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Para la familia Maclow Fenly el ajetreo de cada día comienza a las 6:00 a.m., cuando desayunan y toman el pico y la pala para ir a güirisear (lavar oro). Sin embargo, para Bernita, esposa de Mónico y madre de un batallón de ocho tuktan (chavalos), la jornada empieza con una hora de anticipación, cuando tiene que levantarse a preparar la comida de la mañana y el almuerzo que llevarán a la mina, donde ella es una más de quienes tienen que trabajar de sol a sol para extraer unas cuantas pepitas de oro, que es la fuente de empleo para muchas familias miskitas del municipio caribeño de Rosita. Al regresar a la casa, después de una jornada extenuante, ella tiene que encender el fogón para preparar la cena.

Doña Bernita cuenta que toda su vida ha trabajado en el duro oficio de la minería artesanal, incluso cuando estaba embarazada o cargando a sus hijos recién nacidos.

“Me acostumbré al pico y a la pala desde que era una niña, porque mi familia vivía de la minería, y lo único que me preocupaba era que se me enfermaran mis muchachos por la lluvia, el sol y los zancudos”, recuerda.

Otro temor permanente de esta güirisera era sufrir un accidente en la mina, donde son frecuentes los derrumbes y los deslizamientos de toneladas de rocas y de lodo, que a menudo sepultan a los mineros. De esto recuerda a una amiga de juventud, quien quedó aterrada y la rescataron viva, pero su columna vertebral quedó destrozada y ya no pudo volver a trabajar para criar a sus hijos.

Ironía

Bernita ha perdido la cuenta sobre la cantidad de oro que ha tenido fugazmente en sus manos. “Todo el producto de nuestro trabajo lo tenemos que vender para poder comer. Jamás he usado un anillo ni he colgado un collar dorado en mi cuello, sé que nunca lo voy a hacer. A los pobres solo nos toca escarbar la tierra para sacar unas pepitas para que los ricos tengan sus joyas lujosas.

Esta güirisera afirma que en un día de trabajo agotador pueden sacar un penique de oro (equivale a un gramo y medio), “por el que nos pagan unos mil y pico de pesos (córdobas); pero esa plata tenemos que repartirla entre varias personas, y a cada uno nos queda menos de 100 pesos”, explicó.

“No sabía que existe”

Cuando le preguntamos a Bernita cómo celebraría el Día de las Madres, responde: “No sabía que existe un Día de las Madres, pero para mí será normal, lo celebraré con el pico y la pala, de lo contrario no tendríamos para comprar la comida”.

En toda la subregión minera del Caribe Norte están registrados unos 5,000 mineros artesanales. “No existe registro exacto de la cantidad de mujeres que se dedican a esta actividad económica, pero la cifra crece día a día, porque muchas madres solteras se convierten en güiriseras y otras trabajan al lado de sus maridos”, explicó Jorge Campbell, un veterano minero artesanal.

En el Triángulo Minero es común oír decir: “La fulana trabaja lavando colas”. Alguien que no es de la zona puede creer que lo están vacilando con una vulgaridad, pero en el argot de los güiriseros, le llaman colas a los desechos de arena y de roca triturada que se descartan después de que se les extrae el oro.

Como se trata de piedras ya molidas, es más fácil manipularlas, y es por eso que muchas mujeres y niños se dedican a ‘lavar colas’ para probar suerte y ver si encuentran unas pepitas del ansiado metal dorado.

Sin embargo, en esta actividad y ante lo difícil que se vuelve encontrar oro, muchos güiriseros, entre ellos una gran cantidad de mujeres, lavan la arena y venden para la construcción.