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Matt Drudge recientemente conmemoró un aniversario de su sitio agregador de noticias con un mensaje en Twitter: “¡18 años de Drudge Report en febrero! (Y aún sentado)”.

Drudge, de 46 años de edad, no sólo ha estado sentado durante dos décadas. Como tantos empleados encadenados a su tecnología, ha estado encorvado sobre computadoras de escritorio, laptops, smartphones y tabletas, y todo le ha cobrado un precio a su cuerpo. Trata de limitar el tiempo que pasa sentado a cuatro o cinco horas al día, pero en ocasiones permanece sentado hasta 17 horas.

Para aliviar su dolor de espalda, cuello y hombros, dice Drudge, ha aprendido a ajustar su postura. Ya sea que esté tecleando en el auto, desde la silla de madera plegable en su oficina en casa en Miami o desde una banca en el paseo costero en los días nublados, se asegura de inclinar la parte superior de su pelvis hacia el frente, echar los hombros hacia atrás, estirar su columna y enderezar el cuello.

Drudge es una de miles de personas que se han entrenado con Esther Gokhale, una gurú de la postura en el Valle del Silicio. Ella cree que la gente sufre dolor y disfunción porque han olvidado cómo usar su cuerpo. No es el acto de permanecer sentados durante largos periodos lo que nos causa dolor, dice, es la posición que adoptamos.

Gokhale no está ayudando a oficinistas adoloridos con dispositivos de alta tecnología y terapias médicas. Más bien, dice que está volviendo a inculcar en sus clientes lo que ella llama una “postura primigenia”; una forma de sostenernos que es compartida por los bebés mayores y los niños pequeños y que dice era común entre nuestros ancestros antes de que encorvarse se convirtiera en una forma de vida. También es una postura que Gokhale ha observado durante la investigación que realizó en una docena de otros países, así como en India, donde ella se crió.

Para ser un método basado no en la tecnología sino principalmente en observaciones de la gente, ha sido adoptado por una multitud improbable: ejecutivos, miembros del consejo y miembros del personal en algunas de las compañías más grandes del Valle del Silicio, incluidas Google y Oracle; y usuarios intensivos de tecnología como Drudge.

“Necesito hacer cosas que tengan sentido y de las que pueda ver los resultados. El trabajo de Esther es así”, dijo Susan Wojcicki, de 44 años de edad y una de las vicepresidentes superiores de Google, que ha sufrido dolor de espalda y cuello que atribuye a hacer demasiado trabajo en su escritorio.

Gokhale no es la primera en sugerir que cambiar de postura es la clave para una columna sana. Los practicantes de la Técnica Alexander y los creadores del Instituto Aplomb en París ayudan de manera similar a sus clientes a encontrar formas más naturales y cómodas de acomodarse. El método Pilates y la terapia física pueden mejorar la postura y hacernos tomar conciencia de ella.

Médicos le envían paciente

Un puñado de compañías, como Lumo BodyTech, ahora venden monitores de postura personales, que ofrecen a los usuarios de smartphones retroalimentación constante sobre la forma en que acomodan sus cuerpos.

Los métodos de Gokhale no han sido probados científicamente, aunque un médico en la Fundación Médica de Palo Alto está planeando realizar ensayos clínicos para fines de año.

Pero Gokhale, que estudió bioquímica en la Universidad de Princeton y estudió en la escuela de medicina de Stanford, tiene cierta influencia entre los profesionales médicos, particularmente en el Valle del Silicio. Más de 100 le han enviado pacientes, y un número similar han tomado su curso, afirma.

Para muchos empleados de oficina en Estados Unidos, sentarse ante un escritorio todo el día va de la mano con el malestar de espalda, cuello y hombros. El estrés y la mala posición pueden producir dolores o agravar las lesiones entre los trabajadores que enfrentan fuertes tareas computacionales, viajes constantes y reuniones prolongadas. Sin importar la ocupación o el estilo de vida, los dolores de espalda afectan a la mayoría de los estadounidenses; alrededor de ocho de cada 10 enfrentan dolor en algún momento de su vida, según el doctor Richard Deyo, profesor de medicina familiar en la Universidad para la Salud y la Ciencia de Oregon.

Los gastos son enormes también. Según una estimación que apareció en The Journal of the American Medical Association, el costo nacional de tratar a la gente con dolor de espalda y cuello fue de 86,000 millones de dólares en 2005. Y como el dolor de espalda es una de las razones principales para la incapacidad del empleado, la ausencia del trabajo debido a estos dolores pudiera costar a los empleadores cerca de 7,000 millones de dólares al año, según un estudio.

Otros métodos de alivio

Para la mayoría de las personas con dolor de espalda, los dolores son breves y el alivio llega con el descanso y el tiempo, según Deyo. Pero los métodos para ayudar a aquellos con dolor crónico son diversos. Usar un escritorio estando de pie en el trabajo se ha vuelto una forma popular de aliviar el malestar. También se ha demostrado que el ejercicio, el yoga, la acupuntura y la terapia quiropráctica reducen el dolor. Los tratamientos médicos como cirugía y esteroides continúan siendo opciones importantes, dicen los médicos, incluso en medio de preocupaciones de que estos hayan sido utilizados en exceso.

Haleh Agdassi, una doctora de rehabilitación en la Fundación Médica de Palo Alto en California, atiende el dolor de espalda y cuello tan frecuentemente entre los que usan intensamente las computadoras que le llama el “síndrome del Valle del Silicio”. Ella alienta a los clientes a probar una mezcla de estrategias no quirúrgicas pero encuentra frustrante que los tratamientos para ese problema común sean sólo modestamente efectivos.

“No hay una fórmula mágica para el dolor de espalda”, dice. “Eso puede ser abrumador para los pacientes. Es una multitud ansiosa y vulnerable; están en busca de soluciones”.

En los cursos de Gokhale, ofrecidos en su estudio de Palo Alto, California, y en ciudades en todo Estados Unidos, los asistentes aprenden cómo sentarse, estar de pie, dormir y caminar. Aunque algunos de sus clientes toman clases privadas, muchos se inscriben en talleres grupales de ocho a 10 personas que se reúnen para seis sesiones de 90 minutos. Aunque los asistentes a menudo son extraños, las clases son informales e íntimas: La mayoría de los clientes usa ropa de yoga o conjuntos deportivos, y se ríen inoportunamente cuando Gokhale ajusta sus cuerpos.

Gokhale dice que la mayoría de los estadounidenses tienden a estar relajados y con los hombros caídos (piense en una columna en forma de C), o arqueados y tensos (una forma de S), el estilo de postura de pararse derecho que algunos padres demandan de sus hijos. Ella ayuda a sus estudiantes a hacer regresar sus cuerpos a la postura que dice pretendía la naturaleza: rectos y relajados (una columna en J).

Con el cuidado de una maestra de jardín de niños, Gokhale ajusta los cuerpos de sus clientes de abajo hacia arriba. Ayuda a los clientes a relajar el frente de la parte baja de la pelvis, de manera que la línea del cinturón se incline hacia delante y el trasero haga un ángulo hacia atrás, “de modo que su trasero esté detrás suyo, no debajo de usted” (en contraste con la pelvis neutral recomendada en Pilates y alguna terapia física).

Gokhale guía las cajas torácicas de los estudiantes que se inclinan demasiado hacia atrás, de manera que se nivelan con el estómago. Toma sus hombros encorvados, los echa para atrás y los hace bajar gentilmente. Y ayuda a los estudiantes a liberar la tensión de su cuello centrando de nuevo sus cabezas sobre sus columnas y levantándolas ligeramente a la línea del cabello en el cuello. El resultado es una columna estirada y bien alineada que muchos estudiantes dicen pueden mantener cómodamente porque sus músculos no se tensan.

Gokhale alienta a la gente a tomar la clase con compañeros de trabajo y familiares, para que los estudiantes puedan ayudarse recordándose unos a otros que acomoden sus cuerpos. Pero incluso quienes trabajan solos encuentran formas de recordar su postura.

Después de hacer un taller grupal con Gokhale este año, Drudge dice que muchas cosas ahora le recuerdan que haga ajustes: ver a otros con maña postura en Starbucks o el gimnasio, su reflejo al pasar en un escaparate, o sentarse en una silla para trabajar.

“Pero no me reprendo por ello. Cuando estoy consciente de mi postura, la corrijo”, dijo Drudge. “Y eventualmente, creo, se vuelve parte de uno”.

 

Billonario dolor de espalda

Según una estimación que apareció en The Journal of the American Medical Association, el costo nacional de tratar a la gente con dolor de espalda y cuello fue de 86,000 millones de dólares en 2005.

 

La posición

Ella cree que la gente sufre dolor y disfunción porque han olvidado cómo usar su cuerpo. No es el acto de permanecer sentados durante largos periodos lo que nos causa dolor, dice, es la posición que adoptamos.