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El jueves 11 de septiembre de 1958, al poco tiempo de cumplir medio siglo, fallecía en el Pensionado del Hospital de Managua Alejandro Cuadra Mendoza. El diario La Noticia del día siguiente consignó que dicho fallecimiento causaba profundo duelo entre los círculos sociales e intelectuales del país. Alejandro era muy apreciado por su don de gentes y su bien cultivado talento. La desaparición del famoso cronista se consideró casi repentina, pues unos meses atrás había mejorado mucho de su enfermedad -cirrosis hepática- y emprendido viaje de negocios a El Salvador.

Un periodista nato

Por su lado, El Centroamericano de León informó acerca de él: Fue un periodista nato que trajo en su sangre la sabiduría de escribir reportajes de interés público, constituyendo buen número de ellos verdaderas obras maestras. Por ejemplo, la serie que publicó sobre el proceso del homicida guatemalteco Oliverio Castañeda le fueron solicitados para editarse en libro fuera de Nicaragua. Pero su más recordada y relevante crónica en los inicios de su carrera correspondió al viaje en tren -de Managua a Corinto- del doctor Juan Bautista Sacasa, ya caído y expulsado del poder, a principios de junio, 1936. Por algo Orlando Cuadra Downing la eligió para insertarla en su obra Apodos y pseudónimos nicaragüenses (1967). En realidad, Sacasa había sido desalojado de la Loma de Tiscapa por un coup d’etát perpetrado por su sobrino político y Jefe del Ejército, general Anastasio Somoza García (1896-1956).

En un libro he rescatado y valorado la sección que mantuvo en el semanario Los Lunes de La Nueva Prensa, entre 1945 y 1948, con el título “Lugares, tipos, usos y costumbres”. Gracias a la cooperación de su hermano de padre, José Joaquín Quadra Cardenal, completamos estas crónicas que hicieron época, como también algunos datos y el obituario que le consagrara su otro medio hermano: Pablo Antonio Cuadra. Vale la pena transcribir algunas líneas de esta poemática semblanza certera:

Desterrado llevaste tu Patria contigo. Sin rencor, festejándose siempre como si fueras tu propio convidado, pediste a cada día lo suyo y lo escribiste. Tu partido eras tú mismo. Tu política tú mismo. Tu mesa era un mapa jovial. En la calle ibas en manifestación proclamándote Alejandro. Te conocía diariamente.

En otras palabras, lo retrata como lo que era: una personalidad abierta, esencialmente granadina, a quien la gente -sus lectores- querían y admiraban de verdad.

Pimpinela Escarlata y “Cucarachón”

Hijo mayor, prematrimonial y reconocido del doctor Carlos Cuadra Pasos (1879-1964), nació en Granada y pasó la mayor parte de su niñez en casa de su tío y padrino Ramón Cuadra y en el puerto lacustre de Morrito, entonces Río San Juan. Hizo la primaria en la Escuela de don Salvador Barberena Díaz y la secundaria en el Instituto Nacional de Oriente. Ya bachiller, comenzó a cursar estudios de Leyes en la Universidad de Oriente y Mediodía, los cuales abandonó para trasladarse a Managua, entrando a la Redacción del diario La Prensa.

Allí trabajó casi toda su vida. Fue en varias oportunidades Jefe de Redacción y utilizó un pseudónimo femenino, que lo hizo muy popular: Pimpinela Escarlata. Este nombre lo tomó de la novela. The Scarlet Pimpernel (1905) de la Baronesa de Orczy (la británica Montagne Barston: 1865-1947).

“The Scarlet Pimpernel” corresponde al nombre de un grupo de conspiradores que se dedicaban a salvar a aristócratas franceses de la guillotina, haciéndolos salir de Francia y pasar a Inglaterra; y era el pseudónimo de su jefe. Alejandro Cuadra debe haber leído la novela. Pimpinela Escarlata es un pseudónimo con fuertes connotaciones de lucha contra una dictadura. La Baronesa era de origen húngaro y su novela se llevó al cine en 1935, protagonizada por el actor británico Leslie Howard, muy conocido por el papel de “Ashley Wilkes” en la famosa película Lo que el viento se llevó.

Como Pimpinela Escarlata, Alejandro firmó muchas páginas de amenísimo reportero. Así lo conceptúa Orlando Cuadra Downing, añadiendo que se le conocía con el apodo de Cucarachón. Volviendo al diario El Centroamericano, uno de sus redactores sugirió que se compilasen las crónicas de Cuadra Mendoza en los textos de estudio cuando Nicaragua cuente con una Escuela de Periodismo. Esta, desde 1960, existe; pero los egresados de ella no solo ignoran dicha iniciativa, sino hasta la propia existencia de su autor.

Alejandro Cuadra Mendoza tenía gran facilidad de palabra. Con este recurso ejercía un oficio espontáneo en el que se destacó durante la Managua de los años 40 y 50: animador de salones. Como organizador gremial, fue Presidente de la Asociación de Reporteros de la capital y delegado de la misma a un Congreso de Periodistas en Guatemala. Como valiente periodista conservador, luchó contra la dictadura de Somoza García (1937-1956) y fue conducido a la cárcel varias veces, concretamente a la Casa de Piedra: conocida prisión de la época. En 1948 el gobierno de Víctor Manuel Román y Reyes lo expulsó a pie y descalzo a San José, Costa Rica, donde para ganarse la vida ingresó a la Redacción de un diario.

Crónica de su cuadragésimo cumpleaños

En junio del mismo año, al cumplir los 40, sus amigos le celebraron su natalicio un domingo en “La Estrella”, propiedad de los hermanos Palazio. En este acontecimiento social, se consumieron los pasteles de doña Cristina de Pasos y de María Asunción de Pasos, la ensalada que preparó Celia de Palazio, los spaguetis cocinados por doña Thelma de Kennet, los nacatamales que llevó doña Matilde Ayala, el queque preparado por doña Lucía de Palazio, el chanchito que regaló don Tommy Wheelock, las tres botellas de vino enviadas por don Faustino Arellano [Mejía] y las botellas de whisky que obsequiaron don Carlos y don Miguel Gómez, don Alfredo Palazio y don Agustín Pasos, más un sifón de cerveza donado por la Cervecería Victoria.

En esa oportunidad, Cuadra Mendoza recitó seis décimas de su cosecha, en las que se autorretrataba como discípulo de Dionisios, por no decir como bebedor y comelón. Dicen las primeras: Cuarenta años, quien diría / que tengo al término dellos / siempre negros los cabellos / y enhiesta… la rabadilla. / Un día tras otro día / mi existencia ha transcurrido / entre lomito cocido / y un chanchillo bien asado… / Todo esto muy bien rociado / con lo mucho que he bebido.

Caballeroso y comunicador

Basta este autorretrato “De cuerpo entero” -tal era el título de su composición en verso leída durante la celebración cumpleañera- para comprender el spirit que animaba a Cuadra Mendoza. Caballeroso y comunicador al mismo tiempo, Alejandro era digno de figurar en el estrato social más alto de la Managua de entonces -que reconocía su creatividad e inteligencia-, pero también se le apreciaba en los medios populares. Sobre todo por sus escritos que disfrutaban todos los lectores de su época, para quienes era una inevitable referencia humana.

El mismo papel desempeñaban sus compañeros de trabajo en Los Lunes de La Nueva Prensa, semanario fundado por Gabry Rivas (1906-1969). Ante todo, Gonzalo Rivas Novoa (Ge Erre Ene), el más brillante y prolífico escritor humorista del país, quien dirigió Los Lunes hasta el 8 de junio de 1947, fecha en que fue expulsado a Costa Rica por orden del Jefe del Ejército; de manera que el número correspondiente al 7 de julio del mismo año ya Alejandro Cuadra figuraba como “Director de Materiales”. En segundo lugar, Toño López -ilustrador caricaturesco de las ingeniosidades de Ge Erre Ene-, Joaquín Pasos (1914-1947), cuyo último trabajo fue precisamente en ese órgano popular; José Francisco Borgen (1909-1982), Edgardo Prado y, en algunas ocasiones, Manolo Cuadra (1907-1957).

“El Rincón de Nena”

Si Ge Erre Ene inventó una sección firmada con un pseudónimo femenino, “El Rincón de Lady Esther”, Cuadra Mendoza creó su propia sección en la misma línea: “El Rincón de Nena”. Consistía esta en una crónica pormenorizada sobre aspectos frívolos de la sociedad -fiestas, modas, noviazgos, chismes- de Managua. Tres damas pertenecientes a ese sector le facilitaban la información para redactar sus crónicas inofensivas. Solo se permitía pequeños sarcasmos como este: Si hay en Managua un muchacho con cara de tonto es Pedrito Joaquín Chamorro que volvió de México hecho un hereje. Su papá lo puso al frente de la dirección de La Prensa como buscando sangre nueva para alentar el periódico curulero [algunos conservadores ocupaban escaños en el Congreso]. Pedrito Joaquín es muy simpático, nada más que aburre en grande. El otro día en el Terraza pasó toda la noche hablando de periodismo con una tonta que lo escuchaba con cara de Alfonso Llanes. (Los Lunes de La Nueva Prensa, 6 de diciembre, 1948).