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La distinción como Patrimonio Nacional no salva del abandono a los Petroglifos del Cailagua, considerados joya indígena de Masaya.

La inclemencia del tiempo ya casi borra los vestigios chorotegas impresos en piedra, y la lama “se come” algunas de las particulares formas talladas en piedra, son solo algunas de las evidencia del poco interés de las administraciones locales por preservar esta herencia indígena, consideran especialistas consultados por El Nuevo Diario.

Para llegar al sitio es obligatorio descender por caminos extraviados, donde es posible comprobar el deterioro de esas grandes paredes de piedra en las que los chorotegas literalmente tallaron su historia.

Su principal enemiga es una corriente perenne de aguas servidas que arrastra basura de todo tipo y que va quedando atrapada en un despeñadero, hasta terminar en una cascada que conecta a un cauce natural que da paso a un mirador, desde donde es posible apreciar un exquisito ángulo del “espejo” de la Laguna de Masaya.

La lama producida por la humedad del lugar ya ha ocultado varias insignias indígenas. Se estima que unas 200 figuras de círculos, caras zoomorfas y espirales conforman los Petroglifos del Cailagua junto a símbolos heliolátricos y geométricos, los cuales hasta ahora nadie ha realizado con seriedad su debida interpretación. Se asume que allí está “cincelada” la génesis de los antepasados de los masayas.

“No estamos salvaguardando nuestro patrimonio, de tal manera que eso ha quedado a la intemperie por muchos años, y ha sido desatendido. Siempre se habla del proyecto, que es lindo, que hay que hacer un camino de penetración”, comentó Eliseo Ramírez, Director de la Casa de Cultura “Alejandro Vega Matus”.

A su juicio es “urgente que las autoridades correspondientes pongan mano en eso (preservar los petroglifos) y busquen gente especializada para ir a recuperar estas figuras que son importantísimas para que le hagan un estudio para saber qué significa”, expresó el Director de la Casa de Cultura. No obstante, se declaró consciente de la “falta de voluntad” de las autoridades.

Orlando Noguera, alcalde de Masaya, al ser consultado sobre el estado de los Petroglifos del Cailagua dijo escuetamente a El Nuevo Diario que están interesados en preservarlos y que han hecho reuniones con el Instituto Nicaragüense de Cultura para tratar el asunto.

Refugio de vagos

El director de la Casa de Cultura de Masaya señala que el lugar se ha vuelto un refugio de vagos, por lo que ingresar es riesgoso para quienes se interesen en recorrer el sitio.

“Sería bueno que el Instituto Nacional de Cultura, o la sección de Patrimonio (Municipal) viniera a realizar investigaciones para restaurarlo… pero aquí todo se pierde, es lo lamentable del caso”, señaló el funcionario.

Ramírez afirmó que hace mucho tiempo el sacerdote jesuita Hildebrando Marías, hizo algunas interpretaciones de las figuras, “las publicaron pero hasta ahí quedó, no le dieron continuidad”.

Asimismo, rememoró que en 1948 tuvimos la presencia del diplomático Efraín George Squier, quien escribió un libro “Nicaragua y sus gentes”, en el que hace alusión a muchos aspectos de la vida cotidiana de Masaya.

Fue a los petroglifos, él era dibujante y en su libro publicitó todo lo que pudo observar de los mismos.

Paredón de más de 50 metros

El sacerdote Fernando Murillo, Director de la Escuela San Juan Bosco, lamentó el abandono de ese paredón con más de 50 metros y con alto valor histórico.

Según él, muestra de ello es que “cuando se señalizó la ruta para llegar a los petroglifos y al Santuario de los Duendes se encontraron varios utensilios indígenas con los que se formó el museo. Las personas que visitan el lugar traen algunos de los objetos indígenas”, mencionó el padre Murillo.

“No tocamos nada, nada. Al señor alcalde el período antepasado y el pasado le dijimos que estábamos dispuestos a ceder un terreno de enfrente para que continúe la calle y llegue a la cuenca del Cailagua, es solo hacer un puente y ya, porque si usted quiere ir al Estadio tiene que llegar al centro de la ciudad y dar la gran vuelta, pero si se construye sería bueno para los turistas”, enfatizó el sacerdote.

Por su parte Rodrigo Briceño López, 86 años, poblador de Bombanaci, que es parte de los terrenos donde se localizan los vestigios indígenas, cuenta que esos terrenos eran potreros, pero que un hombre conocido como “Cal y piedra” vendió.

“Uno es pobre, busca un lugar donde vivir. Me dieron un pedazo de terreno con la condición de dar pasada a los visitantes a los paredones con las figuras. A mí no me molesta que pasen por mi propiedad, me alegran un rato”, aseguró el poblador.

También comentó que hace años se realizaban unos fiestones en honor a la Cruz de San Pedro, ubicada en Monimbó.

“Ahora esas costumbres se han perdido, los jóvenes andan en otras cosas, pero los viejos vamos a luchar para que nuestros descendientes sigan con nuestra costumbres”, afirmó.

Mitología indígena

A escasos metros de los Petroglifos del Cailagua, se ubica el Santuario de Los Duendes, otra referencia cultural del pueblo de Monimbó, sitio donde aún hay quienes difunden como real la existencia de estos seres descritos como hombres pequeñitos con orejas largas y piececitos volteados.

No es raro toparse con pobladores de Monimbó que aseguran que por las noches se asoman en las laderas de la laguna unas “lucecitas” que creen son duendes jugando por el pasadizo del Cailagua.

Más apegado a lo histórico, el padre Fernando Murillo, Director de la Escuela San Juan Bosco, comentó que en ese lugar se realizaban las orgías y fiestas indígenas.

“Ahí existen cuatro pozas con aguas limpias, y a la orilla de la laguna una explanada para refrescarse”, detalló.

¿Cómo llegar a los Petroglifos?

Existen dos rutas para llegar a Los Petroglifos del Cailagua para apreciar los símbolos plasmados por quienes habitaron en la zona unos 500 años atrás.
La primera opción puede ser por el barrio Bombanaci, situado en el costado sur de la Escuela San Juan Bosco. Siguiendo la calle adoquinada puede preguntar por Rodrigo Briceño López, un poblador que siempre brinda pase e información para hacer la ruta.
También se puede llegar por la calle principal del reparto El Cailagua, camina por la calle adoquinada hasta llegar al tope, luego gira a la izquierda, donde debe ubicar a Carlos Miranda, otro poblador que da acceso al camino que conduce a un cauce natural.  
Se recomienda a los visitantes nacionales y extranjeros buscar el acompañamiento de un guía, usar botas para no resbalar debido a la lama de las rocas.
Asimismo, se recomienda llevar agua ya que deberá caminar aproximadamente unos 500 metros.
Al final de la travesía, llegará a una especie de mirador, donde podrá apreciar en toda su magnitud la belleza de la Laguna de Masaya.