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Ocho “pantuflas” afuera de la casa de Jim Chiltern son testigos de la frugal innovación de la industria de traficantes de personas de México.

Esos zapatos, piezas de mezclilla con suelas blandas diseñadas para no dejar rastro en el desierto de Arizona, han sido perdidos o abandonados por los inmigrantes ilegales que atraviesan el rancho ganadero de 20,234 hectáreas de Chiltern en Nogales, Arizona, que se extiende hasta la frontera mexicana. Chiltern las exhibe para que le ayuden a convencer a los visitantes de que, sin importar lo que pudieran decir los políticos en Washington, la frontera sur de Estados Unidos está lejos de ser hermética.

Si el país emprende una muy retrasada reforma de su sistema de inmigración, que incluya una vía hacia la ciudadanía para los 11 millones de inmigrantes ilegales que ahora viven ahí, podría depender de esta cuestión. El proyecto de ley que está siendo discutido actualmente en el Senado dedica 4,500 millones de dólares a seguridad fronteriza, incluidos más aviones teledirigidos, cercas y guardias armados. Aun así, muchos republicanos, recordando las multitudes que llegaron después de la amnistía del Presidente Ronald Reagan en 1986, quieren aún más.

El senador Marco Rubio (republicano de Florida), la persona clave de su partido sobre inmigración, ha dicho que el proyecto de ley necesita medidas fronterizas más severas para que tenga su apoyo.

La legislación también podría pasar apuros para transitar por la Cámara de Representantes controlada por los republicanos. El 18 de junio el representante John Boehner (republicano de Ohio), líder de la cámara baja, sugirió que no permitiría una votación sin el apoyo de una mayoría de los republicanos. El senador John Cornyn (republicano de Texas) dice que no debería concederse a ningún extranjero ilegal una tarjeta verde – es decir, la residencia permanente – hasta que la frontera sur fuera 90 por ciento hermética.

No está claro que esta meta tenga sentido. En la noche, conduciendo a través del rancho de Chiltern desde la frontera, que está marcada por una cerca de alambre de púas a la altura de la cintura, se vuelven evidentes las dificultades de medir la seguridad. Un agente fronterizo que pasa explica que un sensor terrestre ha detectado movimiento, y está en camino de investigar. Al preguntarle cómo detectará a alguien en la oscuridad, admite que es difícil. Usará una linterna y hará su mejor esfuerzo. Un agente al que encontramos un poco más tarde menciona con optimismo un helicóptero, pero no aparece.

La Patrulla Fronteriza, que está a cargo de detener a quienes cruzan ilegalmente entre los puertos de entrada oficiales, define su efectividad por el número de personas a las que atrapa – o a las que regresa – en proporción de aquellos a quienes detecta.

Según esta fórmula, la Patrulla Fronteriza en el sector de Tucson, que incluye al rancho de Chiltern así como el área en torno a un cruce oficial en Nogales, tiene una efectividad del 87 por ciento. Las estimaciones de la verdadera cifra general varían ampliamente, sin embargo, y algunos la sitúan en apenas 30 por ciento. Para un tema tan candente, los datos disponibles son, como lo señala un informe del Consejo sobre Relaciones Exteriores, “penosamente escasos”.

Las cifras son más claras en el lado de lo invertido. Cuando el Congreso abordó por última vez la reforma de inmigración, en 2007, había 15,000 agentes de la Patrulla Fronteriza. Hoy hay 21,000. Diez aviones teledirigidos Predator patrullan los cielos, cámaras montadas en torres salpican los desiertos y sensores terrestres monitorean los movimientos a nivel de tierra.

Mitch Merriam, vicecomandante del Comando de Campo Conjunto de Arizona, dice que tenía suficientes agentes hasta que los recortes por las retenciones forzaron a la patrulla a volverse “bastante creativa”. Según el Instituto sobre la Política de Migración, un grupo de análisis, la aplicación de la ley en la frontera cuesta 18,000 millones de dólares al año, más que todas las demás agencias federales de procuración del orden público combinadas.

Legalización mejoraría economía de EE.UU.

Para reforzar su argumento de que la frontera es segura, el gobierno del Presidente Barack Obama señala al descenso en detenciones en o cerca de ella. Éstas descendieron en 2011 y, conforme se ha vuelto hermético el otrora poroso sector de Tucson, hay signos de que la acción pudiera estarse trasladando al este de Texas. Las cifras de detenciones son un mal parámetro de la seguridad fronteriza, pero pocos discuten que, comparado con la gran actividad de fines de los 90 y principios de la década de 2000, la frontera hoy está tranquila.

¿Por qué es así? La economía probablemente importa más que la aplicación de la ley. La crisis de Estados Unidos costó a muchos inmigrantes ilegales sus empleos, mientras las oportunidades florecían de nuevo en México. En los dos últimos años, la economía de México ha crecido en un saludable índice de 3.9 por ciento anualmente, creando empleos, aunque con un salario mucho menor que el de los empleos en Estados Unidos.

A más largo plazo, la demografía probablemente también desacelerará el flujo de inmigrantes. La cantidad de jóvenes de 15 a 24 años en México y El Salvador empezará a declinar entre 2015 y 2020. Ya que quienes cruzan ilegalmente tienden a ser varones jóvenes, esto seguramente aliviará la presión en la frontera. Se pronostica que, durante los próximos 40 años, las tasas de fertilidad en ambos países declinarán por debajo de las de Estados Unidos.

Los muros y los aviones teledirigidos marcan una diferencia. Gordon Hanson, un economista en la Universidad de California en San Diego, atribuye a una seguridad más severa un tercio en el descenso en la migración entre fines de los años 90 y 2010. Gastar aún más dinero reduciría más los cruces, dice, pero cree que Estados Unidos ya está dañándose a sí mismo económicamente al gastar tanto para mantener fuera a los trabajadores.

Un nuevo informe de la Oficina de Presupuesto del Congreso, dado a conocer el 18 de junio, formula un argumento más amplio. Pronostica que el proyecto de ley de inmigración del Senado reduciría el déficit del presupuesto federal en 197,000 millones de dólares durante la próxima década y 700,000 millones de dólares durante la década posterior a esa. Incorporar a la legalidad a los trabajadores ilegales y permitir más visas para los recién llegados, tanto calificados como no calificados, elevaría la producción y la productividad de Estados Unidos.

La OPC predice que la economía sería 5.4 por ciento mayor en 2033 debido al proyecto de ley, y que los salarios promedio serian ligeramente más altos.

El senador John McCain (republicano de Arizona), co-autor del proyecto de ley del Senado, dice que una mejor tecnología permitiría a la Patrulla Fronteriza conocer casi con exactitud dónde y cuándo están cruzando las personas. También quiere incrementar las visas para trabajadores huésped y forzar a los patrones a verificar si sus empleados están legalmente en el país. Un 40 por ciento de los inmigrantes indocumentados de Estados Unidos han permanecido más allá del vencimiento de sus visas, añade, en vez de haber cruzado ilegalmente.

Una seguridad más severa empuja a quienes cruzan la frontera a áreas más remotas. En el desierto, a docenas de kilómetros de la cerca de acero y concreto de Nogales, las probabilidades de detección son más escasas. Sin embargo, también lo son las probabilidades de sobrevivir: El número de cadáveres recuperados por los agentes fronterizos ha permanecido estable aun cuando las detenciones se han desplomado. Como lo expresa Robin Reineke del Proyecto de Migrantes Desaparecidos, estos son los cuerpos que los agentes encuentran por casualidad, así que la cifra real debe ser más alta.

Ni la muerte en solitario por exposición es el único riesgo. Antes, los migrantes pagaban 300 dólares a un “coyote” en una ciudad fronteriza que los guiaba para cruzar. Hoy, los cruces ilegales son controlados por pandillas criminales, las cuales cobran más y se ocupan menos. Las rutas de contrabando de personas y de drogas se han fusionado, y muchos inmigrantes cargan fardos de yerba para financiar su cruce. Sus guías podrían agredirlos o abandonarlos, o quizá les roben su cargamento pandillas de delincuentes basados en Estados Unidos.

Deportación en aumento

Chiltern y su esposa, Sue, encuentran a menos personas cruzando en estos días, pero en ocasiones ven a personas portando rifles de asalto AK-47.

Reforzar la frontera tiene dos efectos inmediatos: Facilita atrapar a los inmigrantes ilegales y disuade a otros de hacer el intento. Elevar el costo del cruce debe excluir a algunos migrantes económicos.

Sin embargo, el número récord de deportaciones durante el gobierno del Presidente Barack Obama ha creado un grupo gigantesco de extranjeros expulsados con raíces profundas en Estados Unidos. Un sondeo entre los deportados recientes encontró que 22 por ciento tenía descendencia que eran ciudadanos estadounidenses. Es poco probable que los padres separados de sus hijos sean disuadidos por más helicópteros o una doble cerca. La política, dice Reineke, a menudo “obliga a las personas a elegir entre la muerte social y correr el riesgo de la muerte física”.

México quizá ya no sea un gran exportador neto de personas, pero es cada vez más un punto de tránsito para los migrantes de Centroamérica. Un creciente número de jóvenes están huyendo de la delincuencia y las privaciones en países como Guatemala y, particularmente, Honduras.

Las detenciones de lo que la Patrulla Fronteriza llama OTMs (las siglas en inglés de “otros que no son mexicanos”) crecieron de 51,000 en 2010 a 95,000 en 2012. La proporción de OTMs entre los cadáveres identificados por el proyecto de Reineke se duplicó entre 2000-2005 y 2006-2012.

Aun antes de que lleguen a la frontera, estos migrantes enfrentan condiciones peligrosas. Las autoridades mexicanas dicen que los secuestros de migrantes han aumentado a alrededor de 20,000 al año. Criminales organizados roban a los migrantes en un aterrador tren de carga conocido como La Bestia, que viaja desde el sur de México hasta el norte con migrantes aferrados al techo. En mayo, al menos 10 hondureños resultados heridos después de que criminales los arrojaron del tren, se dice que por negarse a pagar una extorsión.

La mayor parte de la frontera sur de Estados Unidos de 3,200 kilómetros de largo es más hermética que nunca antes. Un mayor uso de la tecnología de vigilancia pudiera reducir más los cruces. Sin embargo, el crecimiento en el número de personas procedentes de Centroamérica demuestra cuán fuertes siguen siendo los factores “impulsores” detrás de la migración.

Los políticas de Estados Unidos quizá encuentren o no una forma de declarar “segura” a la frontera. Sin embargo, si la economía de México tropieza o si la delincuencia violenta aumenta de nuevo, muchos encontrarán que los imanes de salarios más altos, empleos y seguridad al otro de la frontera resultarán demasiado poderosos para resistirse a ellos.

Efectivos se han multiplicado

Cuando el Congreso abordó por última vez la reforma de inmigración, en 2007, había 15,000 agentes de la Patrulla Fronteriza. Hoy hay 21,000.