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Roberto Fuentes Cardenal se hizo arquitecto en una época dura, cuando el miedo imperaba y nadie quería construir edificaciones fuertes temiendo que hubiese una sacudida como la ocurrida hacía pocos meses en Managua.

Fuentes Cardenal, un hombre que gusta de conversar con sus amigos, de 61 años, tiene 39 años diseñando construcciones. Poco después del terremoto en la capital, en diciembre de 1972, egresó de la Universidad de Austin, Texas, y regresó a Nicaragua. Entonces el sector de la construcción pasaba por una fase rebosante.

“En esa época había un boom de la construcción, tremendo. La oficina de Urbanismo era el Viceministerio más importante del país, había inspectores en todos lados. Las oficinas estaban muy bien montadas y todo tipo de profesionales se dedicaban a tramitar los permisos de construcción”, recuerda Fuentes Cardenal.

Sin embargo, menciona que entre tanto auge existía un temor natural en las personas interesadas en construir: “Los permisos eran temporales. Nadie quería construir edificios firmes, fuertes y definitivos, sino provisionales, hechos con mucha madera, metal, querían edificios livianos”.

Al finalizar esa década se empezaron a levantar construcciones de importancia, pero llegó la Revolución Sandinista y él se fue al exilio.

Vivió 10 años fuera de Nicaragua, trabajó en su rama y también en el área del comercio y las finanzas. En algún momento se cuestionó si había escogido la carrera correcta.

“Cuando me fui a Miami, en el 82, 83, hubo una crisis fuertísima, trabajé en comercio, en una empresa que hacía negocios con otros empresarios de Europa. En ese momento pensé que había escogido la carrera equivocada, porque estaba afectada la carrera, como ocurre hoy. Las grandes firmas han despedido a más de la mitad de su personal, hay arquitectos vendiendo carros”.

Aquí entra una reflexión sobre el ejercicio de su profesión en Nicaragua. “Hay demasiados arquitectos y nos hace falta gente capacitada en áreas técnicas, mejores albañiles, carpinteros y electricistas”.

“Esta es una profesión bien dura porque es la primera en desactivarse cuando hay crisis políticas o económicas, y es la última en reactivarse. Solo el terremoto fue un fenómeno donde inmediatamente después de la tragedia, la profesión se activó”.

A su criterio, Managua ha crecido a la carrera. “Si aquí hay un terremoto, se cae Managua porque está muy mal hecha.

La Alcaldía no tiene los recursos para capacitar, entonces la gente construye sin permiso, sin arquitecto, sin ingeniero estructural y sin supervisión en la obra.

La mayor parte de Managua está hecha a la brava. De repente hay una casa de un piso, luego de tres meses le pusieron otro piso. Urbanismo no deja de ser un factor de retraso. Le ha faltado visión, puede ser más rentable de lo que es”, reflexiona sentado en su oficina, un lugar donde se cuela la luz, pintado de verde menta y blanco, en cuyas paredes ha colgado un cuadro de su madre y billetes históricos, que circulaban a finales de los 80 y principio de los 90, de medio peso y de un peso.

Entre las cartas de presentación de Fuentes Cardenal está la coordinación del diseño y la construcción de los edificios donde ahora funcionan Telcor, la Cancillería de la República, la Casa Presidencial y la remodelación del Aeropuerto Internacional Augusto C. Sandino.

Durante la administración del expresidente Arnoldo Alemán (1996-2001) fue nombrado Asesor Presidencial de Proyectos de Construcción, cargo en el que coordinó la contratación de arquitectos y constructores para la ejecución de importantes planes. En ese cargo también vio de cerca la construcción de los hospitales de Diriamba y Ticuantepe.

“La coordinación arranca desde el momento que se concibe el proyecto. Yo me entrevistaba con los funcionarios al mando de la entidad”.

“De los proyectos que hicimos en el Gobierno, el que me dio más satisfacción fue el aeropuerto, porque fue el edificio más complejo en todo sentido. Había aspectos de circulación, de seguridad, el edificio no se podía cerrar porque había que mantener la operación mientras se construía.

Había un montón de elementos que lo hacían único, y realmente en este momento es el mejor aeropuerto de Centroamérica. Es el que mejor funciona”.

Tras dejar el Gobierno se dedicó a su oficina, Roberto Fuentes Cardenal Arquitectos Consultores S. A. En la actualidad diseña un edificio de aproximadamente 8,500 metros y seis pisos, ubicado en la pista Jean Paul Genie, cuyo primer nivel es para comercios y los otros cinco para oficinas.

Según Fuentes Cardenal, desde que ejerce este oficio no había visto tantas solicitudes de servicios de arquitectura como este año.

“Hay estabilidad, nadie invierte cuando no hay estabilidad. Durante el primer periodo de Daniel Ortega había mucho menos servicios de arquitectura, pero al final de ese primer periodo el capital perdió el temor. Yo siento como que se perdió el miedo. Ahora hay menos residencias caras y hay más edificios rentables, de oficinas, de apartamentos, de centros comerciales”.

Aunque dice que le encanta platicar con sus amistades y recibirlos en su casa, a simple vista este arquitecto no es el mejor anfitrión. Saluda y enseguida pide permiso para irse a lavar las manos. Ofrece agua, y luego pide al mismo visitante que la solicite a los de la oficina contigua.

De pequeño le gustaba dibujar y desde que tiene memoria, recuerda que quiso ser arquitecto.

“Siempre me gustó dibujar y pintar. En el Pedagógico había una clase que se llamaba Iniciación artística, nos daban dibujo, generalmente yo me ganaba ese premio al año. Yo vengo de familia de arquitectos, mis primos y mis tíos por el lado de mi mamá son arquitectos, contrario a mi papá, que era dentista. La verdad nunca consideré estudiar otra cosa”.

Fuentes Cardenal es un cinéfilo empedernido. Cada semana acude al cine. Eso “lo desconecta” del mundo. “No me gusta la ciencia ficción, sino las películas de espionaje, las de guerra. Voy al cine porque no me gusta ver películas en mi casa, no tengo el poder de concentración para no cambiar los canales”.