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Primera entrega

En una casa de cuatro paredes, hecha con viejas láminas de zinc, recibe clases Katherine Oporta. Es su “escuela”. La llaman 15 de Septiembre y está ubicada a 33 kilómetros de la ciudad de Tipitapa.

Katherine, de 9 años, estudia primer grado y se despierta todos los días a las cinco de la mañana para poder llegar puntual a clases. Pese a que estudia en condiciones deplorables, sus padres prefieren que asista a la Escuela 15 de Septiembre, ya que otro centro educativo le queda a dos horas de camino, y eso implica riesgos.

La Escuela 15 de Septiembre, ubicada en un caserío del mismo nombre, consta de dos estructuras separadas. Una de ellas no tiene paredes y es, de hecho, una iglesia evangélica por las noches. La otra es una casa construida con láminas de zinc, que descartaron otras escuelas de la zona. Cuando llueve, las aulas se llenan de lodo y resulta casi imposible caminar.

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Sin embargo, fueron los mismos padres de familia quienes solicitaron a las autoridades de Educación abrir la escuela, porque temían que sus hijos viajaran sobre la carretera, donde se encuentran ubicados los colegios más cercanos. El Ministerio de Educación, Mined, los autorizó y paga los salarios de las dos maestras de primaria y una docente de preescolar.

Ericka Luna imparte clases en esta escuela multigrado, a 27 niños, desde el año pasado. Ella viaja desde San Benito todos los días para atender a los estudiantes de primero y segundo grado. Una vieja pizarra donada por otra escuela primaria, cuatro libros y seis fascículos, son todo el material didáctico con que cuenta.

El Mined les donó 11 sillas, el resto de niños tienen que llevarlas de sus casas, para poder recibir clases.

“Estoy capacitada para atender a los niños, tengo la metodología apropiada, lo que es difícil son las condiciones en que los niños aprenden”, comenta Luna.

Dice que les han dicho varias veces que hay planes de mejorar y construir la escuela, pero mientras esa promesa se cumple, tiene que “jugársela” con lo que tiene.

“Desde el principio supe las condiciones en las que trabajaría, en otras escuelas están peor, pero tenemos que hacerlo porque es más el deseo de aprender”, insiste.

En la escuela están inscritos un total de 85 estudiantes, incluyendo preescolar. Pese a las condiciones difíciles, hay deseos de aprender. Prueba de ello es que solo tres niños desertaron en el año escolar 2012 que está por concluir.

La pequeña Katherine garabatea letras en su cuaderno. Lo sostiene con las manos, porque la silla plástica que lleva desde su casa no tiene paleta. Comenta que le gustaría estudiar en una escuela “como las de la televisión”.

“Nos tenemos que ir cuando llueve, a veces nos da el sol y nos quema. Es feo recibir clases así, pero ya me acostumbré”, dice.

Se enlodan los zapatos y los uniformes cuando llueve, algunos se enferman por las mismas condiciones.

La profesora Luna comenta que las autoridades del Mined saben las condiciones en que están. El director del centro educativo atiende varias escuelas a la vez y casi siempre “se desaparece” porque muy pocas veces hace visitas.

El Mined le paga a ella 2,700 córdobas mensuales. La única relación que tiene con las autoridades es ir a retirar su pago y entregar su lista de asistencia cada viernes. No le preguntan sobre materiales ni necesidades de la escuela.

Tiene que lidiar con todos los niños que se sofocan fácilmente por el calor que implica recibir clases en un aula hecha de zinc viejo.

Lucrecia Ramírez trae todos los días a su hijo al preescolar. Antes llevaba a sus otros hijos pequeños a las iglesias, donde recibían clases. Cuando se organizaron, los maestros voluntarios empezaron dando clases bajo un viejo árbol.

“La misma necesidad nos llevó a tener nuestra propia escuela, porque preferimos esta incomodidad, pero sabemos que nuestros niños están seguros”, comenta.

El Presupuesto General de la República para 2013 estima una meta de 3,148 aulas que serán rehabilitadas, reparadas o construidas, cifra menor a lo proyectado en 2012, que correspondió a 4,190 aulas.

Según Adelmo Sandino, del Instituto de Estudios Estratégicos y Políticas Públicas, Ieepp, esta inversión pública es insuficiente para el déficit de infraestructura que presentan las escuelas en el país.

“Están haciendo esfuerzos, pero la brecha de lo que se necesita no ha disminuido sustancialmente. Estaba todo tan deteriorado que se ha invertido mucho en reconstruir escuelas, y la necesidad es mayor”, sugiere.

Para enfrentar las necesidades de infraestructura, el Mined cuenta con un presupuesto de C$422.2 millones de córdobas para gastos de inversión pública. Un 35% depende de donaciones externas.

El gasto para este año correspondió a 205 millones de córdobas. De acuerdo con datos del Sistema Nacional de Inversión Pública, hasta septiembre, se había ejecutado apenas el 27.6% de ese presupuesto.

“Ese es uno de los grandes problemas y desafíos que tiene el Ministerio de Educación. Se debe mejorar, porque hay una subejecución enorme”, comenta.

En ese sentido, Sandino valoró que por esa misma razón el Mined no fue beneficiado con más recursos en la reforma presupuestaria.

En una entrevista concedida a un medio televisivo oficial, el Viceministro de Educación, Marlon Siú, dijo que este año a través del modelo de “responsabilidad social compartida”, unos 1,505 jóvenes en Brigadas de Constructores Solidarios se desplazaron por todo el país para realizar reparaciones y rehabilitaciones en 1,200 centros escolares.

“Estamos hablando que se tocó casi el 15% de los centros a nivel nacional. Es algo histórico que en un año se haya hecho eso; lo hicimos coordinando y juntando esfuerzos con todas las alcaldías que el año pasado dispusieron el 10% de sus transferencias para invertir en esto”, explicó.

Siú agregó que las demandas de aulas están ubicadas especialmente en las zonas rurales, donde la población ha ido creciendo, porque se traslada de una zona hacia otra.

“La hemos estado tratando de atender de alguna forma; en algunos casos improvisamos ciertas instalaciones de las escuelas, mientras hacemos la construcción definitiva. Pero siempre existe en infraestructura, una necesidad de ir avanzando”, manifestó.

Asimismo, indicó que dentro del Plan de Dignificación de Ambientes Escolares, en los próximos años esperan cubrir “totalmente el problema de déficit de aulas”.

Desde hace seis años viene funcionando la escuela en la comunidad 15 de Septiembre. Sus habitantes aseguran que viven en el abandono. No tienen parque ni puesto de salud cercano. El agua que ingieren es escasa y la extraen de un viejo pozo.

“De hecho, muchos de nuestros hijos se enferman constantemente. Aquí vivimos porque nos regalaron 280 solares, somos alrededor de dos mil personas”, dice Escarleth Obando, una de las madres de la comunidad.

La líder comunitaria Blanca Gutiérrez tiene tres años de haberse trasladado a este barrio. Menciona que han hecho “decenas” de solicitudes a las autoridades educativas para que mejoren las condiciones en que reciben clases sus hijos, pero les aseguran que no hay recursos suficientes.

“Nos dicen que no tienen dinero. Lo que queremos es que nuestros hijos estudien y sabemos que hay niños en peores condiciones. Es una gran labor la de los maestros que trabajan por amor así”, dice mientras señala el caserón de zinc.

Aunque prestan todavía la iglesia evangélica para dar clases, tienen un terreno que les donó la Alcaldía, porque estaban con problemas de titulación para gestionar por su cuenta la construcción de la escuela.

El Mined contabilizaba 4,580 escuelas públicas con problemas de titulación el año pasado.

Jedry González cursa sexto grado en esta misma escuela, en el aula ubicada en la iglesia evangélica. Recuerda que ha llegado mojado a su casa, incluso ha perdido cuadernos completos por la lluvia.

Tiene doce años, estudia sexto grado y espera viajar el próximo año hasta San Benito para iniciar la secundaria.

Xóchitl Vanegas tiene la misma edad de Jedry y también viajará en bus para estudiar la secundaria. “Lo más difícil aquí es cuando cada quien quiere su propio libro”.

Pero como dice la maestra, se ven “obligados” a practicar la solidaridad y aprenden a trabajar en grupo.

Un reto en América Latina

Los países de América Latina han avanzado en cobertura de la educación, especialmente en primaria, pero siguen cojeando en la calidad de la enseñanza, muy marcada por la desigualdad social, según un informe divulgado por la Unesco.

El director regional de la Unesco, Jorge Sequeira, declaró recientemente que en América Latina y el Caribe hay aún 2.7 millones de niños excluidos de la enseñanza primaria y 1.7 millones de adolescentes sin escolaridad secundaria.

Es más, unos 8 millones de jóvenes de entre 15 y 24 años, es decir, uno de cada doce, ni siquiera han llegado a terminar sus estudios primarios.

En 2010 el Foro de Educación y Desarrollo Humano, que lideró en Nicaragua la campaña por destinar a la educación el siete por ciento del Producto Interno Bruto, PIB, calculó que había un déficit de 10,000 maestros y 10,000 aulas.

M&R: Educación bien evaluada

De acuerdo con los resultados del último Sistema de Monitoreo de la Opinión Pública (Sismo), realizado en septiembre de este año por la firma M&R Consultores, el 74.2% de los entrevistados dijo estar satisfecho con el servicio que prestan las instituciones educativas públicas del país.

Solamente el 11.3% dijo estar insatisfecho con el sistema educativo, un 8.1% dijo no utilizar los servicios de educación pública, y para el 6.4% le es indiferente.

El director de M&R Consultores, Raúl Obregón, atribuyó la tendencia de mejora desde que el Gobierno decidió eliminar el pago de los aranceles en la educación primaria y secundaria.

“Es una tendencia que ha venido mejorando, además que la población ha visto la mejora de infraestructura en varios colegios. Esto no tiene que ver con la calidad de la educación”, mencionó.