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Era 1967, el edificio de cuatro pisos obra de la firma J. Cardenal h y R. Lacayo Fiallos tenía 21 años de haberse construido, y pese a ello, seguía superando en altura a la mayoría de las casas de Managua, sobre todo en ese sector.

El Palacio de Comunicaciones era un punto de referencia para los managuas, pero para él, un muchacho de escasos recursos, significaba también la oportunidad de tener un empleo digno, para continuar sus estudios.

Tenía catorce años y no era buena idea emplear a alguien tan joven, le habían comentado a sus familiares, pero por amistad lo hacían, y comenzó desde abajo, como cartero, en el trabajo de correos.

Iba casa a casa y a diferencia de lo que ocurre ahora, cuando la mayoría de las correspondencia responde a fines comerciales, tuvo el placer de ver los rostros agradecidos y felices de los destinatarios que ilusionados le preguntaban a diario por sus cartas, y una vez que llegaban a sus manos, hasta las olían para detectar en ellas el perfume del ser amado, cuando no habían muchos teléfonos y las comunicaciones de larga distancia eran una cosa muy cara.

Mi vida ha transcurrido aquí, esta institución ha sido mi único empleador, dice el señor Wilfredo Palma quien hoy, 40 años después de su llegada a esta institución, es jefe de la sección de transportación de Correos de Nicaragua.

Al graduarse de contador y con siete años como cartero, solicitó un cambio de plaza, pero para su sorpresa, fue promovido y becado para realizar, durante nueve meses en Costa Rica, un curso de la Unión Postal de las Américas, España y Portugal (UPAEP), que pretendía mejorar los procedimientos y actividades de los correos en la región.

“Fue una gran experiencia y gracias a ella pude apoyar el trabajo de reestructuración de los procedimientos de Correos de Nicaragua en la década de los ochenta. Puedo decir que en el único trabajo que he tenido en mi vida me siento realizado, soy parte de esta institución y conozco las grandes capacidades que tiene su personal, porque capacité a cientos de ellos en todo el país”, afirma el señor Palma.

Aún en la emergencia
Otro que recuerda como si fuese ayer su llegada al Palacio de Comunicaciones es el señor Julio César García, a pesar de sus 43 años de laborar en el lugar. “Yo siempre he sido cartero desde que llegué, he andado a pie, en bicicleta y en moto, ahora estoy dedicado al correo empresarial, aquí el tiempo pasa rápido y no se siente”, dice el señor García.

Para García, el correo ha sido una constante en la vida de Managua, como una institución que permitió que muchas familias siguieran aferradas a su terruño sin importar fenómenos naturales o guerras.

“Aquí el trabajo no se detiene nunca. Recuerdo que en 1972, para el terremoto de Managua, nosotros trabajamos, y como miles de casas se cayeron, se abrió una ventanilla especial que era la más activa, porque la gente venía a retirar o preguntar por su correspondencia”, expresó el señor García.

Llevando de todo
Actualmente, Correos de Nicaragua es la única institución que puede darse el lujo de transportar paquetería y cartas a nivel nacional a un precio accesible. De acuerdo con el señor Palma, transportan de todo, y lo más curioso que les ha tocado llevar en los últimos días es el motor armado de un cabezal al que mandaron a hacerle over all a Managua desde Puerto Cabezas, y después fue enviado de regreso.

Han llevado flores, ingredientes para comida, artículos de limpieza y motosierras, sobre todo después de la afectación del huracán Félix en la Región Autónoma del Atlántico Norte (RAAN). Por esta dependencia, según calculan sus funcionarios, pasan más de siete mil cartas por mes, sobre todo provenientes de los municipios del interior del país. Esta cifra parece ridícula, pero es la agonía de una institución que se resiste a morir frente al empuje del fax, del teléfono y de Internet, pues en los días de oro del correo nacional el flujo mensual de cartas podía contarse en cientos de miles.

Según el señor Palma, el correo no se terminará por dos razones: primero, porque no tenemos la capacidad económica para llevar tecnología a todos los rincones del país, y segundo, porque los nicaragüenses somos sentimentales y gustamos de escribir. Nos encanta ver la letra de la persona querida, y como prueba está el hecho de que la segunda quincena de noviembre y la primera de diciembre sigue siendo la temporada de mayor movimiento por el flujo de tarjetas navideñas.

Donde está y  como está
Un orgullo de los trabajadores de Correos de Nicaragua es que cuentan con un sistema que permite monitorear las cartas y paquetes, pues cada día, antes de salir a los distintos puntos del país, los envíos son anotados en un sistema computarizado a fin de que usted pueda reclamar si el paquete no llegó a tiempo a su destino.

Otro detalle interesante en Nicaragua que nos diferencia en cuanto a calidad del servicio de correos de Centroamérica, señaló el señor Palma, es que nosotros contamos con la aduana postal, una rama de la Dirección General de Aduanas que tiene su dependencia dentro de Correos de Nicaragua, para que la paquetería no se mueva de un lugar a otro. Aquí los paquetes llegan y son revisados con los procedimientos debidos a la vista de muchas personas, lo cual no da lugar a pérdidas.

“Podemos decir, gracias a nuestros procedimientos y sistemas, en qué lugar está y cómo se encuentra un envío, pues tenemos una dependencia que se encarga de la repela, como le llamamos, que es buscar con ahínco la dirección a la cual vienen los paquetes y cartas, y si no la encontramos, nos sentimos mal, porque debemos mandar el envío de regreso al remitente, por lo cual si usted espera una carta y no le llega, es bueno que siempre pase buscando información por nuestras oficinas”, afirmo el señor Palma.

Una costumbre que se desvanece
Escribir cartas y llevarlas al correo es una costumbre que se desvanece con el avance de nuevas tecnologías de comunicación, expresa Julissa Mercado, encargada de la primera exposición de filatelia dirigida a estudiantes que se realizó en el Palacio de Comunicaciones, con el fin de dar a conocer los servicios e importancia del correo, aún en nuestros tiempos.

“Los niños estaban interesados, preguntaban mucho, y ellos mismos decían que las cartas escritas a mano eran mejores porque podían incluir dibujos y colores. Esperamos poder repetir la exposición el próximo año”, manifestó Julissa.

Sobreviviendo
La sobrevivencia del correo en Nicaragua dependerá sin duda de los jóvenes y del reestablecimiento de una cultura de escribir cartas, pues a inicios de 2007 se informó que Correos de Nicaragua tiene un déficit de 50 millones de córdobas y no recibe presupuesto del Estado.

Pese a toda la actividad que se realiza y que los trabajadores se dividen en tres turnos para dar abasto a la demanda, en todo el país se cuenta con a penas 600 trabajadores cuya planilla se paga gracias a los servicios de mensajería empresarial. Los servicios básicos de Correos como agua y energía se pagan gracias al alquiler de los pisos 2 y 4 al ente rector de las telecomunicaciones en Nicaragua, Telcor.

Esperando dueño
El apartado postal número 1 espera por un dueño que permita que esa diminuta caja metálica que ostenta en relieve “República de Nicaragua” tenga actividad y no luzca como hasta ahora.

En otros países, el apartado postal número 1 está destinado al presidente de la República, algo que no ocurre en Nicaragua. El precio anual de un apartado postal es de 600 córdobas (30 dólares aproximadamente) y si usted quiere ostentar el mismo puede informarse en el edificio de correos, donde hay cientos de apartados esperando por un dueño.