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Los trabajadores de ayuda en ocasiones culpan al suministro, al parecer ilimitado, de arroz importado barato de Haití por los problemas del país para alimentarse solo. Más de la mitad de la población vive de la tierra, pero el país sigue importando la mitad de sus alimentos y 80 por ciento de su arroz. Diri Miami, como se conoce localmente al arroz importado de Estados Unidos, ha sido un alimento básico durante los últimos 30 años.

Las importaciones prevalecen en parte porque, a 3 por ciento, los aranceles de importación de alimentos de Haití están entre los más bajos en el Caribe. Esto, combinado con los generosos subsidios a los agricultores estadounidenses, significa que el arroz es más barato que los alimentos producidos localmente. Muchos han argumentado a favor de aranceles más altos para proteger a los agricultores locales, pero una nueva campaña para mejorar la autosuficiencia pretende no elevar los aranceles sino volver a la agricultura haitiana más eficiente; y cambiar también la dieta haitiana.

El Presidente Michel Martelly ha declarado que quiere que Haití esté produciendo 60 por ciento de sus propios alimentos en un plazo de tres años. Hasta ahora no se incluyen en la agenda aranceles más altos. Aunque pudieran socavar a los agricultores locales, los productos agrícolas extranjeros baratos al menos significan que “la gente tiene comida en la mesa”, dice Pierre Gray Mathieu, director de la unidad de seguridad alimentaria del gobierno.

“Un gobierno debe tomar una decisión”, dice Mathieu. “Se debe alimentar a la gente, o habrá costos políticos”.

A corto plazo, al menos, elevar los aranceles pudiera ser desastroso para un país donde tres cuartas partes de la población viven con menos de dos dólares diarios. Ya una de cada 10 personas pasa apuros para ingerir una comida al día y la mitad ingiere sólo dos comidas, con cantidades mínimas de carne, verduras, huevos o leche.

En vez de ello, Martelly quiere duplicar la producción de arroz introduciendo técnicas agrícolas más eficientes, con la esperanza de elevar las cosechas. Funcionarios del Ministerio de Agricultura quieren desacelerar la erosión del suelo con programas de reforestación y de gestión de cuencas, y asesorar a los agricultores en selección de semillas, preparación de suelos y técnicas de cultivo.

Hay algunos signos esperanzadores: En mayo, Naciones Unidas predijo que la cosecha de arroz de este año sería casi una cuarta parte más alta que el año pasado, cuando los cultivos fueron dañados por los huracanes Isaac y Sandy, y ligeramente más alta que la tendencia de los cinco años anteriores.

Haití ha logrado éxitos en la agricultura en el pasado. Durante un auge agrícola en los años 80, antes de la rebelión de 1986 que derrocó al dictador Jean Claude “Baby Doc” Duvalier y desencadenó años de inestabilidad, un programa llamado “bon te, bon teknik, bon rekolt” (“buen suelo, buena técnica, buena cosecha”) elevó la producción promedio de alubias en más de cinco veces, según Marcel Augustin, quien dirigió el proyecto y ahora es jefe de política de cultivo en el Ministerio de Agricultura.

Sin embargo, elevar la producción nacional llevará tiempo. Aun cuando el ambicioso plan de Martelly para duplicar la producción de arroz tuviera éxito, esto aun produciría apenas la mitad del arroz que se consume. En el auge de los 80, la producción de arroz nacional era igual a sólo un tercio del consumo de hoy. Augustin dice que darle la voltereta a la industria agrícola pudiera requerir dos décadas.

Por esa razón, sugiere, los haitianos deberían ser alentados a cambiar sus hábitos alimenticios y a adoptar la dieta de sus abuelos. Los cultivos locales como el maíz, la mandioca, el sorgo, el camote y la batata eran los productos básicos de generaciones pasadas, que incluían arroz como un manjar dominical. Crecen fácilmente en Haití, dice Augustin, y ofrecen una alternativa nutritiva al arroz.

Las agencias de ayuda extranjeras también están cambiando sus políticas en una forma que podría beneficiar a los agricultores locales. La Agencia para el Desarrollo Internacional de Estados Unidos (USAID, por sus siglas en inglés) ha distribuido trigo, aceite de cocina y otros alimentos traídos de Estados Unidos en Haití, para irritación de algunos productores locales. Eso cambió después del sismo de 2010, que destruyó el único molino de harina de Haití, lo que significó que las ONGs que trabajaban con USAID ya no pudieran vender trigo estadounidense para financiar su trabajo. Desde entonces, se ha distribuido más ayuda en forma de vales de efectivo, que pueden gastarse en alimentos producidos localmente.

Ese programa debe ampliarse en septiembre, cuando la agencia empezará a distribuir 12 millones de dólares al año en vales de 50 dólares para que las familias más pobres los gasten en alimentos cultivados localmente. Es una pequeña buena noticia para los agricultores en apuros de Haití, y con el tiempo podría mejorar la exigua dieta de los haitianos.

Usaid implementa nuevas opciones

La agencia USAID empezará a distribuir 12 millones de dólares al año en vales de 50 dólares para que las familias más pobres los gasten en alimentos cultivados localmente. Es una pequeña buena noticia para los agricultores en apuros de Haití.

Más alimentos

El Presidente Michel Martelly quiere que Haití esté produciendo 60 por ciento de sus propios alimentos en un plazo de tres años.