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Hace 15 años, era común ver en las calles de esta ciudad a niños y niñas con panas y canastos, vendiendo productos varios, caminando bajo la lluvia o el inclemente sol del verano y sin asistir regularmente a la escuela. Todo eso quedó para la historia.

“Somoto hoy es una ciudad libre del trabajo infantil”, afirmó Ariel Ponce, técnico del Instituto de Promoción Humana, Inprhu, ONG que inició un proceso de atención para cerca de mil menores que se encontraban en las vías públicas, realizando alguna actividad económica de subsistencia.

“Ahora nadie encontrará niño con una caja para lustrar zapatos. No hay menores realizando alguna labor en la ciudad”, añadió Fidelia del Carmen García Corrales, exfuncionaria del Inprhu, que durante 24 años trabajó el tema de la niñez trabajadora. Dijo que ocasionalmente se ven algunos que venden frutas, pero provienen de la comunidad Guasuyuca, de Pueblo Nuevo, departamento de Estelí.

Silvia Elena Jiménez, exfuncionaria del Ministerio de la Familia, afirmó que cuando se inició el proceso de erradicación del trabajo infantil, parecía una propuesta utópica.

Dania Martínez Mondragón, vicealcaldesa de Somoto, dijo que como autoridades locales no han hecho público un reconocimiento de que la ciudad está libre de trabajo infantil porque “deben ser las organizaciones, los ciudadanos, quienes deben solicitarlo”, apuntó.

La municipalidad junto con el Ministerio de Educación, de la Familia y el programa “Amor” atienden a menores cuyos padres trabajan en el mercado municipal. “Esto nos facilita que los niños no estén en el mercado, no anden vendiendo, sino que estén en la escuela que está al frente del mercado”, añadió.

Aprendiendo

“Las instituciones del Gobierno y el Instituto de Promoción Humana propusieron coordinarse e impulsar proyectos y así surgió la subcomisión del trabajo infantil en la Comisión de la Niñez y Adolescencia, que se encargó de realizar actividades”, recordó. Relató que impulsaron una campaña para sensibilizar a padres de familia y empleadores.

Jiménez reconoce que para atender la situación social, primero pasaron por un proceso de auto-sensibilización de los funcionarios y promotores participantes, porque la comprensión del fenómeno social era complejo.

“Nos dimos cuenta que hay tareas o acciones que los niños pueden desarrollar, tales como apoyar las labores del hogar; si había un negocio en la familia, el niño podía estar en eso, siempre y cuando no afectara su desarrollo físico y emocional, y principalmente sus estudios”, comentó.

Barrio de niños trabajadores

La otra pared difícil de romper era la resistencia de los padres, quienes siempre argumentaban que por la pobreza, sus hijos tenían que ir a trabajar y no mandarlos a la escuela. “Convencer al padre de familia era un proceso difícil para nosotros, y lograrlo no era de la noche a la mañana”, sostuvo.

El principal foco de trabajo infantil estaba en el sector de “Barrios Unidos”. “Allí encontramos una realidad que hacía temblar. El 96% de los niños era explotado laboralmente y desescolarizados. Por lustrar en la calle, vender tortillas o cualquier cosa, los padres los sacaban de la escuela, y sabíamos que el principal reto era volverlos a la escuela, porque la educación es fundamental para salir de la pobreza”, analizó García Corrales.

“Cuando asumí la dirección de esta escuela, existía un bolsón de niños que se iban quedando en el camino, porque los padres argumentaban que por la situación económica tenían que sustituir la educación por el trabajo”, recordó.

Reforzando las clases

Agregó que tanto en su centro escolar que imparte por la mañana como los que imparten en la tarde, no tienen niños que lo dediquen a trabajar en la calle. “Eso ya no existe”, aseguró la maestra. “El único trabajo que realizan después de salir de las aulas, es hacer las tareas que se les orienta”, afirmó.

La docente coincide con las demás opiniones, sobre que el menor puede apoyar en los quehaceres domésticos, siempre que no afecten su desarrollo.

Ponce dijo que para la sostenibilidad de este logro y como un mecanismo de prevención, Inprhu impulsa en cuatro escuelas del municipio, los clubes de reforzamiento dinámico, con el apoyo de maestros voluntarios. “Los niños dedican sus tardes a jugar, a reforzar las matemáticas, geografía, español y compartir”, explicó.

La erradicación del trabajo infantil en Somoto inició con el Instituto de Promoción Humana con un financiamiento de The Save Children. Una labor que motivó también la conformación de la Comisión de la Niñez y Adolescencia y una red social de protección, que fueron modelos en el país.

“Ahora queda como un reto, no existe, y cuando aparece es de forma reactiva y no propositiva”, señaló Ponce. Observó que es oportuna su reorganización con participación de todos los actores gubernamentales y de la sociedad, para aprovechar los programas a favor de la niñez. La vicealcaldesa Martínez Mondragón dijo que el funcionamiento de dicha instancia debe ser liderada por organizaciones y ciudadanos.

Prohibición le benefició

Aurora Moreno Osorio, 62 años, con 11 hijos procreados, recordó los tiempos cuando mandaba a sus hijos mayores a vender periódicos y golosinas que ella misma preparaba.

“Ellos lavaban furgones en la Aduana (cuando estaba en Somoto), ya después que entraron a Inprhu, allí me dijeron que no los mandara a vender. Les agradezco a ellos que se preocuparon por mis hijos, ahora tengo a uno que es ingeniero y la otra es licenciada, y dos que estudian Trabajo Social. Ninguno de mis nietos sabe lo que es trabajo infantil, como lo vivieron mis hijos”.

100% en retención y matrícula

Un indicador que ratifica el éxito en la erradicación del trabajo infantil es la presencia total de la niñez en la escuela, como en el centro “Monseñor José del Carmen Suazo”, donde su directora, María Elsa Benavides Flores, aseguró que se mantiene el 100% de retención escolar y 100% de matrícula, incluso que este año se incrementó de 520 a 872 ingresos.