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  • The Economist

A un lado de una colina de baja altura en medio de Monterrey, la ciudad industrial más grande de México, se ubica Independencia, una colonia tan venida a menos que los burros aún transportan productos pesados hasta la cima. Del otro lado está San Pedro Garza García, uno de los vecindarios más ricos de Latinoamérica y sede de algunas de sus compañías más grandes.

En los últimos cuatro años, la enorme división social entre ellos ha sido borrada por la violencia. Primero el sonido de los tiroteos entre las pandillas de narcotraficantes que se enfrentaban en la colonia Independencia se extendía sobre la colina hacia las mansiones de San Pedro. Luego comenzaron los asesinatos en el propio San Pedro. En un lugar alguna vez considerado por sus residentes como más seguro que Texas, a solo unas horas de distancia por carretera, los asesinatos, robos de autos y extorsiones se tornaron incidentes cotidianos. Algunas familias ricas huyeron a Texas, y fueron calificadas de “cobardes” por Lorenzo Zambrano, el director ejecutivo de Cemex, la fabricante de cemento que es una de las empresas más grandes de Monterrey, y de México.

El trauma eventualmente produjo una reacción más constructiva.

Sociedad pasiva

“La sociedad era pasiva, permisiva y, en algunos casos, complaciente”, dice Maurico Doehner, un gerente de Cemex, cuyas oficinas centrales rodeadas de impecables jardines se ubican en el corazón de San Pedro. “Había un eslabón roto entre las autoridades y los ciudadanos comunes, y tuvimos que superar eso”.

Casi tres años después del exabrupto de Zambrano, Monterrey está empezando a dejar lo peor atrás, gracias en parte a la cooperación entre el gobierno del estado de Nuevo León, del cual Monterrey es la capital, y los industriales de la ciudad.

El número de asesinatos sigue estando por encima del promedio a largo plazo, pero su incidencia se ha desplomado recientemente. Los robos violentos de autos – las pandillas roban autos para llevar a cabo otros delitos – cayeron de 45 al día en julio de 2011 a ligeramente más de cuatro al día en abril. Las autoridades afirman que los líderes locales de los Zetas, una de las bandas del narcotráfico más temidas de México, están en gran medida prófugos, en la cárcel o muertos.

Purgar a la Policía

El sector privado ha ayudado al gobierno, con dinero y con experiencia técnica, para reclutar y operar una nueva fuerza policial.

La primera tarea fue purgar a la policial estatal y local de los infiltrados por las mafias de las drogas. El gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, dice que 4,200 policías fueron despedidos o encarcelados después de fallar en el detector de mentiras y otras pruebas. Al principio, las fuerzas armadas, principalmente marinos, fueron traídos para mantener el orden. Luego, con asesoría de los departamentos de recursos humanos de las empresas más grandes de Monterrey, el gobierno lanzó una campaña de reclutamiento nacional para crear una nueva fuerza policial estatal, conocida como Fuerza Civil.

Está compuesta por personas que nunca antes han trabajado en las fuerzas policiales. A los reclutas se les aplicaron pruebas sicométricas estilo empresarial y se les ofreció entrenamiento militar. Con más de 1,175 dólares mensuales, su salario inicial es del doble de lo que gana un policía normal. Los nuevos policías son albergados en recintos seguros que hacen difícil que las mafias del narcotráfico los sobornen. Los reclutas elegantemente vestidos patrullan Monterrey en jeeps, y los sondeos sugieren que disfrutan de la confianza de los ciudadanos.

Un grupo empresarial ha establecido un sistema de monitoreo, recolectando datos para comparar la seguridad en los nueve municipios conurbados de Monterrey. Algunas empresas han ayudado a financiar una red, conocida como Centro de Integración Ciudadana, para alentar a la gente a informar de los crímenes, incluso los cometidos por la Policía o por el Ejército. Ha ayudado a las personas a superar su enorme desconfianza hacia aquellos que supuestamente les protegen.

La nueva asociación sufrió tensiones cuando el gobierno de Medina elevó un impuesto sobre nómina de 2 por ciento a 3 por ciento este año, principalmente para ampliar la Fuerza Civil de 3,300 a 7,000 agentes para 2015, según Jorge Domene, el jefe de la oficina ejecutiva del gobernador. Los empresarios se quejaron de que el dinero estaba siendo malgastado en un sector público inflado y cargado de deuda. Domene rechaza las críticas, diciendo que el impuesto está destinado a recaudar 1,600 millones de pesos extras al año, lo cual permitirá que se duplique el presupuesto de la Fuerza Civil de unos 800 millones de pesos.

Reprenden a empresas

A su vez, reprende a las empresas por su tacañería.

“Les estamos agradecidos”, dice, “pero en los dos últimos años no han gastado más de 100 millones de pesos en seguridad”.

Pedro Torres, un experto en delincuencia del Instituto Tecnológico de Monterrey, dice que algunas características singulares de Nuevo León han contribuido a la caída en la delincuencia, lo cual podría hacer que la experiencia fuera más difícil de repetir en otras partes. El sector privado de Monterrey es un poderoso contrapeso al gobierno, dice, y su voz se escucha cuando habla. La ciudad tiene medios vigorosos y sus universidades son independientes e influyentes.

Sin embargo, Monterrey podría ofrecer lecciones a la Ciudad de México, donde la delincuencia tradicionalmente era baja debido a una saturación de vigilancia. Sin embargo, el mes pasado 12 jóvenes fueron secuestrados de un centro nocturno en la Zona Rosa, en el centro de la ciudad. Se dice que dos son hijos de pandilleros que supuestamente controlan el comercio de drogas al menudeo de la ciudad. Consolidar la seguridad en Monterrey significará ofrecer mejores empleos y educación a los jóvenes en barrios pobres como la colonia Independencia, de manera que eviten la delincuencia violencia.

Es demasiado pronto para cantar victoria: En el anteriormente de moda Barrio Antiguo en el centro de la ciudad, muchos bares que sufrieron tiroteos frecuentes siguen recubiertos de tablas de madera. En San Pedro, sin embargo, la vida nocturna está reviviendo. Y en la colonia Independencia, el grafiti de los Zetas ha sido recubierto con vibrantes murales que dicen: “Veo la paz, soy la paz”.

 

Limpieza policial

El gobernador de Nuevo León, Rodrigo Medina, dice que 4,200 policías fueron despedidos o encarcelados después de fallar en el detector de mentiras y otras pruebas.

 

Un tema común

Monterrey está empezando a dejar lo peor atrás, gracias en parte a la cooperación entre el gobierno del estado de Nuevo León, y los industriales de la ciudad.