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La audiencia concluye con un silencio incómodo y con el Acuerdo número 93. Veinte minutos atrás, dos mujeres del reparto “René Schick” se sentaron en una sala limpia, pintada de crema, fría pese al calor inclemente de Managua, con el propósito de resolver pacíficamente un caso de agresión.

"Hace semanas tuve un pleito con un hijo de ella… Y ese día ella me dijo: ¡A ver, a ver, decímelo en mi cara! Siempre llega donde la vecina a tirar chifletas. Me dice: sos una pu…, una zo…, sos una pla…", empieza la morena bajita de 20 años, camisa celeste y cejas finamente delineadas, quien tiene 21 años, trabaja de mesera en una coctelería y quien acusó a su vecina por agresiones.

La vecina, de 40, madre de seis hijos, evangélica, vestida con camisa, falda y zapatos rosados, replica: "Cuando llego donde la vecina, empieza a decir: Que se salga la pe…, la zo… No me puede ver porque me grita bascosidades. Y yo sé que las palabras no matan ni arrancan pedazos, pero me dio un manotazo en la cara --se señala unos costrones--, se me tiró encima, me dio con la mochila. Yo solo miraba a mi hija… el poco de buses pasaban y solo miraba a mi hija.

mediacion¿Yo pelear con ella? ¡Si es una cipota!”

Entre ambas está una abogada que cumple con la labor de mediadora. Es una mujer morena y alta, pelo rizado, que sabe sonreír y enseriarse en el momento oportuno, y que parece haber sacado un doctorado en paciencia.

Leticia Obando, la mediadora, hace que se detenga la lluvia de acusaciones: "La regla de oro aquí es que ambas tienen que ceder y buscar un entendimiento. Ustedes pueden seguir el proceso, gastar dinero y tiempo. Usted --le dice a la bajita, morena-- dice que trabaja todo el día, así que no podría estar yendo al Juzgado; y usted --voltea a ver a la otra-- solo conseguiría perder dinero en abogados. Aquí no estamos valorando quién es culpable o inocente, queremos llegar a un acuerdo".

Después de miradas de odio, llegan a un acuerdo, el 93 en lo que va del año. Deciden respetarse mutuamente y cerrar el caso, es decir, no llevarlo hasta los Juzgados. Al terminar, ambas firman y salen de la Subdelegación de Policía sin siquiera voltearse a ver. Mientras espera que lleguen otras personas que están citadas, Leticia Obando cuenta que la mayoría de casos son por agresiones contra las personas. “Es bastante común también que una persona denuncie a otra porque puso la basura a su lado de la casa”.

Extrañamente, en este barrio, reconocido por violento e inseguro, es donde más personas llegan a mediar, el 98% de estas concluyen en un acuerdo, según datos de la Dirección de Resolución Alterna de Conflictos (Dirac), adscrita a la Corte Suprema de Justicia.

La diferencia --para alcanzar ese alto porcentaje de resolución-- la hace la Policía, concluye Leticia Obando. Y es que el comisionado Marlon Sevilla, jefe de esta Subdelegación, es de los convencidos en la mediación. Si alguna de las partes no llega a la cita, esta es reprogramada. En algunos casos hasta los va a traer a sus casas.

“Esto se llama --dice Sevilla-- economía procesal. Nosotros les hacemos ver las ventajas de la mediación; gracias a esta han bajado en gran medida las riñas vecinales, las ofensas verbales”.

En Nicaragua no está cuantificado el costo de un juicio. Sin embargo, según estudios de la Comisión Europea para la Eficiencia de la Justicia, una mediación puede reducir hasta un 90% el precio que tiene un juicio medio. Establecen el coste medio de un juicio civil en 3,000 euros para cada una de las partes (alrededor de US$4,020), tomando en cuenta las tasas judiciales y los honorarios de abogados y procuradores. En cambio, estiman en 320 euros (cerca de US$429) que le costaría a cada parte, resolver sus conflictos a través de la mediación.

Mentalidad judicialista

El caso del reparto Schick es, sin embargo, un caso aislado. Las estadísticas de la Dirac indican que los nicaragüenses todavía prefieren resolver sus conflictos en los Juzgados, pese a que eso significa mayor gasto de recursos estatales y privados. En 2012 la Dirac registró 16,982 casos a nivel nacional, de estos 10,893 llegaron a un acuerdo (64.1%), 9,570 fueron de carácter penal. En lo que va del año, a nivel nacional se han realizado 967 mediaciones.

El Nuevo Diario intentó comparar esas cifras con las de juicios civiles y penales, sin embargo resultó imposible. En el sitio web del Poder Judicial solo están disponibles las cifras correspondientes al primer trimestre del 2011, del desaparecido Complejo Judicial Nejapa, y que corresponden a 57,734 causas en asuntos Civiles, y 17,476 en asuntos Penales.

Leticia Herrera, quien está al frente de la Dirac, considera que hay un problema de desconocimiento.

"Las mediaciones tienen fuerza de ley, pero la gente lo desconoce, además que tenemos una mentalidad muy judicialista, solemos ser conflictivos y agarramos lucha. En la mediación hay que deponer el espíritu violento".

El sociólogo Ricardo Pereira sostiene que "es lógico que tarde en calar en la cultura popular, un nuevo enfoque no judicializante” y resalta que la sociedad en su conjunto se empeña en llevar los conflictos hasta los Juzgados, porque el proceso supone ganancias económicas para muchas personas.

"Por otra parte, hay intereses económicos de por medio, la judicialización está dejando algunas rentas en su camino, particularmente en lo que se refiere al Derecho Civil. Allí hay una labor perversa, no puedo decir si consciente o inconscientemente, de promover el bochinche judicial para ir dejando platita por todos lados".

Pereira coincide en que el desconocimiento ha provocado que la gente no opte por la mediación y, a su criterio, también influye que "tenemos una cultura revanchista, típica de una sociedad politizada", aunque advierte que "ya se va avanzando a una política de consenso".

La mediadora Leticia Obando explica que en la mayoría de los casos, las personas que median no son reincidentes. Los que se caracterizan por ser conflictivos suelen regresar a mediar pero por conflictos con personas distintas.

La Dirac se fundó en 2005 y actualmente tiene presencia en León, Estelí, Chinandega y en todas las delegaciones y subdelegaciones policiales de Managua, en estos últimos, con el apoyo de Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD). Recientemente abrieron una oficina en cada uno de los tres Juzgados de la Familia de la capital.

Si una de las partes en conflicto no acude, la mediación no se lleva a cabo y sigue la ruta judicial. Este fenómeno se registra sobre todo en los casos de propiedad, donde la inasistencia de las partes conlleva el fracaso de la mediación o del arbitraje. En el caso de Managua, de 28 casos de esta naturaleza ventilados en la Dirac, 17 han fallado por ausencia de una o de ambas partes. En León y Diriamba, a su vez, el fracaso de esta opción ha sido del 100 por ciento en casos de la Ley 278.

Las autoridades de la Dirac lamentan esta situación, ya que la mediación tiene varias bondades y beneficios para las partes involucradas, ya que el servicio es gratuito, es imparcial y fortalece la voluntad de diálogo entre las partes en conflicto, ya que el mediador sienta a las partes y hace que lleguen a acuerdo que tiene fuerza de ley. El proceso es, además, confidencial y luego el expediente es archivado.

Funcionan 15 centros de mediación privados

La Dirac nació en 2005 y desde entonces ha autorizado el funcionamiento de, al menos, 15 centros de mediación privados.

Guillermo Miranda Arróliga, responsable del centro de mediación de la UCAN-Juigalpa, dice que a través de los acuerdos han ayudado a descongestionar los Juzgados.

"Más que todo vienen casos de faltas penales, agresiones físicas, daños menores y dentro de los delitos menos graves, hurto, estafa. Tenemos acreditados ocho mediadores”.

Antes tuvieron una tarifa gratuita, pero ahora, por falta de financiamiento cobran C$200 por mediación.

El Centro de Mediación y Resolución de Conflictos de la Facultad de Ciencias Jurídicas y Sociales de la Unan-León atendió en 2012, a 1,175 personas entre consultas, solicitudes de mediaciones y mediaciones directas, de las cuales se realizaron 562 mediaciones con un 85% de acuerdos.

Gloria Elena Suárez Calderón, directora del centro, explicó que las causas fundamentales por las que acuden las personas son por problemas vecinales, faltas menores, “pero el centro atiende todos los casos que pueden ser mediables conforme a la ley, tales como incumplimiento de contratos, problemas de propiedad, deudas, problemas familiares, injurias y calumnias, y lesiones leves”.

A su criterio, el usuario es el principal divulgador del servicio que prestan, y cada día aumenta la demanda.