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La ausencia de una red de alcantarillado sanitario para el 80% de la población urbana de Granada ha convertido a los arroyos en letrinas públicas de la ciudad. La falta del importante servicio en este destino, que capta a no menos del 25% de los turistas extranjeros que ingresan al país, está influyendo en un creciente uso de excusados o pompones que diariamente son descargados en los cauces naturales, que desembocan en el lago Cocibolca.

Un diagnóstico efectuado en 1995 por el Centro para la Investigación en Recursos Acuáticos (CIRA), demostró la presencia de coliformes fecales, E. Coli y estreptococos fecales en los cuatro arroyos principales: Zacateligüe, La Aduana, El Patito y Villa Pancasán.

Los resultados indican que por estos barrancos corren cantidades de desechos que amenazan no solo la salud del Cocibolca, sino también de la población granadina.

A la orilla de los cauces, siguen las viviendas, habitadas por personas de limitados recursos económicos, que utilizan estos canales para deshacerse del excremento. El arquitecto e historiador Fernando López expresó que la situación es similar en barrios de la demarcación sur del municipio, como El Pantanal, El Escudo y El Rosario, donde las familias se han asentado y construido letrinas sobre el manto acuífero de la ciudad.

“La filtración de estas letrinas es un peligro para las fuentes de agua. Por ejemplo, todo el sector del Rastro Nuevo que se ha venido poblando durante las dos últimas administraciones municipales representa una grave amenaza para el consumo de agua en un futuro cercano. Hoy no le estamos poniendo atención al asunto porque tenemos suficiente líquido, pero cuando no lo tengamos, vamos a lamentarnos”, advirtió.

Además de los coliformes fecales, López agregó que en los cauces hay presencia de residuos industriales, como aceites y grasas proveniente de empresas o fábricas, muchas situadas en la zona norte, sin mencionar las aguas con altas concentraciones químicas derivadas de los cultivos y que son arrastradas al Cocibolca durante el periodo de lluvias.

El historiador recordó que hace 40 años la gente podía, incluso, bañarse en estos arroyos. “Ahora eso es imposible, si alguien intenta hacer eso, lo menos que puede sacar es enfermedades en la piel y enfermedades de otra naturaleza”, dijo.

Heces en La Calzada

La carencia de alcantarillado sanitario no solo la padecen familias de bajos recursos, en el llamado Centro Histórico de La Gran Sultana, donde se supone que habitan los granadinos de mayor poder adquisitivo, también existe esta limitación. Sin embargo, la privación del servicio no es lo único que comparten estas familias, también la indolencia y el poco aprecio a la naturaleza.

En la popular calle La Calzada, por ejemplo, varios dueños de establecimientos turísticos tienen años de estar desviando las aguas de los sumideros hacia las cunetas, exponiendo así las aguas putrefactas y las heces por donde caminan turistas que vienen de todas partes del mundo.

La vicecoordinadora de la Cámara Nacional de Turismo, Canatur, capítulo Granada, María Isabel Cantón, refirió que la entidad ha tratado de frenar esta situación, pero ha sido imposible lograr el apoyo del Ministerio de Salud ni de la Alcaldía.

“En vez de llamar a la pipa encargada de la limpieza de los sumideros, mucha gente prefiere conectarse a las cunetas para ahorrarse los 2,000 córdobas que cuesta el servicio. Están corriendo las aguas negras a pocos metros de donde los turistas están comiendo o bebiendo y nadie actúa para detener esto. Me parece que estamos frente a un grave problema de salud pública”, dijo.

Medidas coercitivas

Cantón cree que a los granadinos les hace falta sensibilización y mayor educación ambiental. El arquitecto López considera que además es necesaria una medida coercitiva.

“En las condiciones en que se encuentra nuestra ciudad creo que no es suficiente con la persuasión, es necesario tomar medidas drásticas, hay que multar a las personas que continúen contaminando”, subrayó.

Francisco Solórzano, habitante de La Calzada, indicó que el problema se debe a que las tour operadoras, bares, restaurantes y hoteles instalados sobre la transitada calle están reactivando los sumideros construidos hace muchísimos años, para volver a usarlos, pero ahora con fines comerciales y no habitacionales.

“Con el boom del turismo las casas particulares las han convertido en negocios que siguen utilizando los mismos sumideros. Por ejemplo, en una casa en la que antes vivía una sola familia ahora alberga un hotel en el que se hospedan hasta 100 personas, imaginémonos entonces la carga que eso significa”, señaló.

Proyecto de gran impacto

Para evitar llegar a estos niveles, durante la segunda administración del alcalde, Luis Gerónimo Chamorro Mora (2001-2004) iniciaron las gestiones para empujar un proyecto de agua potable y alcantarillado sanitario destinado al área urbana de Granada. La iniciativa tomó forma con el apoyo de la Unidad de Cooperación Externa de la municipalidad que dirigía Benjamín Lugo.

El 24 de octubre del año 2006, el Gobierno de Nicaragua firmó con representantes del KreditanstaltfürWiederaufbau (KfW), un convenio de apoyo financiero para la ejecución del proyecto denominado “Mejoramiento y Ampliación del Sistema de Agua Potable y Alcantarillado Sanitario para la ciudad de Granada”, por un monto total de 12,925,837 de euros, en dos desembolsos, el primero de 12,025,837 (para obras) y el segundo de 900 mil euros (para capacitación del personal).

Los alcances planteados por los especialistas despertaron el interés de muchos granadinos, pero en siete años sin ver avances concretos, prevalecen más las dudas que la idea que esta situación se supere.

En septiembre del 2012, durante una exposición efectuada públicamente en Granada, funcionarios de Enacal explicaron que 133 mil habitantes tendrían mejor servicio de agua potable, lo que representaría el 100% de la población dentro de los límites urbanos definidos para el año 2020.

Dijeron también que 87 mil habitantes tendrían alcantarillado sanitario, incluyendo la población con infraestructura existente, lo que representa el 65% de la población del año 2020. Se evitaría que en los próximos siete años se viertan en el Lago de Nicaragua unos 9 mil metros cúbicos por día de aguas servidas sin tratamiento.

“Tengo conocimiento que durante la administración del alcalde, Eulogio Mejía, sufrió bastante atraso porque no se lograba -de acuerdo al convenio- proporcionar por parte de la municipalidad los terrenos donde se van a colocar los puestos de bombeo para el abastecimiento del agua; eso retrasó mucho la licitación y el inicio de este importante proyecto”, concluyó el arquitecto e historiador granadino.

Campañas han sido insuficientes

En 1,974, durante la primera administración de Luis Gerónimo Chamorro, una compañía norteamericana llamada Springs and Johnson, impulsó un proyecto de reforestación y preservación para que los arroyos de Granada fueran aprovechados incluso como senderos de recorridos turísticos.

Luego la Cooperación al Desarrollo de Dinamarca (Danida) financió una iniciativa de concienciación dirigida a las personas que habitaban en los alrededores de los cauces, se extendió durante un año, pero lamentablemente no fue sostenida.

Durante la administración de la alcaldesa, Tatiana Rakowski (1996-2000), la Agencia de Cooperación Internacional del Japón (JICA) brindó su apoyo a través de la instalación de rótulos en los barrios y comunidades aledañas a los arroyos, exhortando a mantener un ambiente limpio.

Estado actual del alcantarillado sanitario

Redes: Construido en el año 1975, consta de 31.4 kilómetros de tuberías.

Bombeo: Uno, que funciona en el subsistema de Villa Sandino.

Conexiones: 3.378 que son de servicio domiciliar.

Cobertura: 20% de la población total de Granada, unas 20 mil personas.

Estado actual del sistema de agua potable

Producción: 5 pozos con 25 mil 400 m3 / día.

Redes de distribución: 125 kilómetros con tuberías entre 50 y 600 mm. 45% son de AC; 44% de PVC.

Almacenamiento: 4 tanques con 8.327 m3.

Conexiones: 17,837, el 33% de ellas con medidor en buen estado.

Cobertura: 92,150 personas que representan el 94% de la población total de la ciudad.

Fuente: Enacal