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“No sé cómo alguien de ascendencia hispana puede ser republicano”, dijo Harry Reid, el líder de la mayoría del Senado, en 2010. Tres meses después, Brian Sandoval, un republicano, derrotó al hijo de Reid para convertirse en el primer gobernador hispano de Nevada. Ese mismo día, los votantes en Nuevo México convirtieron a Susana Martínez, otra republicana, en la primera gobernadora latina de Estados Unidos. Y, en Florida, Marco Rubio, un carismático cubano-americano joven, ganó un escaño en el Senado tras una insurgente campaña respaldada por el movimiento del Tea Party.

Los republicanos ahora tienen dos gobernadores latinos (y dos asiático-americanos); los demócratas ninguno. Sandoval, un ex comisionado de los juegos de azar en Nevada, astutamente aprovechó un escándalo dentro del Partido Republicano estatal para ganar la elección.

Martínez es una ex fiscal en una ciudad fronteriza y una ex demócrata cuya conversión en 1995 pareció confirmar la ocurrencia de Ronald Reagan de que los hispanos, un grupo rápidamente creciente del electorado, son republicanos que “simplemente no lo saben todavía”.

Algunos sondeos muestran que los latinos son más pro-vida que otros estadounidenses; muchos republicanos, correcta o erróneamente, ven esto como una oportunidad. Los latinos tienen más probabilidad de dirigir sus propios negocios y creer que “la mayoría de la gente puede salir adelante si trabaja duro”, lo cual parece encajar bien con las ideas republicanas.

Sin embargo, según el Centro Hispano Pew, 75 por ciento de ellos favorece un gobierno más grande que ofrezca más servicios, lo cual no encaja para nada. En realidad, muchos votos latinos están disponibles. George W. Bush recibió un respetable 40 por ciento de ellos en 2004; Mitt Romney obtuvo un patético 27 por ciento en 2012.

Eso sugiere dos cosas. Primero, las personalidades importan. Bush, un texano con un sobrino medio mexicano, se sentía a gusto con las audiencias hispanas; Romney no. Segundo, a los votantes latinos realmente les importa la inmigración. Bush estaba abiertamente a favor de dar a los inmigrantes ilegales la oportunidad de volverse legales; Romney estaba en contra. Hoy, 55 por ciento de los latinos dice que la inmigración es el tema más importante que enfrentan.

Entonces, ¿qué diferencia marcan los nuevos rostros hispanos del Partido Republicano? El partido desea darles un escenario nacional. Al hablar en la convención del año pasado, ofrecieron historias de ascenso social con un tinte hispano. “En América, ¡todo es posible!”, exclamó Martínez (aunque la frase le hizo ganar menos aplausos que su celebración del .357 Magnum).

Tanto Sandoval como Martínez son gobernadores bastante exitosos. Son populares y es probable que sean reelegidos en estados de inclinación demócrata con economías en apuros y grandes poblaciones latinas.

Sandoval es un operador experto que controla el gasto y promueve reformas para ayudar a la gente a aprender inglés. La pugilística Martínez ha tenido un periodo más difícil; la Legislatura estatal ha frustrado sus intentos de impedir que los inmigrantes ilegales obtengan licencias de conducir. Pero se las ha ingeniado para equilibrar un presupuesto con un déficit de 450 millones de dólares cuando asumió el cargo. Y en un toque populista, vendió el jet del estado.

Ambos gobernadores son pragmáticos: A diferencia de muchos estados encabezados por republicanos, Nevada y Nuevo México ampliarán sus programas de Medicaid (atención de salud para los pobres) bajo el Obamacare. Ambos asumen posturas conservadoras sobre temas sociales (no al matrimonio gay y al control de armas, aunque Sandoval es pro- aborto), pero ninguno es un fanático intolerante.

Crucialmente, ambos son firmes en cuanto a la reforma escolar, un tema que potencialmente haría ganar votos entre los latinos. Ésta no es una mala mezcla política para un candidato presidencial republicano en 2016. Ed Gillespie, un ex presidente del partdio, dice que el tono positivo que ambos gobernadores infunden debería ser una lección para el partido nacional.

Pero los latinos no votarán por el Partido Republicano si piensan que es dirigido por intolerantes que quieren deportar a sus parientes. Después de la derrota de Romney, los veteranos del partido escarmentados y los provocadores aislados instaron a una revisión a favor de los hispanos, empezando con la reforma de la inmigración. Rubio ayudó a aprobar un proyecto de ley bipartidista en el Senado que ofrece una vía hacia la ciudadanía para los 11 millones de inmigrantes ilegales de Estados Unidos.

Reforma migratoria es vital

Desafortunadamente, esa reforma está ahora atascada en la Cámara de Representantes, donde sólo 10 por ciento de los republicanos representan a distritos con una población latina de más del 25 por ciento.

Para muchos representantes republicanos, el temor no es molestar a los votantes latinos, sino a una reacción primaria de la derecha antiinmigrante. Por ello, se resisten a cualquier proyecto de ley que recompense a los violadores de la ley con la ciudadanía.

Mientras tanto, algunos estrategas republicanos argumentan que el futuro del partido no debe depender de atraer a los hispanos, después de todo. Algunos temen que la reforma de inmigración simplemente signifique 11 millones más de votantes demócratas. No necesariamente: Los sondeos sugieren que más de dos tercios de los no ciudadanos legales latinos no se consideran ni republicanos ni demócratas. Si les azotan la puerta en el rostro, sin embargo, les ayudarían a decidir.

Martínez y Sandoval apoyaron los esfuerzos de Rubio, pero ninguno se ha expresado a favor de la reforma desde que llegó a la Cámara Baja. Sus amigos dicen que están enfocados en gobernar sus estados. No obstante, su silencio es revelador. Ambos enfrentan la reelección el año próximo, y podrían aspirar a un puesto nacional en 2016, Martínez en la fórmula presidencial y Sandoval por el escaño senatorial de Reid.

Como tantos políticos hispanos republicanos, deben realizar un acto de equilibrio, apaciguando a la base partidaria de la ley y el orden en el partido sin ofender a sus similares hispanos. Martínez ha dominado el arte de sonar firme sobre la inmigración ilegal en vez de los inmigrantes, dice Matt Barreto de Latino Decisions, una firma encuestadora. Insta a una mayor seguridad en la frontera, por ejemplo, mientras celebra los logros de los inmigrantes y critica a sus colegas republicanos que piensan que la deportación es la respuesta para todo.

Sin embargo, nada de esto ayudará a los republicanos a ganar la Casa Blanca en tanto insistan en mantener a 11 millones de latinos en las sombras. Como lo expresó el senador John McCain, aprobar la reforma de inmigración no haría ganar en sí muchos votos latinos, pero pondría a los republicanos “en el campo de juego donde puedan competir”.

Mayoría latina sin opción política

Los sondeos sugieren que más de dos tercios de los no ciudadanos legales latinos no se consideran ni republicanos ni demócratas. Si les azotan la puerta en el rostro, sin embargo, les ayudarían a decidir.

Gobernadora latina

Los votantes en Nuevo México convirtieron a Susana Martínez, otra republicana, en la primera gobernadora latina de Estados Unidos.