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En los pasillos del Instituto Nacional Cristóbal Colón, de Bluefields, donde se imparte clases a 1,200 estudiantes de la Región Autónoma del Atlántico Sur (RAAS), todos lo llaman simplemente “profesor Salomón”.

Este maestro de generaciones tiene 67 años, y casi medio siglo en el servicio educativo. William Darwin Salomón se hizo maestro en 1968, y empezó esta noble labor en Nueva Guinea, cuando este municipio era un caserío y no había carretera.

“Recuerdo que me fui en una avioneta de Bluefields a Nueva Guinea. Parece que el Ministerio de Educación tenía convenios con el banco (nacional), que atendía a productores de esa zona. Así fue como salí la primera vez de mi casa y estuve cinco años ahí enseñando a los niños y a los padres de familia a leer y a escribir”.

Durante los dos primeros años en Nueva Guinea, que fueron una especie de servicio social, al profesor Salomón le tocó hacer una travesía para recibir su pago, que entonces llegaba a El Rama. Trece días le tomaba salir a la carretera que conduce a esa ciudad portuaria.

“Solo había caminos, teníamos que cruzar nadando algunos ríos, caminábamos en el día y en la noche nos subíamos a la parte más alta de un árbol. Amarrábamos nuestra hamaca y ahí descansábamos en la noche por temor a cualquier animal. Así llegábamos hasta El Chilamate, la carretera que nos llevaba a El Rama, y luego regresaba a pagar las deudas de alimentación que tenía”, cuenta.

Cuando empezó a ser maestro, Nueva Guinea “era una colonia, solo tenía su calle principal, una pista y los caminos, que se ponían horribles con las lluvias”, cuenta el profesor emérito del Instituto Nacional Cristóbal Colón, quien también fue nominado como mejor maestro, y fue educado en el Instituto Lasallista de Varones Cristóbal Colón.

“Estuve 10 años fuera de casa, cinco en Nueva Guinea, uno en La Batea, dos en Muelle de los Bueyes y varios años en el Puerto El Bluff, luego regresé a Bluefields, y desde entonces he estado impartiendo clase en diversos colegios, como el Hogar “Guadalupe Moreno”, Monseñor Mateo, San José, y en el Colón desde hace 23 años”, relató.

El profesor Salomón insiste en que el magisterio es un asunto de mera vocación. “En todos los tiempos los salarios del maestro han sido mínimos. Lo único que uno recibe es la satisfacción de formar profesionales y gente de bien, porque los salarios no cubren las necesidades básicas para pagar la luz, el teléfono, la comida y los gastos de la casa. Muchos de nuestros maestros tienen que contar con varias plazas para cubrir sus gastos, unos imparten clase en la mañana en una escuela, luego en la tarde en otra, y hay quienes hasta los fines de semana”.

Y aquí viene una confesión que el profesor comenta entre risas: “Gracias a Dios, ninguna de mis hijas se decidió por el magisterio. Yo tampoco traté de inculcarles la carrera, pero todas son mujeres de bien”.

Nacido y criado en el barrio Beholden, uno de los tradicionales barrios kriol de Bluefields, se casó dos veces y procreó seis hijas, tres de ellas son profesionales, dos administradoras de empresas y una ingeniera en sistemas.

Aunque tiene 47 años de ser docente, duda de cuántos años le reconoce el seguro social. “Hace ocho años solicité el reporte de mis cotizaciones y me salen como 30 años. Casi estoy de salida, y espero me reflejen mis años de servicio, si no solicitaré el apoyo a las autoridades”.

El profesor Salomón también es director del coro de la iglesia anglicana, realiza lectura de la Biblia en la misa dominical y está en la directiva parroquial de la iglesia.

Su sueño es producir la tierra y pasar más tiempo con su familia: “Tengo un terrenito cerca de la playa, ahí tengo coco y árboles frutales sembrados. Cuando me retire, quiero pasar más tiempo con la familia y respirar el aire fresco”.