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Francisco Ramón Sandoval, conocido como “El Muerto Vivo”, es una leyenda en el popular barrio de Xalteva, de la colonial ciudad de Granada. Su historia, digna de Ripley o de aquel gustado programa “Aunque usted no lo crea”, se remonta a junio de 1996, cuando este hombre canoso, de tez morena, salió rumbo a Managua a vender lotería, pero no regresó.

Un frondoso árbol de laurel de la india, en la calle Real Xalteva de Granada, es testigo del curioso relato. La historia, que se regó como pólvora entre los granadinos, empezó la mañana del lunes 4 de junio, cuando salió hacia la capital y desapareció.

Al día siguiente, al ver que no volvía a la casa, sus parientes desesperados recurrieron a hospitales, estaciones policiales y hasta a medios de comunicación para tratar de encontrarlo, pero no tuvieron éxito.

Transcurrieron los días y nada, hasta que a finales de semana, sus familiares recibieron una noticia inesperada sobre Sandoval, a quien cariñosamente llaman “Moncho”. “Fueron momentos de mucha desesperación”, recuerda su hermana, Bemilda.

“Nuestros familiares de Managua nos dijeron que había muerto atropellado por un bus, se encargaron de ir a reconocer el cuerpo a la morgue del ‘Manolo Morales’ y ahí vieron que el difunto usaba la misma ropa que Moncho llevaba puesta el día que se fue de aquí. Tenía, además, la misma cicatriz en la ceja y los rasgos físicos”, añade la hermana.

Resultó imposible determinar más detalles del rostro debido a que el cadáver estaba parcialmente desfigurado producto del accidente. Asumiendo que el cuerpo era el de su pariente, hicieron los trámites para el traslado a Granada y todo lo necesario para el funeral.

La noticia pronto llegó a sus amigos, vecinos y conocidos que se congregaron la noche de ese viernes en la vivienda, ubicada en el costado norte del Parque de Xalteva, para dar el pésame a la familia y rezar por el alma del difunto. Incluso, dicen que contrataron los servicios de un reconocido fotógrafo granadino para que captara los momentos del entierro.

Sepultado en la bóveda D-23-09

A las diez de la mañana del sábado 8 de junio de 1996, el cuerpo fue llevado a la iglesia de Xalteva para la misa de cuerpo presente y luego trasladado al cementerio, donde fue depositado dentro de la bóveda D-23-09, muy cerca de donde hoy descansan otros miembros de la familia.

Doña Rosa María Sandoval (conocida como Miriam) y René Sandoval Sandino –padres de “Moncho”– regresaron a la casa sin poder apaciguar el dolor por la pérdida. El resto del día fue transcurriendo entre los abrazos y el consuelo de las amistades, hasta que unos vecinos con cara de asustados, llegaron donde la hermana, suplicándole que fuera a la esquina. Así que salió corriendo, dejando volada la comida.

“Al llegar a la esquina, unos vecinos me dijeron que mi hermano estaba en casa de doña Mandita Otero, yo les respondí que no jugaran con eso, que la situación era muy delicada y que no quería bromas, entonces insistieron y dijeron que no era broma… era la verdad”.

Bemilda llamó a su hermana (Rafaela) para ir a la casa de la vecina a comprobar lo dicho y ahí se vieron. “Nos abrazamos fuerte y le dijimos que esperara un rato, que íbamos a ir a la casa a hablar con mi papá y mi mamá porque ella padecía del corazón… pero aun así, mi papá se desmayó cuando lo vio”, cuenta.

Después del enorme susto y de los besos y abrazos, Sandoval relató lo que en verdad le había sucedido en Managua.

Golpeado y asaltado

Hoy, a media cuadra de donde lo velaron, narra a El Nuevo Diario que mientras vendía los billetes de lotería, varios sujetos lo acorralaron, lo golpearon y le quitaron todo lo que andaba, al extremo de dejarlo desorientado en una ciudad que prácticamente no conocía.

Aturdido quedó deambulando por las calles, en los alrededores del Mercado Oriental, donde agentes de la Policía Nacional lo detuvieron y lo trasladaron a la Estación Cuatro de la institución. “Me tuvieron preso hasta el jueves y después me sacaron porque comprobaron que yo no había cometido ningún delito”, relató.

Sin saber nada de lo que estaba sucediendo en su casa, permaneció en la capital hasta el sábado, cuando se dispuso a tomar un autobús que lo llevaría de regreso a Granada. Al llegar a la terminal, supo de la “tragedia” porque dos transportistas que lo conocían, visiblemente asombrados, le contaron todo.

¿Quién quedó enterrado entonces?

Pocos días después de aclarado el suceso, a la vivienda se presentaron la esposa y los hijos de un hombre originario de Managua, que sospechaban que su pariente estaba sepultado erróneamente en la bóveda de Sandoval.

De acuerdo con Bemilda, su familia tenía intenciones de colaborar con la viuda y los hijos del fallecido, pero se decepcionaron cuando supieron que estos –en realidad– andaban detrás de un terreno dejado por el hombre.

“Madre e hijos estaban enfrentados, peleando un terreno y querían que nosotros los apoyáramos. Vinieron a buscarnos algunas veces y nos preguntaron si les dábamos permiso de dejarlo enterrado ahí, les dijimos que sí, pero nunca más volvieron”.

Atendiendo la creencia religiosa, los Sandoval continuaron con el rezo de los nueve días y la celebración de la misa de primer mes, para encomendarle al Señor el alma del difunto, cuyo nombre no recuerdan, pero que aun así es considerado como un miembro de la familia.

Hoy el “Muerto Vivo” se toma la vida en broma, disfruta de los tragos de ron que le regalan sus amigos o los que él mismo compra y se “echa” bajo las viejas ramas del laurel de la india.

 

"Le doy gracias a Dios que le dio fuerzas a mi mamá para que aguantara el susto de verme vivo… ella padecía del corazón y de la presión y eso me preocupaba".

Francisco Ramón Sandoval

alias “El Muerto Vivo”