•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Imponente y variada es la tierra mexicana, donde la aparente tranquilidad y prosperidad económica se conjuga con “la otra realidad”, la de la violencia, la migración, la discriminación, el crimen organizado y la continua queja de la población en el sentido de que algunas instituciones están minadas por la delincuencia.

Para quienes participaron en la octava Caravana de Madres de Migrantes Desaparecidos, que inició el 15 de octubre y finalizó el tres de noviembre, la migración y el cruce por México ahora ya no representa más una esperanza para mejor vida, sino un riesgo latente de muerte.

En el lomo de "La Bestia"

La Caravana, cuyo grupo nicaragüense fue coordinado por el Servicio Jesuita para Migrantes, con apoyo de MS Action Aid Dinamarca, hizo el viaje por catorce Estados de México. Su mayor logro fue el reencuentro de cinco hijos con sus madres.

El común denominador de la triste travesía por México es el paso del tren, también llamado “La Bestia”, una vetusta mole de acero que no perdona a nadie y fácilmente arrolla a quien osa montarla. Su paso ha dejado un número indeterminado de personas mutiladas principalmente de sus piernas, o fallecidos, muchos cortados por la mitad.

Sin embargo “La Bestia” es popular, son centenares los que se suben en su lomo por ser la forma más rápida de atravesar México, pero también la más peligrosa. Incluso el hecho de dormirse puede costarle la vida al inesperado polizón, pero eso no es todo, delincuentes y violadores viajan en ella, y si no son víctima de ellos, lo serán de los “garroteros”, los encargados de la vigilancia del tren.

Si no pagan un importe de al menos 100 pesos mexicanos, usan sus garrotes y los lanzan del tren. Al final no les importa, porque nadie será testigo, nadie los denunciará ni hay nadie que reclame por el cadáver tendido a la orilla de los rieles.

La Kansas City Southern de México, KCSM, es la que opera un sistema de ferrocarril de 4,251 kilómetros de vía principal, siendo el más importante corredor comercial ferroviario mexicano. Conecta los principales centros industriales con los puertos y con conexiones fronterizas a la red de ferrocarriles estadounidense, dando servicio al noreste y centro de México con conexión en dos puntos fronterizos con el Union Pacific, en Matamoros y Nuevo Laredo. En este último punto la afluencia de migrantes es más fuerte.

El crimen organizado

Así, uno de los primeros puntos visitados por la Caravana de Madres fue el Albergue “La 72”, en Tenosique, Tabasco, nombre que le fue dado por la masacre de 72 personas que en 2010 fueron víctimas supuestamente del grupo criminal “Los Zetas”. Según la Procuraduría General de la República mexicana, estos son delincuentes sanguinarios, mercenarios, exmilitares desertores salidos de las mismas tropas élite del Ejército mexicano, y exkaibiles del Ejército de Guatemala. Eran el brazo armado del Cártel Golfo, pero se independizaron y luego se especializaron en el rapto, la extorsión, trata de personas, servidumbre de la explotación humana y la esclavitud sexual. Ellos dominan la ruta migratoria.

La Comisión Nacional de los Derechos Humanos de México, en su “Informe Especial sobre los Casos de Secuestro en contra de Migrantes”, estima que solo el negocio de la extorsión genera al crimen organizado aproximadamente 50 millones de dólares al año.

Si el migrante cae en sus manos y no tiene quién pague la extorsión, la opción es trabajar para ellos, si se niegan serán torturados hasta morir.

Cuerpos ahorcados colgando bajo los puentes, las 72 ejecuciones mencionadas antes y el hallazgo de los 49 torsos humanos --sin cabeza, brazos ni piernas-- encontrados sobre la carretera a Reynosa, en Cadereyta, del Estado Nuevo León, son ejemplos de lo que puede suceder.

Si “colabora”, la persona se transforma en sicario, informante o reclutador de los que van a los parques y albergues para captar migrantes y llevarlos a los “coyo-

tes”. Algunos, los que logran alguna confianza, son regresados a sus países para reclutar gente y llevarla a México. Si pretenden engañarlos hay que recordar que tienen todos los datos y los de la familia del infortunado.

Otra tarea que encomiendan “Los Zetas” es traficar droga para ellos, o ser un engañoso “coyote”. Este conduce a los migrantes hacia sus “amos” para hacerlos víctimas de extorsión por montos que van entre los 700 a los 3,000 dólares para perdonarles la vida. Según estimaciones, en los albergues de migrantes, entre el 80 y el 95% de los inmigrantes sin documentos emplean “coyotes” para que les ayuden a cruzar la frontera sur de Estados Unidos.

En albergues como la Posada del Migrante “Belén” de Saltillo, en Cuahuila, se observa a los “coyotes”, luego que han arreglado un “viaje” hacia el Norte. Una mujer, supuesta migrante alojada en el albergue, era sospechosa de ser reclutadora.

La vida humana reducida al comercio

Según la necesidad de “Los Zetas”, también se puede ser parte de su ejército, como cocineros o para servidumbre sexual. Estas últimas, si tienen atributos físicos o experiencia laboral, son puestas “a la venta” al mejor cliente nacional o extranjero.

Aunque las autoridades dicen no tener un conocimiento exacto de la situación, las organizaciones de derechos humanos y de migrantes en México señalan a Tlaxcala como centro de la trata de personas, tanto para “consumo” interno como a nivel internacional.

Si la víctima es mujer joven, será vendida a los prostíbulos, igual si es varón adolescente o joven. Si se observa que la víctima tiene fortaleza, la mandan a los campos agrícolas. Hay incluso rapto de mexicanos profesionales utilizados para la construcción, en contabilidad y otras faenas que les resultan útiles para todo su andamiaje organizativo y de infraestructura para edificaciones o túneles. Según víctimas que han logrado escapar, movilizan no solo a centroamericanos, sino también a mexicanos, asiáticos y hasta rusos.

En México, el delito de trata de personas se encuentra tipificado en la denominada Ley para Prevenir y Sancionar la Trata de Personas (2007), en el Código Penal y leyes especiales estatales, pero se dice que la cantidad de casos reportados no reflejan la cantidad real no denunciada.

Muchos se preguntan: ¿por qué ocurre tal situación sin que las autoridades tomen cartas en el asunto? La respuesta es sencilla: los migrantes vienen de estratos pobres de la población, no tienen quién denuncie su desaparición y, aunque alguien lo hiciera, los niveles de impunidad son enormes, en parte por la corrupción de algunos servidores públicos. La mayoría de las víctimas son extranjeras y viajan sin documentación, así que “no existen” en territorio mexicano.

A pesar de la prevalencia de estos delitos, las víctimas sobrevivientes no presentan quejas. Muchos desconocen que las leyes mexicanas pueden conceder visas temporales a los inmigrantes sin documentos mientras se completa la investigación, pero la mayoría no informa del crimen, para no interrumpir su viaje. Otros prefieren no denunciar, por la desconfianza en las autoridades.

No es uno, sino varios los testimonios de migrantes que acusan a oficiales locales y de migración de ser cómplices de la delincuencia. Una de las historias más horrorosas es la de un muchacho que después de escapar de “Los Zetas”, denunció, y los policías le pidieron que mostrara el lugar del cautiverio. Al llegar, los delincuentes se saludaron con los oficiales y se los entregaron. Entonces lo recapturaron, lo golpearon y como ejemplo de venganza, frente a otros cautivos tomaron un machete y le cortaron las manos.

Si bien “Los Zetas” son los criminales mejor organizados de México, otros grupos también se dedican a esto en menor medida, tales como grupos de la Mara Salvatrucha, e incluso del Cártel del Golfo, y aunque este último se dedica más a la narcoactividad, pide cuota a los coyotes y migrantes que cruzan por su territorio. Los migrantes advierten: “Si no tenés la contraseña, estás muerto”.

La descomposición social no solo está en manos del crimen organizado, también la delincuencia común aprovecha la situación. Endulzándoles el oído a las mujeres migrantes, las atraen, para luego violarlas, drogarlas y prostituirlas.

En San Luis Potosí, una joven de 19 años, quien dijo ser hondureña, mareada deambulaba por las vías del tren junto a dos hombres que parecían vigilarla. Uno aseguró que era su compañero. A pesar de que ella, entre risas falsas trataba de platicar de su origen e intentaba decirnos algo, los acompañantes lo impidieron. Migrantes acantonados en las cercanías nos informaron después, que esta muchacha era una esclava, la mantenían drogada y era ofrecida al que pagara por sexo.

Pero ella no era la única, incluso a los albergues que tratan que ayudar a los migrantes, como la Casa de la Caridad Hogar del Migrante en San Luis Potosí, hay quienes desde afuera llegan por la noche a ofrecer muchachas. El proxeneta aseguraba que todas ellas eran centroamericanas.

En busca del “sueño americano”

Por experiencia, los mismos migrantes tienen sus temores y recomiendan no confiar en nadie, pues hay cantidad de delincuentes que igualmente viajan o se infiltran para robar, violar y matar migrantes. “Dentro del albergue hay unos que aparentan ser tranquilos, pero afuera no te perdonan la vida”, advirtieron.

El Instituto Nacional de Migración, INM, de México, calcula que anualmente de forma ilegal entran al menos 400,235 migrantes y no dejarán de cruzar a pesar de todos los peligros, pues la pobreza y la falta de oportunidades siguen alimentando los sueños de las víctimas invisibles que buscan el “sueño americano”.