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Lo único que quedó de lo que fue el “Bar Tina”, es la fachada de bloques y bambú que le daba un toque caribeño. En ese lugar la música “corta pulso” dejó de sonar y ahora el ambiente es dominado por el “movimiento” de un pequeño taller de calzado, del cual dependen 16 cabezas de familias.

Rafael Jarquín, propietario del negocio, relata que la idea surgió “por la necesidad de trabajar”.

distribucion mipymes

Comenzó con un capital de US$1,000 en una pequeña casa que alquiló y donde pudo emplear a dos alistadores y a dos montadores de calzado para varón y colegial de niña.

Jarquín apostó a expandirse y tomó el alquiler el local donde funcionó el Bar en la Villa 12 de Mayo de Masaya. “Allí ya empleé a seis alistadores y a siete montadores”, cuenta tras remarcar que su enfoque es a seguir consolidando el taller que en temporada buena produce entre 400 y 500 pares de zapatos al mes, y en temporada regular un promedio de 300.

Avanza solo

“Al igual que los comerciantes, trabajo con préstamos de los bancos… pero (también) trabajo directamente con las peleterías, las que me brindan insumos –cuero, pegamento, etc.--, y semanal doy abono”, indicó.

Jarquín nunca ha recibido asistencia de organizaciones o entidades que atienden a los pequeños empresarios porque considera que “piden muchos requisitos” y, en algunos casos, demandan que participen asociados.

La “escuela” que le deja la práctica, le permitió establecer reglas para hacer sostenible su taller, entre ellas las formas de pago a los trabajadores fijadas en base a producción.

Por producir entre 80 y 100 pares de zapatos, él paga C$2,000, por ejemplo.

Fabricación artesanal

Nicolás Ramón Chavarría Vivas, trabajador del taller, explica que el producto con mayor demanda es la zapatilla de varón que compite con precios por docena a C$270 y a C$350 por unidad.

La fabricación es totalmente artesanal: compran el cuero nacional, que primero pasa por las manos de los alistadores que se encargan de cortar y ajustar en las máquinas.

Después los zapatos los reciben un grupo de muchachas que se encargan de coser la vena y luego los montadores proceden a embrochar.

“Por último me lo pasan para pegarle la plantilla, introducir el papel y colocar en las bolsas”, detalla Chavarría.

Fabricar un zapato dura aproximadamente una hora, diariamente en el taller de Rafael Jarquín, se elaboran 70 pares en promedio.

Todos ganan

Doña Rosa Argentina Brenes Hernández, dueña del antiguo Bar Tina, cuenta que la quiebra de su negocio la obligó a alquilar el local para obtener ingresos que le permitieran saldar las deudas que adquirió con los bancos cuando el sitio estaba en su apogeo.

“Descuidé el negocio porque andaba muy involucrada en el progreso de la Villa 12 de mayo, peleé el adoquinado, la construcción de la cancha, los títulos de propiedad y no me arrepiento”, aseguró la señora.

La buena experiencia de sus inquilinos le genera satisfacción, porque es testigo del esfuerzo diario de 16 adultos para garantizar el sustento de sus familias.

Ella misma está recibiendo beneficios extras del negocio a través de un pequeño negocio de almuerzos.

Mipymes empujan economía local

Según Fernando López, coordinador de la red de calzado de Masaya, en el municipio operan hasta 500 talleres de calzado que generan en el caso de los pequeños un promedio de 5 empleos y hasta 30 los más grandes.

Significa que un mínimo de 2,500 personas subsisten directamente de las actividades relacionadas a las Micro Pequeñas y Medianas Empresas, Mipymes.

Según el Diagnóstico del Sector Mipyme del Departamento de Masaya y sus Municipios, para 2008 en el departamento funcionaban 2,377 negocios en rubros como textil, madera-mueble, artesanía, agroindustria y cuero-calzado; a la fecha se estima que pueden existir unas2, 500 mipymes.

De este gremio, una mínima parte está inscrita formalmente, algo que este año la delegación del Ministerio de Economía se propone elevar sustantivamente, poniéndose como formalizar a unas 2,200.

Sector requiere apoyo

Para Leonardo Martínez, gerente de la Asociación para el Desarrollo Económico con Equidad, Alternativa, las alianzas públicas privadas son la piedra angular para el éxito del sector.

“Estamos convencidos que de manera individual sería difícil hacerlo por eso se mancomuna se da una conjunción de recursos humanos y financieros que puedan incidir de marea eficiente y eficaz en un territorio”, mencionó el gerente.

Esta institución da acompañamiento al sector cuero-calzado, haciendo énfasis que debe existir un proceso de apropiación por parte de los empresarios para que cuando la asistencia se corte ellos “caminen solos”.

Explicó que los artesanos tienen como desventaja el desconocimiento del mercado al que apuntan, esto asociado a la falta de asesoramiento técnico, que los limita a competir con diseños, calidad y capacidad de producción.

En Masaya se ejecuta un programa con fondos no reembolsables aportados por el Banco Mundial y canalizado a través de las entidades de gobierno y gremios de mipymes.

A este tipo de programas, los pequeños empresarios pueden optar de forma individual y en asociaciones. En el caso individual se ofrece U$2,000 a 10,000, mientras que a las asociaciones o cooperativas U$10,000 a 20,000.

 

Calzado La Carioquita, otro ejemplo

Fernando López es el propietario de la pequeña empresa de calzado La Carioquita, situada en el barrio San Jerónimo, de Masaya.

López lleva 19 años dedicado a este negocio al que recurrió en tiempos de crisis, cuando perdió el empleo en un proyecto de la industria azucarera, en los años 90.

“Mi papá era artesano de calzado, entonces empecé con poco capital… empecé a coser un par de zapatos a mi hijo, posteriormente, dos, tres, diez, quince hasta llegar a 2 mil pares semanales”, comentó.

La zapatería La Carioquita se distingue por la producción en cuero natural y esponja, de sandalias clásicas y del estilo popularmente conocido como “máscaras de perros” para niños.

“Comenzamos con dos trabajadores, después fuimos contratando personas, hasta llegar a contratar a 18 trabajadores con sus ayudantes”, rememoró el pequeño empresario.

Pero el receso tocó a su puerta y actualmente solo tiene capacidad para dar trabajo a 8 personas que garantizan una producción de 500 pares semanalmente, los cuales López ubica en el mercado local, con clientes eventuales e intermediarios que viajan a ferias a Costa Rica y Panamá en temporada de verano.

Actualmente, esta pequeña empresa está produciendo un pedido de 2,000 pares para esos destinos centroamericanos.