•   Managua, Nicaragua  |
  •  |
  •  |
  • elnuevodiario.com.ni

Parece que don Otto está enojado. Tiene 30 minutos esperándonos, pero no logramos dar con la dirección. Ni con un GPS podríamos, pues don Otto no sabe dar direcciones. “¡Ay!, pero ¿cómo no va a dar?”, reclama. No es un “¡ay!” como el de Aniceto Prieto. Es un “¡ay!” del señor de 80 años, del padre de 10 hijos, casado tres veces, que a las 7:00 p.m. ya está en pijama. Es un ¡ay! del señor que no bromea, de don Otto.

Un día antes hizo una gran concesión. Su día estaba llenísimo: grabaciones de anuncios, de programas, que la Paloma Mensajera, que la Paloma Caliente, que Lencho, que los ensayos previos al concierto con Carlos Mejía… “Lléguese a las 7:00 p.m. a mi casa, pues”.

Pero don Otto, tan terco don Otto, pasó haciendo compras en el súper porque esa actividad estaba estipulada en su día, porque los miércoles hay ofertas, y dejó la llave dentro de la camioneta. Las 7:40 y nada. Así que mejor lo dejamos para mañana.

--¿Cómo no va a dar? ¡Si es fácil! Ya le dije: de la entrada principal de la UCA siga para adelante, doble en la esquina y luego siga, siga de frente, como si va a Reparto San Juan… Me voy a salir… Ya estoy en la calle. Aquí va a ver mi camioneta, es blanca. Pero apúrese, me está atrasando…

Don Otto ya no tiene más paciencia. Después de tres vueltas y de una llamada más, se logra ver debajo de un frondoso árbol de chilamate, la camionetita blanca y a un señor con semblante serio que se pinta el pelo para ocultar las canas, que viste un pantalón azulón con un doblez (tipo Aniceto), botas militares marca Chontal, y camisa con botones.

--¡Pero si era fácil! --insiste el señor.

El apartamento donde él se queda después de dejar en la escuela a uno de sus nietos, es un sitio pequeño sin mayores arreglos, carente de todo lujo. Es su cueva, dice. En un extremo está un papelero: libretos, periódicos, fólderes, algunos con los exámenes que se ha realizado a causa del cáncer de próstata que le fue diagnosticado hace seis años. En el escritorio, como diría Aniceto, hay un poco de chunches. Y entre los chunches, una foto de doña Gina, la “Lupita”, su esposa desde hace 31 años.

Resaltan en este sitio dos fotos del Che Guevara, a quien dice admirar, y una foto de él vestido como Aniceto, en la que posa con su Lupita.

--80 años es que tiene…

--Voy a cumplirlos el 24 de agosto.

--Pero no parece de 80.

--¿Verdad? Parezco de 20.

Dicen que don Otto es un señor serio, que del bromista que provoca carcajadas a media Nicaragua, no hay rastro cuando se está con él en privado. No es mentira.

--Pero es que imagínese, una cosa es una cosa y otra cosa es otra cosa. Lo que yo hago es un trabajo. Con mis amigos sí soy muy chistoso, me gusta fregar, pero no voy a andar como en los programas --justifica riéndose.

Es la primera sonrisa que saca, lo que indica que va entrando en confianza. Cuando ya se siente un poco cómodo, deja a un lado su pose de señor serio. Aunque hay que decir que tampoco es que se carcajea.

--Siempre he sido payaso. En la escuela era el castigado eterno por mis payasadas. Hasta el profesor se ponía a reír, pero me castigaba.

Don Otto es jinotegano, tuvo tres hermanos, una mamá trabajadora a quien le sacó la vena cómica, y un papá guardia, que combatió a Sandino y que se esmeraba para no sonreír (“mi papá era de esos hombres amargos”).

--¿Y ha sido mujeriego?

--¿Yo? ¡Yo soy un santo varón! Mi primera esposa se murió, con la segunda no me llevé bien, y con la Gina tengo 31 años de casado.

--¡¿Qué decía la viejita nalgas de aplausos?! --pregunta don Otto al hombre que acaba de llamar a la Radio Ya.

--¡Qué don Otto era un mamón! --replica el hombre.

El reloj marca la 1:45 p.m. A esta hora se encuentra a Otto de la Rocha, el gran artista, el bromista, sintonizando la Radio Ya. Durante 20 minutos interactúa con la gente, abre el micrófono para que participen en la dinámica “¿Qué decía tu abuela?”; leen cartas de gente que envía mensajes a familiares; de hombres que venden motos; obituarios, etcétera.

Un día cualquiera, un oyente puede llamar para participar con la dinámica “¿Qué decía mi abuelo?”, a lo que don Otto puede responder: “¿Qué decía tu abuelo purrunga chata?”. Esos 20 minutos son de carcajadas y una terapia antiestrés para los oyentes.

A las dos en punto don Otto vuelve a ser el señor serio. Toma su bolso y sale de la cabina de la radio.

Dentro de poco entrará a su faceta de cantante, irá a ensayar a la Casa de los Mejía Godoy para el concierto que se realizará hoy en el Teatro Rubén Darío.

A los 13 años, Otto de la Rocha ya había compuesto sus primeras canciones. A esa edad vino a Managua buscando un mejor futuro, convencido de que su madre y su abuela (“mis viejitas”) ya no podrían sostenerlo más. Buscó a su padre, pero este no quiso ayudarlo con sus estudios, así que trabajó como peón.

“Mi primera canción fue el ‘Indio Jinotegano’, después hice un bolerito que se llamaba ‘Mujer’, pero la primera canción con mi estilo fue ‘Una canción’, esa prácticamente es mi primera canción. Esto de las canciones es como los hijos. Todas son trozos de mi vida, son pequeñas historias de mi vida, a todas las quiero igual. Por ejemplo, la ‘Pelo e maiz’ la hice enamorado de una gringuita que estudiaba conmigo, éramos muy buenos amigos, pero nunca le dije nada. Se llamaba Adelina. ‘Managua, linda Managua’ está inspirada en una muchacha. ‘La pipirindonga’ está dedicada a otro amor. ‘Plutarco Malpaisillo’, habla de un amigo. ‘Mi mama primera dama’ se la hice a mi mamá una vez que ella se disgustó conmigo y se fue para Jinotega. ¿Cómo hago para convencer a mi mama?, me preguntaba, e hice la canción. La estrené en la televisión un Día de la Madre”.

Durante la entrevista recuerda cómo llegó a interpretar a Pancho Madrigal, tiene palabras de agradecimiento para Fabio Gadea Mantilla, y cuenta que Aniceto Prieto es su personaje preferido por ser dicharachero, porque no le maltrata la voz y porque dice lo que don Otto no puede decir.

Otto Benjamín de la Rocha López cumplirá dentro de 13 días 80 años. Ha sobrevivido al cáncer, pese a que durante los tres meses que pasó en Cuba tratándoselo, pensó en muchas ocasiones que no iba a amanecer al día siguiente.

Esta mañana irá a misa, como todos los domingos, y cuando pase el bullicio por el concierto, Aniceto Prieto y todos los personajes que interpreta, darán paso a don Otto, el señor que pasa sus horas de ocio viendo películas mexicanas de Jorge Negrete, de Pedro Infante y de María Félix.

La entrevista termina con sonrisas y amabilidad. Él enseña las cartas que la gente le manda para que lea en la Paloma Caliente (“Le puede avisar a fulanito de tal que mi esposo salió de la casa, que voy a estarlo esperando, dejaré las llaves donde siempre…”); habla de su fe en Dios, y se despide posando jocosamente en una foto: “Aquí, cerquita de usted, para que le dé celos a su esposo”.

El Cantautor

"Esto de las canciones es como los hijos. Todas son trozos de mi vida, son pequeñas historias de mi vida, a todas las quiero igual".