•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

En el Alto Wangky, río Coco abajo, la vida de los niños depende de las medidas de higiene y de salud de sus madres, pero sobre todo, de la puesta en práctica de los consejos sobre nutrición infantil que les dan jóvenes voluntarias de su propia comunidad, mediante el Programa Comunitario de Salud y Nutrición infantil que el Ministerio de Salud desarrolla a través de Save The Children, ONG que promueve los derechos de los niños en los países en desarrollo.

Janelys Taylor es una mujer mískita de hablar pausado, quien llegó al centro de salud de San Andrés de Bocay, con su hija Yaoska Yamileth, de 8 meses de edad, cargada en sus brazos. La localidad se ubica en Alto Wanky, casi 200 kilómetros río abajo de Wiwilí, en el departamento de Jinotega.

No es la primera vez que Janelys acude a este centro asistencial ubicado en la zona montañosa nicaragüense, ya que el mes pasado llegó de emergencia con su bebé, quien estaba “prendida en fiebre”, producto de una neumonía que casi le cuesta la vida a la criatura.

Pero esta vez no trajo a la niña enferma ni acudió sola, al contrario, llegó acompañada de varias madres que también trajeron a sus bebés para hacerles un chequeo médico, aplicarles sus vacunas, controlar su peso y recibir recomendaciones sobre una alimentación rica en vitaminas y en nutrientes, echando mano de productos fáciles de conseguir en la comunidad. Antes, en la primera visita al centro asistencial, le recomendaron alimentarla con leche materna.

“Antes se enfermaba varias veces, pero después de que la traje al centro de salud se curó, y me dijeron que no le despegara el pecho, porque la leche materna es buena y protege a los niños; ahora solo le doy pecho”, comentó Janelys, quien se mostró contenta de ver “gordita” a Yaoska, ya que según la creencia popular, es sinónimo de “buena salud”.

Maribel Rizo Joseph, también pobladora de San Andrés, tiene ocho hijos, pero esta es la primera vez que lleva a Heycelin, su última vástago, a practicarle un control de peso. Después del pesaje de su niña, ella recibió una charla sobre la lactancia materna y la preparación de alimentos a base de frutas, verduras y legumbres ricas en vitaminas, que puede encontrar localmente.

“El control es importante porque me doy cuenta si el niño baja de peso o si sube, mis hijos no se enferman mucho porque yo solo les doy pecho, les doy como dos o tres años, y hay niños a los que les he dado hasta cinco años el pecho”, aseguró esta madre indígena.

Dos componentes: institucional y comunitario

Esta actividad de control de peso y consejería nutricional, para evaluar el crecimiento adecuado de los niños, forma parte del Programa Comunitario de Salud y Nutrición Infantil, que el Ministerio de Salud (Minsa) desarrolla con el apoyo de Save the Children, organización no gubernamental (ONG) internacional, que promueve los derechos de los niños en los países en desarrollo.

En total, el Programa Comunitario Salud y Nutrición Infantil beneficia a 37 mil personas de las comunidades indígenas del Alto Wanky y las Regiones Autónomas Atlántico Norte y Sur. De ese universo, más de 6 mil son niños y niñas de cero a 2 años. El financiamiento proviene del Banco Mundial.

El doctor Edgar Alberto Rodríguez, consultor de Save the Children para el fortalecimiento de los equipos de salud en el Alto Wanky-Bocay, explicó que este proyecto, que empezó en marzo del año 2012 y concluye en julio del presente año, tiene dos componentes: uno institucional y otro comunitario.

El institucional, explicó el doctor Rodríguez, consiste en entregar equipos antropométricos a las unidades de salud, para evaluar adecuadamente el crecimiento de los niños y abastecer las salas de estimulación temprana para que los niños que presenten problemas de desarrollo, sean atendidos por personal entrenado en su uso y realicen con ellos los ejercicios y la fisioterapia correspondiente.

Además, han capacitado al personal de salud involucrado en el Programa, en el manejo de las normas y estándares de crecimiento, con el propósito de que puedan hacer un adecuado monitoreo y seguimiento del crecimiento de los niños.

Por otra parte, indicó que el componente comunitario consiste en la capacitación al personal de salud para que ellos sean luego los rectores de la multiplicación en las comunidades asignadas. “Se seleccionó y se capacitó a brigadistas que hicieron el censo en su comunidad y que ahora hacen el pesaje de los niños cada mes, contando con el acompañamiento del Minsa”, aseguró el consultor de Save the Children.

El doctor Rodríguez fue enfático en que el programa de salud y nutrición infantil aplica el lema de “comamos lo que tenemos”, porque el proyecto no brinda paquetes alimenticios. “La fortaleza está en que se organizan las comunidades y son las comunidades las que velan por la salud de sus hijos”, aseguró el galeno. En este sentido, el doctor Rodríguez detalló que la capacitación al personal de salud incluyó recomendaciones sobre lactancia materna exclusiva.

Agregó que el mayor obstáculo que enfrentan todas las instituciones y organismos que tienen proyectos de desarrollo en esta zona, está relacionado a la disponibilidad de medios de transporte.

“Aquí no es como en el Pacífico, donde la gente llega al centro de salud aunque sea a pie, aquí si no pasa un bote (una panga) la gente que está enferma no puede moverse, porque las distancias son largas y se necesita mucho dinero para combustible”, lamentó el galeno.

Brigadistas voluntarias: factor de éxito

Herling Briton Hogdson Cardenal es el enfermero del centro de salud de San Andrés de Bocay y responsable de la brigada de salud integrada por doce jóvenes voluntarias de la comunidad.

Hogdson Cardenal explicó que a las brigadistas de salud se les capacitó para apoyar las labores de control de peso, monitoreo y consejería nutricional, así como para desarrollar temas relacionados con la lactancia materna y el cuido de los niños, con la ventaja de que ellas --además de hablar español--, también se comunican con las madres en mískito y mayagna.

“Las muchachas de la brigada de salud fueron escogidas por su responsabilidad, son puntuales, serviciales, tienen buen corazón, no tienen obligaciones y algunas ya salieron de su bachillerato, pero por falta de recursos no continúan estudiando”, indicó Hogdson, el enfermero.

A pesar de atender a una población de más de 33,600 personas, el Minsa solo cuenta con nueve puestos de salud y un equipo de 14 personas para esta extensa zona. De ellos, dos son médicos generales, 4 enfermeros y el resto son auxiliares.

Insistió que el éxito del programa, que se ha extendido por más de un año, se debe a la participación entusiasta de esas jóvenes indígenas que voluntariamente se integraron a las brigadas de salud en sus comunidades, para apoyar los esfuerzos del Minsa en la lucha contra las enfermedades y la desnutrición infantil, dirigiendo sus orientaciones hacia las madres, quienes son en su mayoría las que asumen la crianza y educación de los niños en la comunidad.

“Aquí fallecían niños porque las madres no sabían que las pachas sin hervir y sin tapaderas provocan muchas enfermedades, por eso estamos recomendando a las madres que les den de 6 a 8 meses por lo menos la leche materna a sus hijos”, dijo Jazmín Fernández Dixon, 19 años, técnica en administración agropecuaria y brigadista de salud.

“Me ha encantado el trabajo que estamos haciendo, ya hemos participado en tres capacitaciones y recorrido todas las comunidades haciendo pesajes y aconsejando a las madres”, agregó.

Por su parte Rosaura Hernández Maxuel, de 20 años, relató que participa por primera vez en la brigada de salud y dijo sentirse contenta de estar aprendiendo muchas experiencias.

“Yo quería aprender para ayudar a las madres, ahora participo dando consejos de cómo alimentar a los niños con verduras y legumbres que tienen vitaminas, ayudo en el pesaje de niños y aconsejo que le den solo pecho a los niños, para que no se enfermen, estoy en cuarto año, pero pienso estudiar enfermería”, dijo Hernández.