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La Universidad Americana, UAM, celebra hoy sus 20 años de existencia. Es un largo camino recorrido, pero el centro de estudios, uno de los mejores en Nicaragua, prefiere concentrarse en ver hacia adelante y asume su compromiso de formar a las generaciones futuras de profesionales de acuerdo a las exigencias del mundo laboral.

“Cuando antes uno decidía entablar una relación con una empresa privada, se preparaba para una larga relación; ahora vemos cambios violentos en la vinculación laboral. Tienen que prepararse para eso (los estudiantes), para un mundo laboral muy cambiante y cada vez exigente y más competitivo. Le insistimos a los estudiantes que su competencia no son los egresados de las universidades hermanas aquí en Nicaragua, sino los que se están formando en Estados Unidos, en Europa”, asegura el Dr. Ernesto Medina Sandino, rector de la UAM, en una entrevista con El Nuevo Diario.

Este químico, doctorado por la Universidad de Göttingen, de Alemania, habla de modo claro y pausado, y, quizás por ser latinoamericano, muestra una afabilidad muy cálida como para ser el rector de una universidad importante en su país.

En esta entrevista, el Dr. Medina explica la filosofía de enseñanza de la UAM, lo que él ve como elementos distintivos y la experiencia de la internacionalización.

La UAM celebra 20 años este año. ¿La visión y los objetivos son los mismos o han cambiado?

Han cambiado. Obviamente una universidad no puede quedarse estática. Conociendo a los fundadores, pienso que la UAM fue fundada para llenar un vacío a comienzos de los años noventa, cuando Nicaragua estaba todavía luchando por definir cuál iba a ser su camino por esa transición tan compleja, del modelo económico, político; no era sencillo. En esos momentos, Nicaragua necesitaba una universidad que la acompañara en esa transición.

¿Y cómo está reflejado eso en los objetivos y la misión de la universidad?

En la misión hablamos de una universidad que debe formar líderes con una visión global. Creo que la característica principal del siglo XXI es la globalización. El profesional que se forme en una universidad, y en la UAM, debe ser un profesional preparado para los retos de la globalización.

Hace diez o 15 años, un profesional sabía que iba a trabajar en una profesión, en un cargo donde le iban a pedir que cumpliera con ciertas tareas muy relacionadas con la formación que había tenido. Ahora le piden al profesional que realmente haga cosas que están más relacionadas con trabajos multidisciplinarios, en equipo, que van mucho más allá de lo que dice el título profesional. Y la UAM se está preparando para formar jóvenes con una visión global, con capacidades que les permitan integrarse a equipos de trabajo multidisciplinario, no necesariamente ligados a un territorio, como era antes.

La mayoría de estudiantes que salen de la UAM trabajan para empresas multinacionales o nacionales que incursionan en mercados internacionales, o se deciden a formar empresas con la idea de competir en esos mercados. Se necesitan competencias que no eran las usuales hace 20 años, cuando la UAM se fundó.

Cuando antes uno decidía entablar una relación con una empresa privada, se preparaba para una larga relación; ahora vemos cambios violentos en la vinculación laboral. Tienen que prepararse para eso, para un mundo laboral muy cambiante y cada vez exigente y más competitivo. Le insistimos a los estudiantes que su competencia no son los egresados de las universidades hermanas aquí en Nicaragua, sino los que se están formando en Estados Unidos, en Europa.

El concepto con el que trabaja la universidad es bastante pragmático, con un enfoque empresarial, diríamos. ¿Hay lugar para la investigación?

La investigación es parte de esas herramientas (…), parte de esas competencias que demanda el mundo de hoy que básicamente está relacionado con saber anticipar problemas, saber dar solución a los problemas y, naturalmente, la investigación es la herramienta por excelencia para eso. Y ya no digamos para seguir avanzando el conocimiento, que es la otra gran tarea de la universidad.

Pero aquí en la UAM, sin duda alguna, la primera prioridad que tenemos es formar a sus estudiantes de manera tal que sean exitosos en su vida profesional, que tengan un empleo digno, de calidad, que sean capaces de generar su propio empleo y empleo para los demás, y allí está también la investigación.

Si bien es cierto no hay laboratorios especializados para hacer investigación de punta para las necesidades del país, sí hay una metodología de enseñanza que se basa en el método científico, que se basa en la solución de problemas concretos en la vida de los estudiantes.

¿En este aspecto, qué hace la diferencia entre la UAM y otras universidades?

Creo que allí hay varias. Creo que la UAM sí tiene el compromiso con el desarrollo de competencias que son las que demanda la sociedad de hoy. Si bien es cierto en la UAM los estudiantes se preparan con los contenidos propios de la carrera que escogen, para nosotros tan importante como esos contenidos son las habilidades que el estudiante debe tener cuando salga a la vida profesional, hacemos énfasis en saber trabajar en equipo, manejar las herramientas de la información, saber discernir lo que es relevante para un problema determinado o cuál no, infundir un pensamiento crítico para poder plantear soluciones nuevas.

Trabajamos en grupos pequeños donde se procura que haya una relación más estrecha entre el profesor y el estudiante. Hay que moverse del paradigma tradicional del profesor que lo sabe todo y que transmite conocimientos al estudiante, al de un profesor que acompaña al estudiante en desarrollar su propio conocimiento de acuerdo a su propia realidad, capacidades. La UAM está comprometida con ese cambio del rol del profesor.

La enseñanza de los idiomas es otro tema en el que la UAM insiste, nosotros sí queremos que nuestro estudiante tenga una visión global; tiene que entender a gente de otras culturas, y por la misma realidad de Nicaragua hemos optado por el inglés.

Otro elemento que hace a la UAM diferente es la mentalidad de innovación y emprendedurismo que impregnamos a nuestros estudiantes.

La UAM es una institución privada, no es pública, lo que hace que deba ser rentable. ¿Cómo compensan la rentabilidad y la calidad de la educación?

Aquí nosotros trabajamos con el principio de que la calidad y el éxito económico de la institución son la misma cara de una moneda. No puede haber educación de calidad si la universidad no cumple con sus metas económicas.

Nosotros estamos convencidos de que si no se invierte en calidad, la UAM deja de ser un proyecto exitoso como ha sido hasta ahora.

La educación de los bachilleres tiene un nivel bajo. El 90% de los que aplican a la universidad no pasan los exámenes de Matemáticas. ¿Cómo afecta eso al reclutamiento de la UAM?

Aquí también les hacemos una prueba, no de admisión, pero de diagnóstico, en Matemáticas y en Comunicación y Lenguaje, para ver el nivel que traen, porque sí nos interesa que puedan enfrentar los rigores de los estudios universitarios. Según los resultados de ese examen, si no son buenos, les ofrecemos un curso tanto de Español como de Matemáticas, para que llenen los vacíos que traen de la secundaria, y hay un programa de seguimiento para los que tienen más dificultades, para tratar de ayudarles.

La universidad ha entrado a la internacionalización. ¿Qué beneficios se han obtenido, cómo evalúa lo actuado en este sentido?

La decisión que se tomó, que lo que era antes una Facultad convertirlo en una especie de College dentro de la misma universidad, donde ofrecer estudios completos en inglés y darle la oportunidad a estudiantes que quisieran (estudiar así) en el país… La idea de haber creado ese College fue que sirviera de referencia a las Facultades tradicionales desarrolladas, siguiendo el modelo latinoamericano tradicional, que tenga una referencia cercana acerca de los cambios que deben darse en la UAM y en la educación superior.

Entonces el College tiene dos funciones principales. Una, ofrecer a los estudiantes la posibilidad de hacer estudios con el modelo norteamericano, anglosajón, aquí en Nicaragua, sin necesidad de ir a Estados Unidos, Canadá o Europa. Y el otro es de que, para la evolución de la universidad, tener una referencia hecha en las condiciones de Nicaragua que nos ayude a que el modelo de educación vaya transformándose a un modelo más flexible, más abierto, más moderno que aquel modelo rígido tradicional de las universidades de América Latina, que se ha convertido ahora en un gran obstáculo para el desarrollo mismo de nuestros países.

Tengo entendido que buscan estudiantes estadounidenses para que vengan aquí. ¿Cuántos estudiantes extranjeros hay?

Tenemos en promedio de ocho a doce estudiantes extranjeros que vienen como parte de un programa de intercambio, del cual la UAM es miembro, y que vienen por un semestre; y como contrapartida, un estudiante nuestro viaja a Estados Unidos o Europa a cursar un semestre. Ha crecido el interés por venir a la UAM. Nuestros estudiantes tienen problemas…

¿Por el inglés?

No. Por el costo. Tienen que pagar su boleto, aunque la base del acuerdo es que el estudiante que viene aquí paga su arancel allá, en su universidad.

También hemos notado en los últimos años el incremento de estudiantes de Estados Unidos que son veteranos del Ejército. Y que vienen aquí financiados por un programa que tiene el Gobierno de Estados Unidos para veteranos y que les paga los estudios completos, que vienen para estar más cerca de sus familias y que en vez de estudiar en Estados Unidos vienen a estudiar con nosotros. Hemos comenzado una campaña más agresiva para atraer estudiantes de Estados Unidos.

Hemos hallado que existe una percepción de que Nicaragua es un país inseguro y nos está afectando en el reclutamiento de estudiantes (…) Hay que hacer un esfuerzo (para persuadir a gente que venga). Y el que ha venido, alguien le contó que aquí es lindo.

Una pregunta personal. ¿En qué hace la diferencia como cabeza de la universidad un químico en vez de un abogado, un economista o un ingeniero?

Creo que la educación es sobre todo una cuestión de vocación. Yo en algún momento decidí que lo mejor que podía hacer por mi país era contribuir a la educación de las nuevas generaciones. Yo, que he tenido el privilegio de estudiar en grandes universidades del mundo, sentí que tenía algo que retribuir. Siento que como químico he tenido una formación que me permite analizar los problemas desde una perspectiva diferente a como lo haría un economista, o a alguien que se formó en las humanidades. Creo que los químicos tenemos una formación primero muy analítica, y que sabemos que una vez que se encuentra una respuesta a un problema, nos surgen otras preguntas tal vez más complejas que la primera, y que también hay que hallarles respuesta.