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Alexis Argüello lo predijo. Un día, mientras lo miraba golpear el sandbag, sin tener él 10 años, comentó: “Vas a ser un campeón”. Hoy tiene 21 años y un título interino de campeón del mundo. Carlos “Chocorroncito” Buitrago, un chavalo flaco que mide 1.6, tiene mucho carácter, y, desde ya, una historia que contar.

El “Chocorron-cito” hoy está desganado. Tiene fiebre y 15 libras de más. Sentado en un sillón en su casa, en el barrio Andrés Castro, espera sin impacientarse, con semblante serio y las piernas cruzadas, a un equipo periodístico, mientras un hombre ubica una cámara en frente suyo.

El chavalo, flaco y bajito, no se inmuta. Tiene una pose imperturbable y no deja ver el malestar provocado por la fiebre causada por varios días sin la debida hidratación. La semana pasada, el 20 de julio, ganó el título interino de las 105 libras de la Organización Mundial de Boxeo (OMB), convirtiéndose en el décimo primer campeón mundial nica.

“Tras un primer round en el que no hubo ventaja clara, Buitrago se encaminó a un triunfo con una estrategia de pegar siempre de primero, basado en su mano izquierda que como pistón entró como cuchillo entre mantequilla casi siempre en el rostro de un Yedra que rígido, sin movimiento de cintura y de cabeza, recibía casi todo lo que le tiraban”, fue una de las crónicas deportivas que informaron sobre el hecho.

Hoy más relajado, aunque distante, Carlitos, como lo llaman en su casa, sus padres y hermanos, empieza el cuento de cómo se metió en el boxeo. El chavalo no titubea ni deja ver rastros de mínima inseguridad. De pequeño arrasó con todos los niños boxeadores y hacía parranda cuando no había peleador para él.

“Esto es hereditario, yo empecé a los nueve años. Cuando inicié mi papá estaba retirado del boxeo”, comenta. Su padre ha sido su entrenador y dice que no lo cambiará porque “no es posible que, habiéndose comido las duras, no vaya a estar en las maduras”. “Los otros entrenadores deberán trabajar en conjunto con mi papá”.

El “Chocorroncito” es preciso en sus recuerdos. Dice que quien lo descubrió y predijo que sería un campeón fue el fallecido boxeador Alexis Argüello.

“Un día mi papá se perdió toda la tarde porque había ido donde Alexis. Mi papá se dio cuenta que estaba dirigiendo el gimnasio Róger Deshón. Ahí le dio trabajo como entrenador. Al mes me llevó a entrenar, fuimos a sacar las fotos tamaño carné y la partida de nacimiento. Cuando llegué al gimnasio conocía los principios boxísticos porque mi papá me ponía a tirar golpes, pero siempre se rendía, decía que yo pegaba muy duro. Entonces yo le pedía que pusiera los pies…”

“Cuando llegué al gimnasio, Alexis me vio y me empezó a poner mente. Me dijo: ‘Vas a ser campeón’. Lo recuerdo como si fue hoy, fue para un tiempo lluvioso, un lunes. Me puso a tirar golpes en un espejo. A los dos meses hice mi primera pelea como aficionado, le gané al otro niño. La segunda pelea la perdí”.

Esa pérdida fue clave. El nombre del niño que le ganó es Arnoldo Solano, quien hoy entrena con él. “Ese día que perdí me puse a llorar y lloraba de enojo. Esa pérdida me sirvió de mucho porque desde muy chiquito no salí del gimnasio. Desde que me metí al boxeo se me metió que sería campeón mundial. Primero quise ser campeón olímpico, pero cuando cumplí 16 años tenía 160 peleas amateur. Alexis eso quería con “Quiebra Jícara”, con el “Chocolate” y conmigo, pero se me quitó la idea de ser campeón olímpico porque me dije: si sigo esperando va a pasar el tiempo”.

Su padre lo bautizó como “Chocorrón” porque así le llamaban a un primo suyo que jugaba fútbol. Alexis consideró que ese sería un buen apodo: “Vamos a reponer al Chocorrón, pero en boxeo”.

A los 16 años hizo su primera pelea profesional. En el primer año peleó ocho veces. “Debuté el 20 de julio de 2008”, precisa. Una de sus metas es pelear en dos categorías más, en las 108 y 112 libras. “Hasta 112 creo que tengo capacidad”.

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A las 4:00 de la mañana el “Chocorroncito” está en pie, listo para correr. Trabaja por la mañana en el plantel de Batahola de la Alcaldía de Managua en el área administrativa, por la tarde va al gimnasio y en la noche estudia ingeniería en computación en la Universidad de Managua.

“No pienso dejar mis estudios de ingeniería en computación”, dice y luego cuenta las palabras que Alexis Argüello le repetía a diario.

Tenía la orden –recuerda- de llegar diario a la oficina de Alexis en la Alcaldía después de los entrenamientos. Él fue uno de los que vio a Argüello antes de morir. Un día antes, dice, estaba mal. “La secretaria me dijo que no nos iba a atender porque estaba enfermo. Su esposa me dijo: Miralo, no es mentira. Estaba con los ojos cerrados y con los pies sobre el escritorio… pero escuchó cuando me dijeron que no nos iba a atender a mi mamá y a mí y pidió que me dejaran pasar. Al despedirse me tocó el pelo, me acarició y me dijo que me cuidara, que me preparara para la próxima pelea. Lo sentí como despedida y se lo dije a mi papá: Ay papa, veo muy mal a Alexis”.

Dios le regaló una gran confianza, dice Carlos, quien es evangélico y usualmente acude a un culto cercano a su barrio.

“Disciplina y humildad te hará ser grande, me decía Alexis. Me lo repetía diario”. A los 30 años planea retirarse. “Lo que tenga, debo administrarlo bien. Ya de 30 años para adelante no sirves para nada en el boxeo”. Mientras, está preparándose para pelear por el título de campeón absoluto en las 105 libras.

Consejos de Alexis

“Disciplina y humildad te harán ser grande, me decía Alexis. Me lo repetía diario”, afirma Carlos “Chocorroncito” Buitrago.