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Las 11 mujeres que integran la Cooperativa San José, en la comunidad Las Cureñas, de Jinotega, una asociación con 22 años de tradición en la elaboración de la distinguida cerámica negra, no imaginaban que el solo proceso de transformación del barro y la arcilla en piezas artesanales podía dejarles ingresos adicionales a la venta de sus creaciones.

Nicolasa Herrera, presidenta de dicha cooperativa, cuenta que gracias a que ganaron un concurso de artesanías, el grupo fue beneficiado con asesoría a través de un programa de la Agencia de los Estados Unidos para el Desarrollo Internacional, Usaid.

Así lograron tener un logo que identifica a la cooperativa y “nos han dado capacitaciones, nos construyeron un inodoro ecológico, nos están creando una dirección de correo electrónico y nos mandan turistas para hacerles un recorrido y explicarles el proceso de elaboración de las piezas”, detalló Herrera.

Por cada visitante extranjero que reciben para guiarlos en el paso a paso de la técnica artesanal, que hace parte de su herencia precolombina, ellas cobran un dólar.

Herrera comenta que Usaid las contacta con brigadas extranjeras y así consiguen cada cierto tiempo ese ingreso extra. También atienden a estudiantes y turistas nacionales, pero con ellos acuerdan un aporte voluntario.

Temporada alta

De acuerdo con las artesanas, entre junio y diciembre es cuando reciben la mayor cantidad de turistas extranjeros, logrando vender entre 200 y 300 piezas al mes.

“Nos quedan a cada una como 3 mil córdobas de ganancia y cuando está mala (la afluencia de visitas) vendemos unas 100 piezas, quedándonos unos mil córdobas de ganancia individual”, revela.

Interesadas en mejorar calidad

Actualmente las artesanas de la Cooperativa San José viajan todos los sábados hasta la ciudad de Jinotega, para recibir un curso de pintura y así aprender a darle un valor agregado a sus diseños.

Si bien es cierto no tienen un mercado fijo, cuentan con contactos en sitios concurridos por turistas, donde exhiben sus piezas.

Ahora que el grupo de artesanas conoce más sobre cómo promocionar su producto y acceder a nuevos mercados, están trabajando en la formalización de su marca, para en un futuro no muy lejano poder exportar.

El primer paso que dio esta agrupación según comenta doña Gilma Herrera, otra de sus integrantes, fue organizarse como cooperativa, hace siete años, lo cual afirma les permite acceder a algunas ventajas porque además cuentan con su personería jurídica. “Antes éramos una asociación y nuestro quehacer era limitado”, apunta.

Añade que desde que se formalizaron, a través del Instituto Nicaragüense de Turismo, Intur, y de otras instituciones, han logrado participar en ferias periódicas en los departamentos del norte y también en Managua, “para poder promocionar nuestra artesanía”, reconoce, ya que antes dependían solo de lo que colocaban en su localidad.

Cerámica negra, su herencia

La Cooperativa San José es pionera en la elaboración de la famosa cerámica negra de Jinotega.

Todo el proceso es realizado por mujeres de origen campesino que tienen en sus manos el arte de transformar el rústico barro en originales piezas artesanales de color negro vibrante, destacando y resguardando así la esencia del arte precolombino que distingue a este pueblo.

De acuerdo con doña Gilma, fue una señora de nombre Ramona quien les enseñó este oficio, el cual les ha permitido --desde hace más de dos décadas-- ser independientes y resolver parte de las necesidades económicas de sus familias.

Tazas, platos, picheles, vasos cerveceros, adornos de toda clase, azucareras, cafeteras y el tradicional adorno del indio, hacen parte del catálogo de piezas más destacadas de la cerámica negra de Jinotega.

Los precios varían según el tamaño del producto o el volumen de la compra, porque también atienden encargos. La pieza más económica que oferta este grupo de artesanas vale C$50.

 

Mujeres viven de transformar el barro

En la comunidad Las Cureñas, ubicada 10 kilómetros al noroeste del área urbana de Jinotega, más de 20 mujeres sobreviven trabajando meticulosamente el barro, empleando rústicas técnicas y manteniendo los diseños inspirados en el arte que heredaron de sus antepasados.

Luz Marina Herrera es la presidenta de la Cooperativa San Expedito, la otra organización de mujeres que se dedica a trabajar cerámica negra.

La conforman 11 mujeres y suman 15 años de trabajo conjunto.

“Estamos contentas, porque con ayuda del Ministerio de la Economía Familiar acabamos de obtener nuestra personería jurídica y desde hace nueve años que nos constituimos como cooperativa. Las Conimipymes también nos han apoyado en capacitaciones e intercambios sobre el manejo de negocios”, explica Luz Marina.

“Algunas compañeras y yo hemos tenido la oportunidad de visitar lugares símbolos de la artesanía de Nicaragua, como Masaya y al lado de Las Segovias, también hemos viajado a Costa Rica, y recientemente a Honduras”, añade.

Las mujeres de la Cooperativa San Expedito, actualmente trabajan en la elaboración de su Plan de Negocios, con el auspicio de la Asociación de Educación y Comunicación La Cuculmeca-Jinotega y el programa F.H.I 360 de Usaid, quienes también les han beneficiado con la construcción de un inodoro ecológico, para que lo utilicen los turistas.

Como están en contacto directo con los turistas, el grupo de artesanas de la Cooperativa San Expedito reciben clases del idioma inglés desde el año pasado por parte de los jóvenes voluntarios del Cuerpo de Paz.

El objetivo es que puedan comunicarse con los visitantes cuando lleguen a sus talleres. Ellas mismas reconocen que les será de gran utilidad para comercializar sus productos pues no dependerán de un traductor.

“Hemos aprendido frases para saludar al turista, el nombre de las piezas, los precios de las mismas, cómo explicarles los pasos del proceso de elaboración de la pieza, y allí vamos”, comentó sonriente Luz Marina.

 

Proceso de elaboración

Las artesanas de Las Cureñas recogen el barro y la arcilla una vez a la semana en un banco ubicado a unos tres kilómetros (cerro arriba) en su comunidad.

Lo arrancan, lo trasladan en mula o cargando los sacos en los hombros.

Una vez en el taller, lo colocan en una tina grande y lo humedecen para que se suavice, luego cuelan el producto y cuando “tiene el punto”, lo trasladan a unas pilas especiales, para ir sacando de ellas poco a poco el material que es moldeado en el torno.

Tienen grupos y roles establecidos para trabajar diario, una vez que moldean la pieza en su respectiva cooperativa, cada una le da el mantenimiento debido a la pieza en su casa, durante tres días: la pulen cuatro veces con piedras de mar hasta sacarle el particular brillo.

Una vez pulida la pieza, es asoleada antes de ser sometida a cuatro horas en un horno artesanal, de donde son retiradas hasta que están “al rojo vivo” y luego las colocan sobre una cama de colochos de madera de pino, para que tome el color negro.

Finalmente con un fino pincel les elaboran sencillos diseños y les imprimen el nombre de la cooperativa.

 

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