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La foto amarillenta se estaciona tres segundos en el vídeo. De fondo, Electric Avenue, de Eddy Grant. Y el escrito siguiente: “Sociodrama imitando a Cornelio”. Hay tres chavalos, uno de ellos mechudo, una mesa y otro chavalo más detrás de esta. No se distingue quién es Cornelio, pero se sabe que es un chele desgarbado a quien no le interesa aplacar su cabello, un alemán que llegó al país en julio de 1985 con tres toneladas de materiales informáticos, con la primera Macintosh que vino a Nicaragua y quien luego logró conectarnos a un servicio de correos electrónicos y conseguir, allá en 1989, el dominio .ni para la terminación de estos.

Cornelio, hoy con 63 años, parco como todo alemán, comenta en un chat sobre la foto en el vídeo: “Es que a mí se me conocía andando con una bolsita de Coca en una mano y un cigarrillo en la otra”.

Hace dos días lo contacté a través del Twitter, donde opina sobre diversos temas, pese a que lo suyo, lo suyito, son las Matemáticas, la Física y la Informática. El tuit fue básico: “@corneliusni necesito comunicarme con usted”. Dos minutos después de enviado, en la cuenta de Skype estaba una solicitud de contacto. Solicitud aceptada. Entra un chat:

- Entonces, ¿qué hay tan urgente?- escribe él.

- Hola, ¿cómo le va? Soy periodista de El Nuevo Diario, no tengo su número de celular, por eso lo contacté por Twitter...

- Skype es más barato...

- Lo estoy buscando porque cada semana publico un perfil en una página que se llama…

- ¿Y?

Me quedo atónita, pero como por chat se tiene la opción de asumir o no la vergüenza, vuelvo con mi necedad. Tras unas pocas frases más, accede con un seco: “Mire, si le interesa tanto, podemos charlar en mi oficina-biblioteca, en casa”. Eso sí, hay una condición que viene con mayúsculas incluidas: “Podemos hasta hablar sobre Nicaragua y su juventud, pero hay un tema que yo NO quiero que se trate: POLÍTICA, en particular esa del día al día”.

Tras mi promesa, llega un link donde está su dirección detallada en un mapa de Google Maps. Luego llega otro link, pero está en alemán y en él hay información sobre alguna teoría de Einstein que francamente no sé precisar.

Diez minutos antes de la hora acordada, estoy en su puerta. No quiero ser, además de impertinente, una impuntual. Nos reciben dos perros bóxer poco amigables y su esposa, quien nos indica que entremos a su biblioteca-oficina. De espaldas, el alemán seco con el que chateé, la eminencia, quien fundó la carrera de Ingeniería en Computación de la UNI, maestro de generaciones, y el que en 1988 logró que por medio del nodo email Peacenet nos conectáramos a la red de correo electrónico, está ido en su Toshiba, una portátil viejita y un poco polvosa.

Despeinado y sin zapatos, Cornelio Hopmann saluda, y para mi bien, su gentileza contradice esa imagen que de él se puede formar cualquiera que lee sus mensajes fríos vía chat. Hay libros por todos lados, viejos y en alemán la mayoría, unos pocos en español. Y hay un montón de fórmulas que nadie más entiende pero que él se toma la molestia de explicar, aunque sepa que la plática puede convertirse en una de sordos.

Cornelius Hopmann llegó al país a pedido de Enrique Schmidt, director de Telcor en la década de los 80. Su primer viaje fue en 1983, pero se asentó definitivamente en 1985.

Nieto de un reconocido astrónomo alemán por quien le pusieron Hopmann a un asteroide y a un cráter de la Luna; hijo de una médica y de un físico; graduado en matemática pura, con estudios en informática y funcionario de confianza del Centro Nacional de Investigación en Matemáticas y Computación de la República Federal Alemana, en Bonn, decidió venir a Nicaragua porque cuando se lo propusieron, se encontraba en una situación laboral difícil. Un nuevo gobierno había asumido y con él habían llegado nuevos funcionarios a dirigir el Centro, quienes por asuntos de confianza le quitaron todas sus funciones.

Así, pues, en 1985 empacó computadoras, cables, papeles para impresión, entre otros materiales. En total cargó con aproximadamente tres toneladas y se enrumbó hacia acá. Se ubicó en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y se metió de cabeza en la enseñanza de la computación.

Lo que sigue es una parte de la historia de nuestro país. Una decena de vídeos con esa historia, contada por diferentes voces, están colgados en la Youtube desde 2008, cuando varias generaciones de estudiantes de la UNI homenajearon a Hopmann por el papel que jugó en el desarrollo de la informática en Nicaragua, y le entregaron la Macintosh que trajo, la primera, valorada en 1985 en US$10,000, y que hoy solo parece ser un pequeño aparato amarillento con una pantalla oscura y una ranura para disquetes que él muestra entusiasmado.

“Antes de venir a Nicaragua ya trabajaba con precursores de internet. Una de las ideas que tenía era conectar a Nicaragua a un servicio de correo electrónico. Eso tardó un poco y nos conectamos en 88, pero ese mismo año solicitamos el dominio .ni”.

Aunque la historia se cuenta fácil, lo cierto es que sin las influencias de Hopmann y la ayuda del Centro, Nicaragua no habría podido ser el cuarto país en Latinoamérica en tener su propio dominio para correos electrónicos.

“En aquellos tiempos la oficina que autorizaba los identificadores nacionales era una oficina del Departamento de Defensa de Estados Unidos. La UNI solicitó que se le asignara el .ni para administrarlo. La gente del Centro de Alemania y otros, me ayudaron a convencerlos de que eso no era un riesgo”.

Con su ayuda y asesoría, los estudiantes de Ingeniería en Computación, carrera que él gestó, asumieron en 1989 la parte técnica del registro electoral. Fue en ese momento que lo llamaron de su trabajo en Alemania para que se reintegrara. “Les contesté: Lo siento mucho, mi Departamento en la UNI ha asumido un papel de importancia estratégica, vital para el país, y no puedo regresar”.

En los años 90 salió de la UNI. Aquí debe hacer un paréntesis, una crítica. Al entrar en vigencia la Ley de Autonomía Universitaria de las Instituciones de Educación Superior, en abril de 1990, perdió su puesto de Dirección en esa universidad.

Esta ley, dice Hopmann “es más revanchista” y “xenófoba que las leyes en otros países”. “Un nica, sin renunciar a ser nica, puede dirigir un Departamento en Harvard, pero alguien de Harvard no puede dirigir la Facultad de Ciencias Económicas de una universidad aquí, ¿cómo es eso?”

Desde que se jubiló, Cornelius Hopmann está enteramente dedicado a la investigación matemática sobre las conexiones entre la Teoría General de la Relatividad y la Mecánica Cuántica, de Albert Einstein. Aunque también le queda tiempo para polemizar en Facebook, Twitter, para escribir en su blog y para leer noticias.

“Hay un problema que el propio Einstein no supo resolver y sobre eso trata el texto que le mandé en alemán, que está traducido al inglés. La Teoría General de la Relatividad es una descripción continua y la descripción del mundo físico a través de la mecánica cuántica, es una descripción discreta, los dos tienen su origen en Einstein pero no son compatibles. Los dos fundamentos sobre los que está descansando la física moderna no compaginan”, explica. Le brillan los ojos.

De esta oficina solo saldría para implementar una carrera de Matemática y Física Teórica de primera categoría en Nicaragua. Una donde solo ingresen pocos estudiantes, “las pocas pepitas de oro”. Según su proyecto, esos pocos egresados después se especializarían en el extranjero y regresarían a enseñar científicamente en las universidades para elevar la calidad de la educación, tal como hizo la UCR y el Tecnológico de Costa Rica.

Este último tema sigue en otras pláticas vía chat por Skype, donde también me explica sobre física, mecánica cuántica y cuenta sus deseos por viajar por Nicaragua, postergados hasta ahora por asuntos de dinero y de tiempo.

“Con esos recursos insuficientes, hasta ridículos vistos hoy, se formó a ingenieras e ingenieros que ya en 1989 era capaces de montar algo tan complejo como el registro electoral o de conectar Nicaragua a la internet. Entonces cabe la pregunta: ¿por qué la universidad de hoy, con recursos en abundancia, no es capaz de formar ni ingenieros de la misma calidad ni mucho menos lanzarse a proyectos de semejante envergadura?”

La pregunta queda. El matemático que se enamoró de una nica y procreó cuatro hijos, tres de los cuales están en Alemania, continúa haciendo fórmulas, informándose, respondiendo chats --ya con menos frialdad-- polemizando en Twitter y en Facebook. Escribiendo y escribiendo.