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Álvaro Fuentes creció entre el ruido de un teletipo, pensando en ser médico. Primero quiso ser internista y luego ginecólogo, pero algo que él denomina madurez médica lo llevó a decidirse por la otorrinolaringología. Además de recorrer las playas del Pacífico sobre su UTV, recibe a diario a decenas de pacientes, algunos jóvenes, lo que lo hace advertir algo: "Vamos a tener una generación de sordos" a causa del uso de los audífonos.

Taca, taca, taca, taca. Suena el teletipo a cada momento informando sobre lo que acontece en el mundo. Álvaro Ricardo Fuentes, un niño sonriente que sin saber por qué dice que será médico, escucha el sonido del aparato sin inmutarse.

Del aparato ruidoso, recuerda Álvaro, hoy con 48 años, salían unos papelitos codificados con información.

"Yo crecí en ese ambiente. El teletipo de mi papá pasaba día y noche recibiendo noticias del mundo. Me acuerdo que teníamos que estudiar atrás y allí estaba el teletipo. Pasaba todo el día "taca, taca, taca, taca", sacando unos papelitos como codificados que eran los cables", cuenta.

Álvaro Fuentes es un hombre bajo, cuya característica principal es su amabilidad. Médico de profesión, otorrinolaringólogo para mayores señas, crecido en una familia de ocho donde abundaban la aventura, los periódicos y las sonrisas.

Hijo de un gran periodista

El periodismo, profesión que su padre Agustín Fuentes ejerció hasta hace poco, después que arribó a los 70 años, lo marcó aunque no lo suficiente como para que escogiera ese oficio. Aunque acepta que es un lector obsesivo de noticias.

"Yo no puedo dejar de ver los noticieros ni leer el periódico. Si no lo hago, siento que algo me hace falta".

Hace poco encontró un recorte de periódico en el que sale él y otro de sus hermanos vistiendo camisetas que tenían dibujados estetoscopios. "Da la casualidad que los dos que salimos con en el retrato, somos médicos", cuenta.

Primer médico de la familia

“Desde que tengo uso de razón yo decía que iba a ser médico, de hecho soy el primer médico de la familia”.

Para costear los estudios de la especialidad trabajó cinco años como visitador médico. "Me gustan lo clínico y lo quirúrgico, escogí ser otorrino porque había una necesidad en el país. Muy al inicio quería ser internista, ya en los años clínicos me llamaba la atención ginecología pero con una madurez médica decidí esta especialidad".

El médico y el mar

Sin embargo, hay algo que le atrae tanto como la Medicina que ocupa la mayoría de su tiempo. Es el mar. Viajar en la playa sobre su cuadraciclo o en su UTV, un pequeño carrito 4x4.

“Me he recorrido desde Masachapa hasta El Astillero a través de la costa, es un paisaje muy lindo, veo los esteros. También uno puede andar en estos vehículos por caminos rurales. Hay un grupo que se fue hasta San Juan del Sur, yo no me he podido ir porque requiere de mucho tiempo”.

Esta, su otra pasión la explica con más detenimiento: "Uno se va por la costa. A veces voy solo o acompañado con alguien, últimamente estamos haciendo grupos. Hay grupos de hasta 70. Por costa los viajes son muy eventuales”.

Heredó lo aventurero de su padre

Lo aventurero le vino de su padre. Para graficarlo mejor cuenta una anécdota: "Cuando mi papá trabajaba para ese periódico Flecha, fue a cubrir una noticia a Bluefields, a donde estaba llegando un buque mercante. El capitán del barco preguntó: ¿Quién se quiere venir conmigo? Mi papá levantó la mano, y se fue. Pasó seis meses en el barco. En ese tiempo no se había casado con mi mamá".

Según cuenta, sus padres y sus siete hermanos solían planear paseos. "A mi papá siempre le ha gustado viajar. Recuerdo que de pequeño, él agarraba unas portaviandas grandes que son unas cazuelas que en la parte de arriba tienen un agarradero, y nos íbamos a la orilla de un río, bajo un árbol frondoso. Aquello era sano, no estaba contaminado”.

Así, pues, en cualquier oportunidad se va al mar con su esposa, otra doctora. Su único hijo actualmente está estudiando una especialización en Alemania. A su criterio, la mejor playa del Pacífico es Pochomil. "Las de Rivas son bonitas pero el agua es muy helada y son bahías, Pochomil es una playa bella, amplia, yo la veo así".

Entre la playa y la medicina, su familia ocupa otro lugar destacado. Cualquier domingo es posible ver a los ocho hermanos Fuentes Pereira desayunando en algún restaurante de Managua.

una lapidaria advertencia

Con el tono afable que le caracteriza, Fuentes explica detalles de su especialidad y cae en un punto medular en este época: "Producto de los dispositivos que se escuchan con audífonos estamos teniendo a tempranas edades, disminución de la audición neurosensorial, que es irreversible, estos muchachos que se ponen la música a todo volumen están perdiendo la audición y probablemente en un futuro necesitarán auxiliares. Es un ciclo en el que la persona que los usa se va quedando sordo y le sube más".

Luego de esto habla de otro aspecto que al parecer la preocupa: “Hay un concepto de que la persona que usa auxiliares es como un discapacitado, pero es normal, ¿si se pone lentes por qué no se va a poner auxiliares?”

Y eso le mete otro tópico del que no puede dejar de hablar: la depresión que pueden sufrir las personas que padecen de problemas de audición. "He visto pacientes deprimidos porque no escuchan bien. La gente los aparta porque no escuchan, se aburren de repetirles”.