendo vaya a cambiar la posición de algunos gobiernos extranjeros sobre la situación de las Falkland o Malvinas. Sin embargo, sostiene que “aquí adentro va a reforzar la soberanía y va a crear más confianza entre la población de las islas”.