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La abuela de Ana Carolina Belchior nunca trabajó fuera de su casa. Con seis hijos que atender, difícilmente tenía tiempo. La madre de Belchior fue maestra en Sao Paulo, como su hija, pero la ambición de su vida era tener una familia. Se casó a los 22 años, y tuvo al primero de sus cuatro hijos de inmediato.

“Yo pensaba en empezar a una familia cuando tenía sólo 21 ó 22 años”, dice Belchior, “pero era un sueño, no un plan concreto. Lo principal era que quería una carrera”.

Ahora de 30 años de edad y casada desde hace dos, Belchior – que tiene una maestría – sigue, como la mayoría de sus amigas, “programando” su primer hijo.

“Mi abuela le hacía todo a su esposo”, dice. Mi madre “sobrevivió y aceptó muchas cosas. Pero es mucho más fácil en estos días para las mujeres de mi edad y perfil educativo insistir en el comportamiento adecuado por parte de los hombres. No aceptamos el machismo ni el sexismo”.

La familia de Belchior cuenta la historia demográfica de un continente. Según nueva investigación realizada por Albert Esteve y otros en la Universitat Autonoma de Barcelona, Latinoamérica está dejando atrás un camino de matrimonio a edad temprana y grandes familias tradicionales por el matrimonio tardío y la maternidad postergada. Esta transición tomó a los países ricos 50 años, con cambios que ocurrieron de manera secuencial. En Latinoamérica, los cambios han sucedido en la mitad del tiempo y todos a la vez, resultando en un cambio social más rápido y menos predecible.

Cuando los países empiezan a desarrollarse, sus patrones de población cambian en dos formas. Primero pasan de altas tasas de natalidad y mortalidad temprana a bajas tasas de natalidad y esperanzas de vida más prolongadas. Durante este proceso, la población crece rápidamente al principio y luego más lentamente. El principal indicador de la desaceleración es una caída en la fertilidad. Latinoamérica está muy adelantada en este primer cambio demográfico.

Nacimientos tardíos en auge

La tasa de fertilidad de Brasil es ahora de 1.8 hijos por mujer, igual que en Chile. Esto está por debajo de la tasa de fertilidad de reemplazo, de 2.1, que estabiliza a una población a largo plazo. También es menor a la de Estados Unidos, donde la tasa es de 1.9. Latinoamérica y el Caribe vieron caer las tasas de fertilidad de casi 6.0 en 1960 a 2.2 cinco décadas después. En Estados Unidos y Europa esa caída llevó el doble de tiempo.

Ahora el continente está comenzando un segundo turno. Conforme las familias se vuelven más pequeñas, comienzan otros cambios, incluido el divorcio, el matrimonio tardío, la cohabitación y las madres que tienen hijos cuando son mayores.

En Europa y Estados Unidos este segundo conjunto de cambios entró en marcha una vez que la declinación en la fertilidad estaba muy avanzada. En Latinoamérica, en contraste, la cohabitación y los nacimientos tardíos están en auge mientras las tasa de fertilidad siguen cayendo. Esto está acelerando la caída de la fertilidad y también podría llevarla a un nivel menor.

La cohabitación se está multiplicando

La cohabitación ha sido común desde hace tiempo en la cuenca del Caribe, en parte debido al legado de la esclavitud africana. En otras partes, la cohabitación era más rara. En 1970, menos del 10 por ciento de las mujeres brasileñas y uruguayas entre los 25 y 29 años que estaban en una relación de pareja decían que estaban cohabitando. Para 2010, la mitad de las mujeres brasileñas de ese rango de edad estaban cohabitando, mientras que la proporción en Uruguay era de 71 por ciento. La mayoría de los países se encaminan a tasas de cohabitación de dos tercios o superior, más que en Asia o en gran parte de Europa.

El cambio ha sido encabezado por mujeres con menos educación y está sucediendo pese a la propagación del alfabetismo femenino. En Brasil y Costa Rica, las tasas de cohabitación son superiores al 50 por ciento para las mujeres con educación primaria solamente, pero menores al 30 por ciento entre las graduadas universitarias.

La cohabitación comienza estableciéndose entre las menos bien educadas, luego se propaga a aquellas con más escolaridad en una difusión de abajo hacia arriba.

En contraste, el retraso en la maternidad comienza con las graduadas universitarias y se extiende hacia abajo. Entre 1970 y 2000, alrededor de 30 por ciento de las brasileñas entre 25 y 29 hijos no tenían hijos, pero para 2010 la proporción había aumentado al 40 por ciento. En Perú, la falta de hijos entre las mujeres en ese grupo de edad se elevó de 26 por ciento en 1993 a 33 por ciento en 2007.

En casi todos los países latinoamericanos, la falta de hijos entre las jóvenes graduadas es dos veces mayor que entre las mujeres con sólo educación secundaria, un patrón común en el Este asiático y Europa también. Entre más educación tenga una mujer, más probable es que postergue tener un hijo.

Sin embargo, donde han caído más las tasas de fertilidad y ha aumentado más rápido la cohabitación, en Brasil, Chile, Perú y Uruguay, la postergación de la maternidad se está extendiendo también a las mujeres con sólo educación secundaria.

El Este asiático, Europa y Norteamérica experimentaron declinaciones de la fertilidad antes de la segunda ronda de cambios poblacionales, incluida la cohabitación y los nacimientos postergados. Esto significó que cosecharon primero su llamado “dividendo demográfico”, disfrutando del impulso económico que se da cuando el tamaño de la fuerza laboral aumenta en relación con el resto de la población. Eso les ayudó a crear sociedades más ricas con servicios sociales más extensos antes de que les afectaran los costos del envejecimiento.

Latinoamérica es diferente: Está cobrando el dividendo demográfico ahora, pero sigue luchando para crear buenos sistemas educativos y para establecer la beneficencia universal.

Tratar de hacer todo a la vez es más difícil. Sin buenas escuelas, la mayor parte de la gente que entre a la fuerza laboral no tendrá las habilidades necesarias. Sin un seguro social universal, los países lucharán pasarán apuros para atender al creciente número de retirados que comenzará a aparecer en pocos años.

 

Maternidad postergada

Según nueva investigación realizada por Albert Esteve y otros en la Universitat Autonoma de Barcelona, Latinoamérica está dejando atrás un camino de matrimonio a edad temprana y grandes familias tradicionales por el matrimonio tardío y la maternidad postergada.