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Todavía vestido con uniforme militar -lo podrá llevar hasta el momento en que sea declarado culpable-, Bradley Manning se sentó el lunes frente a la juez que presidirá su consejo de guerra -sin jurado militar por expresa decisión del soldado-, acusado de ser responsable de la mayor filtración de documentos secretos del Gobierno de la historia de Estados Unidos y que difundió la organización Wikileaks.

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La corte marcial se abrió tres años después de que el soldado fuera detenido en Irak en mayo de 2010 y tras rechazarse un acuerdo de último minuto, que abrió el lunes la puerta en la base militar de Fort Meade (Maryland, a unos 50 kilómetros al noreste de Washington) a uno de los mayores procesos militares desde los casos surgidos a raíz de la masacre de My Lai durante la guerra de Vietnam.

De 25 años, este soldado de Oklahoma destinado en Irak como analista de espionaje, ha admitido haber filtrado al grupo de Julian Assange más de 700.000 documentos clasificados y se ha declarado culpable de 10 de los 22 cargos que se le imputan y que le garantizan una sentencia de al menos 20 años de cárcel. La Fiscalía busca probar que Manning ayudó al enemigo -lo que le supondría la cadena perpetua, tras alcanzar un acuerdo para que no sea la máxima pena- y violó la ley de espionaje de 1917.

'Este es el caso de un soldado que sistemáticamente volcó información en Internet y en las manos del enemigo', declaró el capitán Joe Morrow, por parte de la acusación. 'Este es un caso sobre lo que pasa cuando la arrogancia se junta con información privilegiada', prosiguió el miembro de la Fiscalía, que aseguró que Manning dio información clasificada a Al Qaeda, la organización de Osama bin Laden, 'sabiéndolo' y 'consciente de que se beneficiaría de ella'.

'Si tienes acceso sin precedentes a una red clasificada 14 horas al día, siete días a la semana durante más de ocho meses... ¿qué harías?', escribió retórico Manning bajo la firma bradass87 en un chat de Internet. Esa frase fue utilizada el lunes por la Fiscalía como apertura de su alegato de presentación y prueba de que el soldado sabía perfectamente lo que hacía al copiar y entregar a Assange los documentos.

Bradley Manning, el héroe o el traidor -depende de con quién se hable-, parecía el lunes más diminuto que nunca y costaba imaginar que ese joven de aspecto aniñado fuera el culpable de haber puesto en jaque a la diplomacia norteamericana y ridiculizado al Ejército de Estados Unidos tras filtrar un vídeo en el que desde un helicóptero Apache los militares mataban a varios civiles en Irak en 2007 y acababan con la vida de dos periodistas de la agencia Reuters -un fotógrafo y un traductor-. Manning también filtró miles de documentos diplomáticos de EE.UU. que fueron publicados a través de Wikileaks por varios medios internacionales, entre ellos el diario EL PAÍS.

Acceso restringido a la prensa

De Manning dijo en su defensa su abogado, David Coombs, que era 'joven e ingenuo, pero bien intencionado' cuando cometió los actos que se le imputan, tratando de tener un impacto en la vida de otros. 'Creyó que si el público tenía acceso a la información, podía hacer del mundo un lugar mejor', explicó Coombs, alejado del podio y dando a su exposición de argumentos un aire teatral.

A finales de mayo, la juez militar Denise Lind cerraba un año y medio de vistas preparatorias y fijaba las reglas para un juicio que ya el lunes dio una prueba de las medidas de seguridad que le rodearán. Muchas de las pruebas son consideradas material clasificado, lo que significa que amplias partes del proceso se harán a puerta cerrada, sin público ni medios de comunicación. Ante las quejas, la juez consideró el uso de palabras clave para referirse a temas sensibles, pero descartó la idea por considerar que no funcionaría y solo complicaría las cosas.

El juicio a Manning es la mayor representación de la política de mano dura aplicada por la Administración de Barack Obama contra aquellos que filtran información gubernamental, que hasta el momento ha abierto seis casos bajo la ley de espionaje, más del doble de todas las efectuadas por todas las presidencias anteriores juntas. Hasta ahora, solo Manning ha acabado sentado en el banquillo de los acusados por ahora.

Se espera que el juicio se prolongue 12 semanas -el 23 de agosto es la fecha fijada para su conclusión-, con el testimonio de más de 150 testigos, 24 de ellos lo harán de forma confidencial. La juez Lind tiene la facultad de bloquear con un botón el sonido que llega a la sala de prensa -que llega con 17 segundos de retraso- cuando considera que se ha dicho algo que pone en peligro la seguridad nacional. A la sala del juicio solo se permite la entrada a 10 periodistas, provistos únicamente de papel y bolígrafo.

 

Defensores de derechos humanos piden transparencia

No está mal como ironía que sea precisamente el caso de Bradley Manning, el que haya llevado a Julian Assange y una coalición de activistas, a presentar una demanda contra Denise Lind, la juez que preside el consejo de guerra contra el soldado, debido a las restricciones que ha impuesto a la prensa al declarar muchos de los autos secretos e impedir el acceso a la información.
Para el Centro de Derechos Constitucionales (CCR, siglas en inglés), que es parte en la demanda, es un último intento por hacer transparente un juicio que estuvo precedido por el maltrato al acusado, tanto que la propia juez reconoció que Manning había sido sometido a un castigo injusto durante su detención en la base de los Marines en Quantico (Virginia), por lo que le concedió un crédito de 112 días a descontar de cualquiera que sea la condena que se le imponga finalmente.
'Si la demanda interpuesta falla', explican desde el CCR, 'el juicio a Manning se llevará a cabo bajo unas condiciones en las cuales los periodistas y el público estarán vedados a saber lo que sucede dentro del tribunal'.
Para activistas como Alexa O'Brien o Kevin Gosztola -que han cubierto todas las vistas que atañen a Manning-, se trata de un caso que marcará a toda una generación y sobre el que debería de haber la máxima transparencia.
A la entrada de la base militar de Fort Meade se concentraban el lunes bajo la copiosa lluvia una veintena de seguidores de Manning con carteles pidiendo su liberación y elevando a los altares a Assange -hoy recluido voluntariamente en la Embajada de Ecuador en Londres para evitar ser extraditado a Suecia, donde enfrenta cargos por abusos sexuales a dos mujeres-, a pesar de que este se haya asegurado de distanciarse todo lo posible del joven soldado ante el temor de que la Administración Obama acabe sentándole un día también a él ante un juez.