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La película se me ocurrió mientras me bañaba en tu casa –dice Stef Biemans.

-¿Eso fue antes o después que te pasé el jabón?, le responde Gerardo Sánchez.

Ambos sueltan una carcajada y empiezan a contar cómo fue realizar un viaje de cuatro días desde Masaya hasta llegar a San José, Costa Rica. Se fueron sin documentos, cruzando caminos, pidiendo aventones, trabajando para conseguir dinero, para cruzar de manera “ilegal” aunque, como dicen, “nadie es ilegal en este mundo”. El motivo: realizar la película “Mojados”.

En el 2006, Stef y Gerardo se unieron para trabajar en un programa de televisión en el que ambos viajaron a lugares alejados de Nicaragua prácticamente sin dinero y pidiendo raid. Se llamaba: “Aventados”.

Siete años después del exitoso programa, decidieron volver a unirse para realizar esta película documental, con el mismo formato, en tono desenfadado, pero llevando esta vez su aventura más allá de las fronteras del país.

Desde que se conocieron dicen haber tenido esa “chispa”. Stef es periodista y tiene predilección por la televisión pero con historias sociales. “No me gustan los programas enlatados”, insiste. Este holandés se casó con la hermana de Sánchez.

Nacido en la pequeña ciudad de Nimega, Holanda, vino por primera vez a Nicaragua hace más de 10 años, a visitar a su padre que se jubiló y decidió retirarse en Masaya.

En tanto, el papá de Sánchez fue alcalde de Masaya, ciudad que tiene un hermanamiento con la ciudad holandesa. Así se conocieron.

Gerardo estudió Derecho en la Universidad Centroamericana, UCA, pero cuando conoció al que se convertiría en su cuñado, se vio atraído a incursionar en la televisión, porque el programa incluía “aventuras y viajar”.

En abril del año pasado decidieron irse. No sabían cuánto tiempo duraría el viaje, pero sí recibieron advertencias de algunas organizaciones de migrantes. Aún así, la decisión estaba tomada. Buscaron también consejos de los que se habían ido de “mojados”.

Su mayor temor era pasar la frontera, porque en lo de pedir raid ya son expertos. Con dos cámaras pequeñas, dos pantalones, tres camisetas y una mochila hecha de saco, más un equipo de ayuda de dos personas que les tomaban fotos y grababan tomas de recurso, se marcharon “al viaje”.

La película empieza con un ritual maya en el río Tipitapa, que les hace don Reymundo, un chamán que conocieron en Masaya, bañándolos para desearles “un buen viaje”.

“En esta nueva etapa de tu vida, llena de peligros por cierto, te baño para quitarte toda la densidad y la carga de todos los años de tu vida”, les dice el chamán.

Que no nos agarre la migra –le insiste Stef.

“Bueno, que se abra la frontera para ellos”, le responde el chamán, mientras están vestidos con inmaculados mantos blancos.

***

Los atolondrados compañeros deciden, no se sabe si por show o por descabellados, montarse en una balsa y navegar “río arriba” en el poco caudaloso Tipitapa, pero no logran avanzar mucho.

Gerardo asegura que todo lo que hacen es real, porque hacen una especie de reality show, muy espontáneo, sin guión y con mucha improvisación.

Desisten de navegar y se van por un camino lodoso.

“No es por nada, pero creo que esto es mierda”, comenta Stef.

“Nos regala agua para lavarnos”, le dice Gerardo a un señor de una vivienda cercana.

“¿Qué comió hoy?, ¿frijoles? Pues aquí los ando en los pies. Andamos los intestinos de toda Tipitapa”, agrega en tono jocoso el holandés.

Decidieron hacer esta película para contar la historia de los “mojados”. Miles de hombres, mujeres y niños que emigran de forma ilegal a Costa Rica en busca de una vida mejor o, en muchos casos, una vida, que en sus lugares de origen les resulta imposible tener.

Los “espaldas mojadas” o simplemente “mojados”, como se les llama en toda Centroamérica, reciben su nombre de los primeros tiempos de la emigración hacia Estados Unidos, cuando la principal forma de ingreso a ese país era hacerlo a nado por el río Bravo. Actualmente las rutas y los destinos de llegada han cambiado y se hace en la mayoría de casos a través de caminos desiertos, a donde con dificultad llegan las patrullas de vigilancia.

En su viaje, que duró cuatro días --de ida--, se encuentran a decenas de personajes que han hecho el viaje en múltiples ocasiones hacia Costa Rica.

“A veces te va bien, a veces te va mal”, le dice un joven de vientre abultado. Esa frase la repetirán muchas veces otros migrantes.

Uno de los personajes es un joven barbero que se ufana de haber pasado “mojado” en más de cuatro ocasiones por la frontera con Costa Rica, y ha burlado todos los retenes del vecino país.

Se hizo “millonario” y recibió una pensión por un accidente laboral en Costa Rica. Aunque al final todo se lo “atravesó” en licor, porque hasta contrató escoltas para que lo protegieran en sus parrandas.

“Es balurde porque no conocés a nadie. Te miran como basura”, les dice uno de los jóvenes entrevistados durante el trayecto.

Para Stef es duro encontrarse con esos testimonios y la principal lección que le dejó hacer este trabajo es que no hay que dejar su tierra por trabajo, porque acá podrían prepararse e incidir en el desarrollo del país.

Venden agua helada, leen poemas en los buses, trabajan en las plantaciones de naranjas, se convierten en repartidores de pizza y hasta en limpiadores de una discoteca gay. Esas son solo algunas de las aventuras que Stef y Gerardo viven en el transcurso de ese viaje que les cambió la vida.

“Allá a muchos les va bien, pero es difícil ver que porque les pagan mejor, muchas veces reciben maltratos”, reflexiona Gerardo.

Cuando viajan compran a “Camufle”, un cerdito que se convierte en su compañero de viaje, porque el principal consejo de todos los migrantes es que hay que regresar con ahorros.

“Es el símbolo del ahorro”, dice Stef. Aunque lo compran en el viaje de ida, el entrañable cerdito se convierte en un personaje primordial en la aventura de estos dos hombres migrantes “de película”.

El “coyote”, como se conoce al encargado de hacer pasar a los migrantes por puestos donde no hay guardia fronteriza, es, según los protagonistas de esta película, una persona silenciosa, desconfiada y que prácticamente obliga a contratar sus servicios. Chayito, el que los atiende a ellos, los hace esperar durante un largo tiempo en un paraje en medio de la nada, para finalmente aparecer y asegurarles que van a pasar “tranquilos”.

Stef tiene miedo de pasar un retén policial, pero animado por Gerardo y unos ticos que les dan un aventón después de la frontera, comprueban que fue más fácil de lo que imaginaban.

Una señora de 85 que trabaja en los cortes de naranja, otra que espera a dos hermanos que se fueron y nunca se supo más de ellos, o una madre que se vio obligada a viajar a Costa Rica para recuperar a su hijo raptado, son solo algunos de los personajes que se encuentran en el viaje.

“No a todos los nicas les va bien. No siempre vale la pena migrar, pero sobre todo no dejemos sola a Nicaragua”, les dice sonriendo una mujer que se fue hace algún tiempo al vecino país.

 

500 mil nicas en Costa Rica

Según el Embajador de Nicaragua en Costa Rica, Harold Rivas, existen legalmente 255 mil nicaragüenses en el vecino país. Pero también hay unos 300 mil que no tienen documentos de residencia.