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“Carlos” recorre dia­riamente el centro de Granada, pidiendo dinero. Tiene 12 años y habita en el barrio El Pantanal.

Él hace esto para “ayu­darle” a su madre a jun­tar dinero para comprar la comida de sus cuatro her­manitos menores, justifica, tras revelar que el maltra­to y los abusos de un pa­dre alcohólico los obliga­ron a ambos (madre e hi­jo) a buscar cómo sobrevi­vir en las calles.

“Antes mi mama pedía reales a los turistas, pero le iba muy mal, no ganaba nada, entonces unas ami­gas le dijeron que vendiera carteras de Masaya, y aho­ra vende aquí en el Parque Central… Yo vengo con ella para buscar la vida”, expre­sa este pequeño mientras descansa de su caminata, en el atrio de la Catedral.

Según cuenta, habitual­mente los cinco niños y la mujer pasan las noches bajo los árboles del parque, ex­poniéndose a la delincuen­cia, sin la mínima seguridad.

“Una vez un gringo me regaló 20 dólares, pero un chavalo que se dio cuenta y vino a quitármelos; me pegó duro y me reventó la boca, pero yo no me dejé”, relata.

Algunos días al peque­ño lo acompaña un joven de 21 años, originario de Managua, quien también encontró en las calles de Granada un refugio para escapar de la violencia que había en su hogar. “Tengo un año de estar en Granada, aquí me quedo a dormir, a veces en la calle y a veces en la casa de una señora que me da lugar en su ca­sa. Hago diferentes figuras de animales para venderlas a los turistas, así me man­tengo… Algún día me gus­taría conseguir un trabajo, para estar mejor”, comenta.

Unos 30 niños en las calles

Según revela un diag­nóstico efectuado en 2012 por una comisión interins­titucional, en el centro de “La Gran Sultana” deambu­lan entre 25 y 30 menores.

El documento deta­lla que el grupo, entre ni­ños y adolescentes, provie­nen de los municipios de Managua, Tipitapa, León, Diriamba y, por supuesto, de Granada, donde las au­toridades identificaron a El Pantanal y La Sabaneta co­mo los barrios locales de mayor procedencia.

Estos menores pulu­lan principalmente por el Parque Central, la Plaza de la Independencia y calle La Calzada, sitios de mayor afluencia turística.

Ese fenómeno perjudica a los negocios instalados que tienen entre sus principales clientes a los turistas que ex­ploran Granada.

Francisco Javier Gómez, propietario del kiosco El Gordito, instalado en el Parque Central, confirma que los niños buscan a los vi­sitantes para venderles manualidades y, a veces, para pedirles dinero.

“Tal vez los turistas es­tán comiendo su vigorón, tranquilamente, cuando de pronto se les acercan con figuras de grillos, corazo­nes, ositos o cualquier otra cosa; pero no los dejan co­mer tranquilos, los hostigan y eso obviamente que a ellos les molesta. He visto a algu­nos niños que cuando no les dan dinero, les lanzan lo pri­mero que encuentran, hasta tierra”, narra.

Gómez afirma que en varias ocasiones ha llama­do a las autoridades para informar sobre la situación, incluso una vez conversó en el presidente del Instituto Nicaragüense de Turismo, Intur, Mario Salinas, pero no ha habido respuesta.

Adultos los mandan a pedir

Otros comerciantes ubi­cados frente a la Plaza de la Independencia, consultados por EL NUEVO DIARIO aseguran que muchos de esos pequeños deambulan en compañía de sus madres, abuelas o de algún otro fa­miliar que se sienta en un lugar específico a esperar a que el niño le lleve comida o dinero.

“La criatura no tiene culpa de lo que hace, los responsables son la madre y el padre por no cuidarlos; la Policía debería agarrarlos y echarlos presos a los dos”, opinó Juan Carlos Lorío, vendedor de refrescos.

Don Alfredo Matus tie­ne más de 30 años de traba­jar como cochero y comen­ta que ha visto a muchísi­mos niños trabajando y ga­nándose el dinero honestamente. “Yo francamente no veo nada malo en que un ni­ño le ofrezca esas figuras de animales a los visitantes, el turista decide si comprar­la o no; pero hay otros que andan inhalando pega, fu­mando y consumiendo dro­gas, esos son los que causan problemas”, expresó.

Niñez en riesgo

De acuerdo con la jefa de la Comisaría de la Mujer y Niñez, subcomisionada Lilliam Aguilar, parte de los menores incluso merodean durante las noches a merced de ladrones, abusadores o tratantes de personas.

“Si nosotros encontra­mos a un niño en las calles, lo que hacemos es contac­tar inmediatamente al pa­dre o la madre para exigirles que se hagan responsables de su hijo, pero si el niño no es de aquí, de Granada, en­tonces lo remitimos a la de­legación del Ministerio de la Familia, ellos deciden qué ha­cer”, dijo.

EL NUEVO DIARIO quiso conocer el trabajo que desarrolla el Ministerio de la Familia con estos niños, pero la delegada Rosario Caldera manifestó que la voz autori­zada para hablar es la oficina de Comunicación de la sede central.

Sin embargo, Aguilar re­conoció que Granada carece de un albergue para la niñez inmersa en la mendicidad.

Prevención

La coordinadora de la Comisión Municipal de la Niñez y la Adolescencia, Karla Sequeira Fletes, ase­guró que en la ciudad existe un espacio de articulación intersectorial que busca visibi­lizar el problema y que des­de ahí están trabajando para atender a esta población en situación de riesgo.

“Desde el año pasado ve­nimos trabajando en un siste­ma de defensoría de los dere­chos de los niños, con un en­foque sistémico, para eso con­formamos cuatro subcomi­siones: Prevención, Atención y Protección, Investigación y Sanción, y Control Social, to­das ellas están haciendo sus propuestas para luego unir­las dentro de un solo plan de acción”, adelantó Sequeira.

Dicho plan contemplará, entre otras cosas, la captación de infantes para ubicarlos en un sitio seguro.

La coordinadora mani­festó que el 22 de febrero, en el contexto del IX Festival Internacional de Poesía, rea­lizarán una caravana para propiciar la reflexión sobre la vulnerabilidad y el daño que sufren los niños errantes.

Auge turístico atrae mendicidad

María Consuelo Sánchez, directora de la Asociación Quincho Barrilete, razonó que con el auge turístico alcanzado en los últimos años, Granada se ha convertido en un sitio atractivo para los explotadores de menores.

“Hay muchos que se aprovechan y utilizan a nuestros niños para explotarlos de forma sexual o laboral, incluso, el solo hecho de estar fuera del sistema educativo ya es una violación a sus derechos”, dijo.

Al respecto, Orlando Galeano, empresario y directivo departamental de la Cámara Nacional de Turismo, Canatur, expuso que si bien “el daño que padecen los niños es real, nadie puede cuestionar eso, pero también es incuestionable el daño a la imagen turística de la ciudad de Granada, cuando el visitante anda disfrutando de un paseo y de repente se encuentra con estos niños que empiezan a pedir”, mencionó.

En algunos casos, los pequeños se instalan a las entradas de los establecimientos turísticos, en espera de los extranjeros, algo que para el empresario demanda una atención integral a la familia.

Esperan resultados

El organismo Visión Mundial espera pre­sentar próximamente los resultados del diag­nóstico “Protegiendo a la Niñez del Abuso y la Explotación Sexual Comercial”, basado en la realidad de las co­munidades rurales La Escoba, San Antonio, Caña de Castilla y Los Ranchones, del munici­pio de Granada.

La educadora del or­ganismo, Rosaura González, señaló que con este estudio preten­den visibilizar el riesgo que también se vive en el campo.

“Muchas personas creen que en las comu­nidades no existe la ex­plotación sexual comer­cial, pero eso no es cier­o”, dijo.

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