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Esa mañana del 18 de julio de 1979, el teléfono repicó en la casa ubicada camino a Cartago, en Costa Rica, desde donde grababan la información que transmitía Radio Sandino. Dionisio Marenco contestó. El interlocutor comunicaba su rendición y se identificaba como un guardia con grado de coronel, de nombre Néstor Chacón.

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“Yo le dije: Sacá una bandera blanca. Me contestó que no tenía. Entonces le pedí que sacara una sábana blanca. Le pregunté por Somoza y dijo que estaba en Miami, me dio el número telefónico de él. Me contó que le estaba diciendo a (Francisco) Urcuyo que no se rindiera, que aguantara. Eso explica por qué Urcuyo no cumplió los acuerdos”, recuerda Marenco.

Un día antes, Marenco había regresado de Puntarenas, donde la Junta de Gobierno de Reconstrucción Nacional (JGRN) y los líderes guerrilleros se reunirían con el jefe de la Guardia Nacional, general Federico Mejía, para implementar el procedimiento de transición y organizar el mando conjunto.

Dicho acuerdo, rememora el general en retiro Humberto Ortega en su libro La Epopeya de la Insurrección, contemplaba que tras el nombramiento del presidente interino, en este caso Francisco Urcuyo Maliaños, la JGRN arribaría a Managua. En ese momento Urcuyo Maliaños entregaría la banda presidencial a monseñor Miguel Obando y Bravo, quien a su vez la pasaría a la JGRN, que decretaría el cese del fuego e integraría el mando militar conjunto.

Nada de eso pasó, porque el jefe de la Guardia, general Federico Mejía, en ese cargo tras la huída de Somoza, no se presentó en Puntarenas.

“Al alterarse los planes con las declaraciones de Urcuyo Maliaños (quien dijo que seguiría en el poder hasta mayo de 1981), los miembros de la JGRN, Violeta Barrios, Alfonso Robelo y Sergio Ramírez, se ven obligados a viajar bajo riesgos a la ciudad de León en una avioneta Cessna, acompañados de Alfredo César, de René Núñez y del doctor Juan Ignacio Gutiérrez. Antes de partir, el presidente (Rodrigo) Carazo les comunica fraternamente la cruda realidad: que su gobierno ya no puede tolerar la presencia de las fuerzas opositoras a Somoza en su territorio”, relata Ortega en su libro.

La llamada

Pero la llamada que recibió Marenco la mañana del 18 de julio cambió el panorama. “Le pregunté a este señor Chacón si tenía comunicación con el búnker ¿Me podés poner a Mejía?, le pregunté”, relata Marenco.

--Aló coronel --dijo Marenco cuando Federico Mejía se puso al teléfono.

--General --corrigió el nuevo jefe de la Guardia Nacional.

--Perdón, no sabía que te habían ascendido. Mi nombre es Nelson, soy del Frente…

--Un momento… --interrumpió Mejía cuando Marenco pidió que se rindieran.

--Ustedes están rodeados, si resisten habrá un baño de sangre porque les vamos a caer sobre Managua --insistió Marenco.

Mientras decía esto último, Marenco cayó en cuenta de que no tenía autoridad para negociar con la Guardia. “Yo estaba ahí de casualidad cuando entró la llamada”, dice ahora, a 34 años de aquel histórico suceso.

--Hagamos una cosa, general: a las 7:00 de la noche volvamos a comunicarnos, usted consulte con su gente y yo con la mía. Lo voy a llamar --le dijo después.

“Entonces salí a buscar a Humberto (Ortega Saavedra) para decirle que los guardias se querían rendir”.

Narra Ortega en su libro que “al atardecer del día 18 de julio, el general Mejía y yo iniciamos las históricas conversaciones que ponen punto final a la cruenta guerra”.

Marenco recuerda que entre el grupo que estaba en Palo Alto se encontraba un argentino, un guerrillero montonero llamado Fernando Baca, quien tenía un aparato para grabar las llamadas; además, Bernardino Larios, José Wenceslao Mayorga, Julián López y una argentina.

Desde Managua, un grupo de apoyo que estaba en la casa de Noel Rivas Gasteazoro les informaba sobre la situación que se vivía en Nicaragua.

Surge nuevo jefe de la Guardia

“Fueron horas de conversación, eso comenzó a las 7:00 p.m. Se habló con el coronel Manzano, con Mejía González, con un coronel Blessing. Les decían que no tuvieran miedo, que el Frente no les iba a hacer nada. Como a las 10 yo vi que eso no iba a ningún lado. Me dio sueño y me acosté. Pero a las 3:00 de la madrugada del 19 de julio, Fulgencio Largaespada, que estaba acantonado en La Aviación, toma el mando de la Guardia”.

Humberto Ortega lo cuenta así en su libro: “En la madrugada del día 19 de julio, el general Mejía decide renunciar al fracasar en su intento de lograr el cese al fuego en los términos que él plantea, entregando el mando al último jefe de la GN, coronel Fulgencio Largaespada… Desde Palo Alto le dicto al nuevo jefe de la GN, Fulgencio Largaespada, el texto de la rendición incondicional, que él inmediatamente lee a través del circuito de radio del Ejército a todas las unidades, las que aún resisten bravamente los embates de nuestras fuerzas”.

Y ahí la Guardia Nacional terminó de descalabrarse. El 20 de julio de 1979, los guerrilleros entraron a Managua a celebrar con la población el triunfo revolucionario.

 

El relato de Humberto Ortega

“En la madrugada del día 19 de julio, el general Federico Mejía decide renunciar al fracasar en su intento de lograr el cese al fuego en los términos que él plantea, entregando el mando al último jefe de la GN, coronel Fulgencio Largaespada”