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Mi tío abuelo (hermano del padre de mi padre) fue un cultísimo personaje muy pronto olvidado. Hablo del granadino David Arellano Sequeira (12 de octubre, 1872-16 de octubre, 1928), quien no pudo realizarse a plenitud como intelectual, según lo auguraba su excelente educación en St. John’s College, Nueva York. Allí alcanzó ser inscrito en el Cuadro de Honor como uno de los mejores comentaristas de los clásicos griegos y latinos —me repetían en Granada quienes le conocieron y admiraron su poder verbal y la riqueza de su ilustración.

Políglota

El director del diario liberal La Noticia, Juan Ramón Avilés, afirmó de Arellano Sequeira al día siguiente de la muerte de este en Granada a sus 56 años: “Su memoria era prodigiosa. Poseía el inglés, francés, italiano, alemán; en griego recitaba La Ilíada; en latín La Eneida. Se le tenía como uno de los hombres más ilustrados del conservatismo”. Y así fue. Ello explica que el gobierno de entonces, presidido por Adolfo Díaz, decretara duelo oficial por su fallecimiento, deplorándolo y tributándole honores de Ministro de la Guerra. Los señores jefe político y alcalde de Granada, con el senador Demetrio Cuadra Pasos, fueron designados para asistir al sepelio en representación del gobierno y dar pésame a la familia doliente (La Noticia, 17 de octubre, 1928).

Para entonces, su padre Faustino Arellano Cabistán (1837-1905) tenía 23 años de fallecido. Aparte de su madre Luz Perfecta Sequeira Arellano (1853-1940), le sobrevivieron sus hermanos Narciso (1870-1950), Germán (1874-1947), Felipe María (1883-1935), Elena, Beatriz, más su esposa Rafaela Hurtado, cantada en 1885 por Rubén Darío.

The Fordham Monthly

Desde sus años formativos en St. John’s College, fundado en 1841 por el obispo John Hughes y regentado por los jesuitas a partir de 1846, Arellano Sequeira revelaría sus dones intelectuales. En efecto, la revista The Fordham Monthly recogió las producciones de su pluma, tras obtener en febrero de 1888 la más alta calificación (95) en humanidades clásicas. Frisaba en los quince años, pues el 12 de octubre cumpliría dieciséis y seis de residir en el college. Entre sus colaboraciones figuraban un ensayo sobre el descubrimiento de América y una biografía de Cervantes, probablemente la primera escrita por un centroamericano; un cuento (“A dream”) desarrollado en Roma: Cicerón era uno de sus personajes; cinco poemas en latín, artículos, crónicas y una crítica teatral, además de numerosos poemas en inglés.

Schooldays Rhymes

Uno de ellos inicia las Schooldays Rhymes (Fordham, N.Y., St. John’s College, 1891): un folleto de 52 páginas con 18 poemas en inglés, el primero que un nicaragüense elaboraba en ese idioma (en 1918 se editaría el segundo: Tropical Town and Other Poems). Decía el “Proem” de Arellano Sequeira: Cuando lejos en mi Sur nativo me encuentre, / mis cantos al viento del Norte entonaré / junto a los melódicos pájaros encantados de mi tierra. / Así escenas de ambos paisajes recordaré: / Trenzas de ébano matizadas de oro, / ojos negros y azules, rostros encarnados en rosa y oliva, / la pera creciendo junto al plátano, / el águila y el cóndor ala con ala, / las aguas del Lago George y las del Cocibolca, / las frías ráfagas del Norte y las brisas lánguidas del Sur. // Pero yo, vacilante juez, firme me mantendré, / en esta dulce disputa ambivalente, / como el brioso novio que se divide entre dos bellezas, / amando, fiel, igual, desbordante a las dos.

Pionero del beisbol

Desde Granada, el lunes 1 de febrero de 1892, mientras se disponía a viajar a Francia para estudiar Derecho, el joven de 19 años que era Arellano Sequeira escribía en inglés a uno de sus excondiscípulos en St. John’s College: “Estoy aburrido de esta caliente y polvosa dolce far niente aquí en la ciudad, y después del juego de beisbol de mañana con el equipo de la capital (…)” —traduzco el testimonio documentado más antiguo sobre la existencia del beisbol en Nicaragua. Por algo había sido uno de los introductores de este deporte en la región del Pacífico al organizar el conjunto de Granada y ganar al de Managua, como lanzador, el primer juego del que se tiene noticia, celebrado en el trillo Los Fallas (hoy colegio Bautista) el 24 de julio de 1891.

Beligerante opositor cívico a Zelaya

Cuatro años después, se graduaba de abogado en París (una fotografía, autografiada el 18 de diciembre de 1895, se conserva de él en la ciudad-luz). Luego enseñó en el Colegio de Granada, integró la Junta de Ornato de la ciudad, se dedicó a su profesión y a negocios; según Emilio Álvarez Lejarza, vendía granos y habilitaba mineros, operaciones por las que el mandatario liberal, José Santos Zelaya, le atribuyó mantener alto el valor del dólar.

Sin embargo, Arellano Sequeira no podía aceptar las contribuciones forzosas, confiscaciones, persecuciones y demás tropelías de Zelaya y se enfrentó a su régimen cívica, beligerante, valientemente. Así escribió y dio a imprimir volantes para refutar a los turiferarios de Zelaya y mantener la mística opositora. En una de ellas —un panegírico datado el 28 de febrero de 1908 sobre el líder conservador Alejandro Chamorro Argüello, recién desaparecido— lanzó en latín la consigna de la hora: Vivere fortes ante agamennona, que traducía: Portarse fuerte ante Zelaya.

Para provocar un conflicto diplomático entre los Estados Unidos y Zelaya, lideró el 4 de noviembre de 1908 una manifestación, pretextando celebrar el triunfo del presidente republicano sucesor de Teodoro Roosevelt, William Howard Taft. Naturalmente, la Policía disolvió la manifestación a garrotazo limpio y Arellano Sequeira, al día siguiente, era capturado y remitido a la Penitenciaría de Managua, de donde saldría el primero de enero de 1909.

Siete meses más tarde era conducido de nuevo a la Penitenciaría, donde permaneció hasta el 13 de diciembre, fecha de la renuncia de Zelaya. Dos días después, al llegar a la estación del ferrocarril en Granada, pronunciaba un discurso sobre “la horrorosa tiranía que durante 16 años ha pesado sobre Nicaragua” —consignó en su “Diario íntimo” Enrique Guzmán, añadiendo: “Hace un mes que semejantes palabras le habrían costado a David no menos de 100 palos y tal vez la muerte”. Arellano Sequeira tenía 37 años.

Oculto hasta el triunfo conservador

El 17 de enero de 1910, ya José Madriz en el poder, suscribió el artículo “In memoriam de Filiberto Castro y Anacleto Guanique”, quienes cumplían siete años de haber sido fusilados —y esparcidas sus cenizas en el lago de Managua— por orden de Zelaya. A continuación realizó diligencias como mediador político en Managua a solicitud del Ministro General de Madriz, Francisco Baca hijo. Mas, al regresar el 21 de enero a Granada, en el tren de las 5 de la tarde, un escolta gubernamental lo detuvo. Entonces Arellano Sequeira derribó al jefe de un manotazo, subió a un coche de caballos y pudo escapar, sin ser alcanzado por las balas del revólver que le descargó un esbirro.

Por eso permaneció oculto —detrás del altar de la capilla del Colegio Francés— hasta el triunfo de la revuelta libero-conservadora el 21 de agosto de 1910. En consecuencia, el 14 de septiembre de ese año disertaba en un cabildo abierto sobre el hecho decisivo en la caída de Zelaya: la ejecución de los norteamericanos Cannon y Groce.

Diplomático en Washington

El nuevo gobierno aprovechó el prestigio de Arellano Sequeira para designarlo enviado extraordinario y plenipotenciario en Washington. Su objetivo era obtener el reconocimiento de la administración de Juan J. Estrada. Como diplomático desplegó todos los recursos, incluyendo gestiones con el cabildero Mr. Hopkins, distinguido abogado, muy amigo suyo; pero ya la administración Taft había impuesto condiciones de vencedor a vencido a Nicaragua a través de su delegado Thomas Dawson y de los pactos que llevan su nombre. “Nos desprestigiarán en el mundo y prácticamente nulificarán la administración conservadora; si es que no la hacen desaparecer” —alertó Arellano Sequeira, en carta del 2 de octubre de 1910, sobre esos pactos antes que se firmaran.

Ministro de Instrucción Pública

Retirado de la vida pública, Arellano Sequeira volvió a ella, del 6 de enero de 1918 al 17 de septiembre de 1919, cuando asumió el cargo de Ministro de Instrucción Pública, nombrado por el presidente general Emiliano Chamorro. Una voluminosa memoria de su labor dejaría el enérgico funcionario, por quien se aumentó el presupuesto con la creación de un impuesto de 50 centavos sobre cada quintal de azúcar centrifugada, se promovió la formación de maestras, se editaron dos libros de texto (el Compendio de Historia de Nicaragua de Bernardo Portas S.J y los Elementos de botánica de Miguel Ramírez Goyena), fue creada la Facultad de Medicina en la Universidad de Granada y se hizo obligatoria la enseñanza del inglés en las escuelas graduadas de la república, entre otras acciones progresistas.

Durante los 21 meses a cargo del Ministerio de Instrucción Pública, Arellano Sequeira pronunció elocuentes discursos —desplegando citas en latín, francés e inglés que vertía al español— en defensa de la enseñanza religiosa y en las ceremonias de la jura de la bandera, por ejemplo, y dio a luz, en folleto, otro titulado: Discurso / del representante del gobierno / Dr. Dn. David Arellano / en la festividad del día de la Paz (Managua, Tipografía Nacional, 1918).

“Demóstenes cristiano”

Por lo demás, como abanderado de la ortodoxia católica, despidió al siglo XIX reafirmando su creencia en la compatibilidad de la ciencia con la religión. También escribió poemas en español: “La visión de Voltaire” (del 14 de noviembre de 1917) y dos sonetos de clásica factura: “Al beato Tomás Moro” y “María Estuardo (La reina mártir)”, ambos de marzo, 1926, por citar algunos. Tradujo a Shakespeare, a William Wordsworth (1770-1850) y a Roberts Burns (1759-1796); a Henry Wadsworth Longfellow (1807-1882) y a Alfred Tennyson (1809-1892), su poeta favorito en lengua inglesa. Colaboró en El Diario Nicaragüense firmando sus artículos con los pseudónimos El Asiático y El Conde de las Casas. Un serventesio alejandrino lo retrató: Demóstenes cristiano, con tu verbo sonoro / Haces vibrar las ondas del eterno pensar; / Derramas ideales, siembras el grano de oro. / Adalid en ti tiene la Patria y el Altar.

Pero el doctor Arellano —como se le conocía— pasó largas épocas de su vida, lejos del bullicio político, en su hacienda de cacao y ganado Cuacuajoche. Allí terminaría sus días, en voluntario olvido, releyendo la colección de clásicos griegos y latinos de la Universidad de Oxford, páginas que tras su fallecimiento sirvieron de papel higiénico en los excusados de la citada heredad rivense.

Tenía razón, pues, el rector del St. John’s College al escribir en 1892 al padre de David Arellano Sequeira, diciéndole que el destino de su hijo no era el de abogado, ni su campo el de Nicaragua, sino el de un sabio jesuita en los Estados Unidos.