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Lombardo Martínez Cabezas es directo al hablar, le molesta que lo interrumpan y sonríe poco. “No soy actor para decir mi fecha de nacimiento ni mi edad”, dice de entrada. Después con tono teatral agrega que nació “en fecha de 1942, un mes de diciembre”.

Una partera lo trajo al mundo. Contradictorio, según él, porque después se convertiría en un respetado ginecólogo “de tiempo completo” que ayudó a traer recién nacidos en Inglaterra, Nicaragua y en otras partes del mundo.

Pero lo de tiempo completo no es tan cierto. Porque ha hecho de ministro, de diputado, de embajador y hasta de columnista. Advierte que está acostumbrado a no ser un extraño cuando viaja en microbuses de la capital hacia Masaya. La última vez un joven le dijo: “Usted es Chespirito, ¿verdad?”

Y es que así lo bautizó el programa de televisión “La Cámara Matizona” cuando era diputado hace ya algunos años, y los caricaturistas de los diarios lo dibujaban como a los personajes del mexicano Roberto Gómez Bolaños.

Expulsado por comunista

Pero volvamos a su niñez, ya que este señor, quien trae puesto un sombrero de marinero y unos llamativos zapatos de goma, prefiere contar su historia de forma lineal.

Su padre era comerciante y viajaba con frecuencia a Chontales a vender artesanías. Por eso lo mandaron a estudiar allá cuando lo expulsaron de la escuela en Masaya.

“Me expulsaron por una nimiedad”, cuenta. Recuerda que su maestro de Literatura, al que describe como un señor atildado, acicalado y de una pulcritud enfermiza, lo llamó “comunista” porque como nunca fue religioso, hacía enojar con sus comentarios. Enojado le tiró una piedra a la bicicleta del profesor.

“Con el drama de perder un año, decidieron que me fuera a estudiar a Chontales”, indica.

Describe a su padre como un “simpatizante somocista” y a su madre como una “mujer práctica” porque se llevaba bien con todos.

Aún conserva el telegrama donde mandan a aceptarlo en el Instituto Nacional de Chontales, donde hizo dos años escolares en uno. Ahí conoció a “movimientos progresistas” y fue apoyado por maestros que fomentaban su “libre pensamiento”.

Ganó concurso de oratoria

Lombardo habla lento. Pausado. Como si dictara cada una de sus palabras. Recuerda que participó en el Concurso Nacional de Oratoria, que era un acontecimiento que reunía a estudiantes de todas partes del país.

“Era en el Club Managua, con un jurado riguroso de la época, me gané el primer lugar y eso me emocionó mucho”, expresa.

Luego insiste en que antes de ese concurso, cuando aún estudiaba en Masaya, participó en un concurso de oratoria en León y sus mentores fueron Sergio Ramírez y Alejandro Serrano Caldera, pero aún así fue vencido por José Rizo Castellón, quien representaba al Colegio Centroamérica, CCA.

La religión y sus padres

“Quizás de ahí viene mi deseo de estudiar a los jesuitas”, dice como en broma, aunque después agrega que quizás sea cierto.

Nacido en una ciudad donde “la iglesia establecía la agenda del día”, con una madre no religiosa y un padre extremadamente religioso pero que a la vez le inculcaba el amor por el Imperio Romano, se fue haciendo cada día más crítico.

Emigró a Italia

Enamorado de todas esas hazañas que le contaba su padre, decidió unirse a otros seis muchachos para emigrar e irse a estudiar a Italia.

Los primeros días fueron de un conflicto interno. Educado en lo que califica como “romanticismo”, se veía invadido por la nostalgia de Nicaragua. Finalmente decidió estudiar Medicina, aunque confiesa que todos esperaban que, dado su carácter, estudiara Derecho.

“Decidí estudiar Medicina porque quería darle un sentido más práctico a mi existencia”, comenta. Pero agrega que no es por esa ridiculez del “sacrificio”, sino que simplemente quería ver que hacía algo tangible por la sociedad.

Un ginecoobstetra formado en Inglaterra

Aunque le ofrecieron quedarse con una beca en Italia, se fue a especializar como ginecoobstetra a Inglaterra.

“Me ofrecían un buen dinero con la beca, pero preferí irme a estudiar fuera”, insiste. Al rechazarla, tuvo que aprender a sobrevivir con solo 100 dólares mensuales que recibía de su padre y, con un “bono” de 500 dólares que le mandaba una vez al año, cuando iniciaba el año académico.

Sin saber nada de inglés se aventuró a la especialidad en Inglaterra. Se encontró con una sociedad más librepensadora, pero sobre todo “antipapista”.

“Es que acá percibíamos a la iglesia desde una dimensión espiritual, mientras allá la ven como una dimensión de poder, un centro de autoritarismo absoluto”.

Le emociona hablar de la Iglesia

Aprendió a ser anticlerical, aunque no le gusta mucho el título. Comenta que empezó a comprender que la iglesia persiguió a todos los que se le oponían y por eso se inventaron el término hereje.

Para Lombardo Martínez, el ser “hereje fue un término que usaron con eufemismos cuando en realidad lo único que buscaban era no correr peligro de perder poder”.

Cuando empieza a hablar de la iglesia, el tono parsimonioso con el que hablaba se acaba. Es notorio que se emociona y va platicando como quien va impartiendo una lección sobre la historia eclesial.

Laico respetuoso

Empieza a contar, como lo hace en sus columnas de opinión, la historia del Vaticano. Insiste en que se sepa que el personaje del libro “El Príncipe”, de Nicolás Maquiavelo, está inspirado en el hijo del papa Alejandro VI.

Aún así, acepta que en varias ocasiones, por compromisos familiares, ha tenido que asistir a misas. Dice que no le incomoda. “Soy un laico respetuoso de los ritos que tienen”.

Cuando se le pregunta si es anticlerical, responde de inmediato que no. Aunque después agrega que lo es en la medida que la iglesia interviene en el poder.

Iglesia y poder

Vuelve a insistir que la historia de la iglesia es la historia del poder. Que incluso el régimen de Stalin estuvo inspirado y aprendió de la Inquisición.

Comenta que fue uno de sus profesores de Medicina el que lo “inyectó” en esa búsqueda de la verdad. Aunque cree ser bastante tolerante con las mentiras que disfrazan como verdades, aunque no las comparta.

“Soy un estadista”, sentencia. Por eso decidió en algún momento de su vida dedicarse a la política. Pero se encontró con una barrera y aunque quiso hacer cambios, los líderes liberales de su partido lo fueron apartando.

Cuando lo destituyó Alemán

Así, el entonces presidente Arnoldo Alemán lo destituyó del cargo de Ministro de Salud, algo que nunca lo tomó por sorpresa. Repite que se fue con la plena convicción de haber querido realizar un cambio en la gestión pública, haciendo transparente la administración de los recursos.

Sin embargo, vuelve a insistir que no se trata de ahora querer quedar como “el bueno o el malo”.

“Esas simplificaciones no van conmigo, simplemente quiero ser recordado por ser diferente”, afirma.

Escribir un libro

Lombardo Martínez Cabezas planea publicar un libro con sus artículos de opinión, para que las futuras generaciones aprendan del pensamiento crítico. “Ya que difícilmente me gané el paraíso, al menos quiero la gloria terrenal”, argumenta.

La foto que no fue con “Chespirito”

Sobre las comparaciones con “Chespirito”, el famoso personaje mexicano, no parece incomodarlo. Aunque sí dice que “ese programa”, en referencia a El Chavo del 8, es parte de la “subcultura”.

“El que no vea que es un programa que hace propaganda al poder, que deja ver que los pobres aunque vivan en la miseria son felices, es porque es tarado”, dice.

Sin embargo, una de las anécdotas que recuerda es que cuando iba a ser candidato a diputado, quiso aprovecharse de su parecido físico con el comediante mexicano. Pidió una reunión y se le concedió.

“Pensaba tomarme una foto con él (Chespirito) para hacerme propaganda, pero al final la señora de él se enfermó, y se canceló la reunión”, cuenta.