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“¡Ay mamá! ¡Usted qué molesta, me vive regañando, porque es anticuada y está amargada de tanto trabajar!”, era la contestación que le daba Marlín Antonia Soza a su madre, Delia Josefa Soza, de 62 años, cuando le decía que la persona que regala licor o drogas “no es amiga de nadie”.

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Tras 30 años de consumir licor, Marlín Antonia, falleció el pasado viernes, 2 de noviembre, en el parque de Altamira, a los 43 años, pero el licor no fue el que la mató, sino aparentemente un mal amor.

“Yo estaba preparada para recibir una noticia como esa, no porque la quisiera, sino por la vida tan descontrolada que llevaba mi hija. Esperaba un fallecimiento por alguna complicación relacionada al consumo de drogas o alcohol, y no porque alguien le quitara la vida. Lo que le hicieron fue inhumano”, apuntó doña Delia Josefa.

Recordó que cuando su hija tenía 12 años, vivían en Villa Venezuela, y ya comenzaba a dar muestras de su carácter rebelde: no asistía a clases para escaparse con sus amigos, quienes la indujeron al vicio.

“Yo era madre soltera, lo que me obligaba a trabajar todo el día para mantener a mis hijos, su papá nunca la reconoció y nunca tuve su apoyo.

Supe que mi hija se drogaba un día que pedí permiso en el trabajo, llegué temprano a la casa, y la sorprendí oliendo un vaso de pega en su cuarto, a la edad de 12 años”, manifestó, al rememorar el drama que vivió desde ese momento, porque su hija, además, robaba dinero y objetos en su vivienda.

Huyó del hogar

La señora le explicó su problema a la psicóloga de un Centro de de Desarrollo Infantil, quien le aconsejó mandar a Marlín Antonia a un internado de monjas, donde estaría apartada de los vicios.

“Me pareció una buena idea, y fui a buscarla a la casa, pero cuando llegué ya no la encontré. Quién sabe quién le contó del plan y se fugó”, recordó doña Delia Josefa.

A los pocos días se enteró de que su hija, Marlín Antonia, se había ido a vivir a la casa de un pariente en el barrio San Judas, adonde la fue a buscar en compañía de una trabajadora social, pero no la encontró, y pese a que la buscó varias veces, no supo de ella durante mucho tiempo.

La dama volvió a saber de su hija hasta que esta salió embarazada por primera vez, a los 16 años, y le llegó a pedir apoyo. La madre la recibió con los brazos abiertos, pero nueve meses después la joven se fue de la casa de su madre, dejándole al recién nacido.

Regaló al bebé

Meses después, Marlín Antonia regresó, y en un descuido tomó al bebé y se lo llevó para regalarlo a una trabajadora sexual en el Mercado Oriental.

“Cuando regresé del trabajo, mis otros hijos me contaron que Marlín se había llevado al bebé, por lo que al día siguiente fui a buscarlo por todos lados, pero fue hasta el tercer día que pude dar con la persona que tenía al pequeño. Era una mujer que trabajaba en un bar llamado “El Palo de Gato”, recordó con tristeza doña Delia.

Las mujeres que estaban en dicho lugar le comentaron que su hija estaba presa, y del niño no se sabía nada, pero cuando doña Delia se disponía a retirarse, una de las meretrices le gritó: “¡Señora, señora, yo tengo al niño! ¡Se lo doy si me reconoce todo lo que he pagado para mantenerlo!”. Y así lo hizo.

Después del traumático incidente volvió a perder contacto con su hija por dos años, hasta que un día recibió una llamada del Hospital “Fernando Vélez Paiz”, de donde le informaron que su retoño de 18 años había dado a luz a una niña, pero necesitaban que un adulto responsable se hiciera cargo de ella, petición a la cual la abuela accedió.

“Luego Marlín Antonia se perdió por muchísimo tiempo, pero reapareció cuando sus hijos ya estaban grandes --el mayor tenía 15 años--.

Permaneció seis meses conviviendo con nosotros. Un vecino que es cristiano la llevó a la iglesia y la aconsejaba a diario para que saliera de los vicios, y por un tiempo se portó bien”, recordó con alegría doña Delia.

Recae en el vicio

En ese tiempo un vecino le dio la idea a su hija de ir vender café y pan en los portones de los centros de salud y hospitales para ganar dinero. Durante una semana Marlín Antonia trabajó duro, pero luego comenzó a llegar tarde a su casa, además, andaba con los ojos rojos y parecía que estaba en otro mundo. Para que nadie la mirara se iba a dormir con su hijo de 15 años.

“Mi hijo me dijo que la vigilara, porque estaba seguro de que le estaba trayendo drogas a su hijo, por lo que revisamos la casa, y en las matas del patio encontramos bolsitas de marihuana y piedritas de crack”, recordó con tristeza.

“Inmediatamente la regañé por estar cometiendo el pecado de inducir a su hijo al mal camino, eso la hizo enojar y se fue de la casa otra vez. Cuando el chavalo vio que su madre no regresaba, tomó su ropa, me robó unos “rialitos” y se fue detrás de ella”, rememoró Delia Josefa.

Tres meses después, otra hija de doña Delia llegó muy triste a la casa diciendo que había visto a su sobrino (el hijo de Marlín) en el antiguo parque “Luis Alfonso Velásquez”, inhalando pega con un grupo de vagos.

“Al día siguiente fui a buscarlo, pero ya no estaba ahí. Su mamá estaba dormida en una banca; la desperté y le recriminé que no le había bastado perderse en el vicio, sino que también envició a su hijo”, recordó con mucho dolor doña Delia.

Hundió a su hijo

Según la madre, ella hizo todo lo posible para rescatar a su nieto, pero siempre se negaba. “El muchacho se hundió totalmente en las drogas, en el alcohol y en la delincuencia. La madre lo corrompió y ahora está preso en la Cárcel “Modelo”, condenado a cinco años de prisión por el delito de robo con violencia.

Hace cuatro meses, Marlín Antonia volvió a casa en compañía de un hombre moreno, recio, de avanzada edad, y lo presentó como su pareja.

“Ahora veo la importancia de informarme bien de las personas, porque ese hombre fue quien supuestamente mató a mi hija”, apuntó.

Días después de la presentación, Marlín Antonia regresó a la casa de su madre, en Villa Venezuela, pero llegó golpeada. “La recibí y le pregunté si a eso le llamaba amor, pero no entendió mis consejos, porque solo estuvo tres días, y cuando se sintió mejor se fue”.

Antes de eso, Marlín Antonia le había contado a su mamá que estaba asistiendo a un centro de rehabilitación conocido como “El Águila”, el cual está ubicado por donde fue el Cine Blanco, en Managua.

Doce pasos contra el alcoholismo

“La responsable dijo que mi hija llevó a su pareja al centro, pero un día se fueron, porque el hombre comenzó a hacer alboroto para que lo dejaran salir, así que se les abrieron las puestas y nunca más los volvieron a ver”, contó la sufrida madre.

El 2 de noviembre se supo por medio de un noticiero televisivo local, que Marlín Antonia estaba muerta en el parque de Altamira.

“Inmediatamente la reconocí y me solté en llanto… ¡Pobre mi hija! ¡Qué horrible fin tuvo!”, exclamó llorando la señora.

“Me siento mal, porque pasaron 30 años y nunca tuve las palabras correctas para convencer a mi hija de que dejara los vicios. Eso será algo que llevaré en mi corazón toda la vida y nunca me lo perdonaré”, finalizó diciendo doña Delia.

Por su parte, Niki Tamara Abea Jarquín, encargada del centro de rehabilitación “El Águila”, dijo que en el centro básicamente ayudan a las personas a solucionar sus problemas de adicción mediante los 12 pasos de los Alcohólicos Anónimos y cultos cristianos.

“Marlín (Antonia) nunca dio problemas, organizaba a las mujeres y estaba decidida a cambiar, lástima que se fue del centro y encontró la muerte”, acotó Abea.