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Sus amigos lo llaman Tacho Lovo medio en broma, medio en serio; medio riéndose y casi con cariño porque conocen la razón de su nombre. Se llama Anastasio por el primer Somoza y Salvador por la esposa de este. Sus compinches dicen que el José que antecede al Anastasio Salvador se lo debe al padre de Tacho Somoza García, pero esto sí es purita mentira.

Anastasio Lovo, el perspicaz, rápido de mente, de hablar corrido, obsesivo al estructurar las palabras; el poeta chontaleño adoptado por Jinotepe, nacido en Bluefields, uno de los pocos críticos literarios en Nicaragua, cuenta sonriente la historia de sus nombres, expectante de ver la reacción de los demás. “Esos son mis ilustres antecedentes”, dice encogiéndose de hombros, cuando termina el cuento.

Tacho Lovo cuenta su historia casi de corrido. No para y hay que retroceder varias veces la grabación para copiar las palabras tal como son; hay que descifrar los garabatos en la libreta para entender lo que se logró escribir mientras hablaba.

“Nací en Bluefields el cuatro de mayo del 62, viví cuatro años en la Costa, dos en Bluefields y dos en Puerto. Después en Chontales. Mi familia en realidad era del Pacífico, mi papá era un militar, a mí me tocó nacer en Bluefields, todos nacimos en lugares distintos, mi hermano…”.

Así empieza la historia sobre su vida. Se detiene un momento cuando le toca darle lugar a Chontales y al Clan Intelectual de esa ciudad.

“Juigalpa para mí fue una pequeña París que tenía de todo. Grandes maestros: Gregorio Aguilar Barea, Mariano Miranda Noguera, Eloísa Sandoval, Liliana Rothschuh Tablada, Víctor Báez, Rafael Lanzas, Antonio Cruz, Octavio Gallardo, Jofiel Acuña. Mi formación literaria y de apreciación artística básica se la debo a mi maestro, don Gregorio Aguilar Barea, a la biblioteca del Museo, a la discoteca y la pinacoteca de mi maestro Goyito. Además de las ideas socialistas libertarias y un elemental sentido de la solidaridad humana de las que no me he podido desembarazar”.

Anastasio Lovo es un hombre sencillo que hace gala, sin alardear, de su agudeza mental, de sus convicciones. Tiene cierto aire de candidez, de humildad. Se le percibe franco, realista y también paternal. Hay quienes dicen que se complica al escribir y quizá se deba a que es estricto con el lenguaje. Con eso se convierte en un obsesivo, en un maestro regañón.

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“Sobre el escritorio del General vi a los seis años la cabeza cortada de un hombre, con el pelo hirsuto, con lamparones de manchas verdes en la tez, con restos de lodo, con restos de sangre, con los ojos semicerrados, como viendo los gajes y oficios de la tiranía, navegando en la inmortalidad de su muerte…”.

La anécdota, una de las pocas que Tacho Lovo precisa porque en eso de contar cuentos no es muy bueno o se hace el que no es, está en el cuadernillo “El autor y su obra: Anastasio Lovo”, publicada en 2011, que forma parte de las Ediciones del Festival Internacional de Poesía de Granada.

El escritorio al que hace referencia es el de su tocayo, el dictador Anastasio Somoza García. La experiencia la vivió un día que su padre, descendiente directo de José Cecilio del Valle, teniente coronel de la Guardia Nacional, lo llevó a la oficina de Somoza García.

Su papá se llamaba José Joaquín Lovo del Valle, un segoviano de origen campesino poco dado a las letras. Su mamá, una leonesa de nombre Cecilia Téllez Borge, era una avanzada de la época: bilingüe, creyente del esoterismo y amante de la lectura, se postuló infructuosamente para entrar a la UNAN-León.

Ambos lo marcaron. A su padre lo recuerda como un hijo rememora a un papá cariñoso, no como un simpatizante de la revolución ve en el tiempo a un guardia. De él dice que era tierno.

Tacho Lovo fue un radical en su juventud. Asumió esa época con total rebeldía. Partió a Chile y se involucró en el Movimiento de Izquierda Revolucionario. “Planteábamos la dualidad de poderes y la insurrección proletaria para tomar el poder en la época de (Salvador) Allende. Queríamos que el proceso se radicalizara al máximo”.

En Chile, donde estudió Filosofía y Letras, lo agarró el golpe contra Allende. “Ese momento se vivió con la disposición de tomar las armas. Nos fuimos a los cordones industriales donde teníamos que compartir la lucha, la resistencia con el Movimiento Obrero, pero no había armas y nos comieron en dos bocados. Estuve detenido en el regimiento Tacna por unas horas. Cuando me estaban procesando dije que era hijo de un coronel en retiro de la Guardia y me dijeron que me fuera. No estuve en el estadio como muchos nicaragüenses”.

Cuando regresó a Nicaragua participó en la gran huelga de maestros y se involucró en el Partido Socialista, colaborando con el Frente Sandinista. En los 80 estuvo en el Ministerio de Reforma Agraria y en la Cancillería.

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Sus poemas no son de amor. Hablan del poder, del lenguaje. Algunos son difíciles, otros muy críticos. “Mis primeros poemas estaban muy influidos por Ernesto Cardenal y Neruda. Mi primera preocupación es el lenguaje”. Los sonetos del poder, su obra principal, desmenuza su otra preocupación.

Amigo de Carlos Martínez Rivas, se concibe como un poeta –pueta dice él como buen nica- que en pleito permanente con el lenguaje, busca cómo revolucionarlo.

“En gran parte de nuestra amistad (CMR) decía de mí que nunca había aprendido a escribir, hasta que le dije que eso que hacía era contra él, contra Cardenal y contra Mejía Sánchez. Me preguntó: ¿pero más contra Cardenal? Entendió mi postura: rechazar el lenguaje de ellos y buscar cómo hacer otra cosa. Al final lo logramos, hay una vertiente de poetas importantes en este país y actualmente vigente, como Ervin Silva, Santiago Molina, que no repetimos necesariamente lo que ellos hicieron, marcamos otros derroteros, por supuesto que son microcosmos, pero están allí”.

Según Tacho Lovo, para ser poeta se necesita talento y la disciplina, aunque su tesis es que “uno puede farrearse el talento”.

“Yo no soy un hombre de mucho talento pero he sido disciplinado, a fuerza de darle y escribir y escribir, me sale uno que otro” verso. También es un hombre aburrido, bohemio, un querido entre esa elite de poetas nicas. Este viernes asumirá la dirección del Centro Nicaragüense de Escritores. Como el lenguaje, busca revolucionarlo.

19 de Julio Día de Guardar

Para Eduardo Báez Cruz

Hoy es día de guardar

sangre memoria olvido & ceniza

Hoy es día de invocar a héroes y heroínas

erguidos por siempre en la proa de Utopía

Hoy es un día que sabe a cobre

& apesta a chicuije por la

sangre de tantos 19

Hoy es el día

cuando el Poder como Lázaro

reúne sus siniestros átomos luminosos

para urdir la medusa maligna

de nuevas dictaduras

Pero hoy es tu cumpleaños

Eduardo Báez Cruz

y la amistad

el amor

el dolor

nos han congregado

para brindar a tu salud & y la nuestra

con esta copa colmada de denso vino invernal

Mientras

el bosque aguarda como nosotros

el dulce tiempo de la paz

la muerte de Kratos

y quizás la primavera