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Tres circunstancias históricas propiciaron el acceso a la Presidencia de la República de Anastasio Somoza García, séptimo jefe director —y primero nicaragüense— de la Guardia Nacional, nombrado el 2 de enero de 1933. Ante todo, el control de los instrumentos de coerción, especialmente del cuerpo armado que encabezaba (y que luego apoyaría y financiaría su candidatura a lo largo del territorio nacional); el magnicidio de Augusto C. Sandino y la liquidación de su movimiento a manos de la misma institución castrense; más la política del “Buen Vecino” de Washington. Liderada por Franklin D. Roosevelt, esta política exterior tendía a reducir las acciones intervencionistas en el hemisferio y postulaba el hecho de que en Nicaragua, a raíz del 21 de febrero de 1934, había desaparecido el peligro del surgimiento de una intervención directa.

De tal escenario político estaban conscientes los jóvenes granadinos autollamados vanguardistas, quienes advirtieron en Somoza García al Jefe Nacional que requerían, de acuerdo con sus ideas, para establecer un gobierno que abandonase la política partidista y, dejando a un lado los intereses particulares o de clase, estuviese dispuesto a reconstruir la nacionalidad, exaltar los valores espirituales del alma nacional y obtener un destino justo y noble. Exactamente, creyeron encontrar en él al Monk que podía devolver el Estado al Estado, tal como José Coronel Urtecho lo había previsto desde 1930:

“Ello se consigue entre nosotros con lo que Charles Maurras llama la educación de Monk —aquel general republicano que restituyó a Carlos II el trono de Inglaterra. El Monk de Nicaragua sería el gobernante que devuelva el Estado al Estado, asumiendo la autoridad en sus manos mientras dure su vida y emprendiendo de nuevo la pacificación y población de Nicaragua que fue bandera de la conquista. Con la divulgación franca de las ideas políticas clásicas, Monk puede surgir un día u otro”.

El diario La Reacción y su humor fúnebre

Desde esta perspectiva, los vanguardistas concretaron su dimensión política fundando un diario en Granada el 3 de abril de 1934, titulado La Reacción. Lo dirigía el conductor del grupo Coronel Urtecho, apoyado por los redactores Diego Manuel Chamorro, Pablo Antonio Cuadra, Octavio Rocha, Luis Downing, Armando Castillo y, sobre todo, por el director artístico Joaquín Zavala Urtecho. Este ilustraba las colaboraciones centrales —de la sección “Ópera bufa”— que tenían, como el diario en general, doble objetivo: burlarse de los políticos que ejercían el poder ejecutivo (el presidente Sacasa y el vicepresidente Rodolfo Espinosa) o eran proclives al mismo (como el liberal Leonardo Argüello y el caudillo conservador Emiliano Chamorro) y abrir campo, favoreciendo su imagen política, a Somoza García.

Así, en el tercer número de La Reacción, Coronel Urtecho concibió un “Pantheón” en verso, dedicado a los personajes referidos, a partir del epitafio profético que en 1933 había escrito para el general Sandino: “Aquí yace el soldado montaraz / La guerra lo hizo. Lo mató la paz”. En realidad, su vena de humor fúnebre —similar al de los ultraístas argentinos— tenía su fuente en la poesía francesa moderna. He aquí su epitafio al presidente Sacasa: “Peregrino: detente / sin miedo unos instantes. / Aquí en su tumba el presidente / manda tanto como antes.” El consagrado al vicepresidente decía: “Aquí yace Espinosa. Lógica suerte, / pues todo lo esperaba de la muerte”. El de Chamorro, viejo zorro, no era tan lapidario como los anteriores: “El general Chamorro ya no respira, / está en su tumba —y sin embargo aspira—”. El único que se escapaba a ese “Pantheón” no podía ser otro que el poderoso jefe del ejército: “Aquí está muerto el general Somoza, / pero es el presidente el que reposa”. Y, significativamente, Coronel Urtecho culminaba su repertorio con otro sobre el general Sandino que calificó de un humor menos amargo: “Aquí descansa el general Sandino, / lejos estaba bien —¿para qué vino?”

El mismo director del diario, muchos años más tarde, revelaría el origen de esa sección llamada “Ópera bufa”. “En La Reacción —escribió en su elogio póstumo de Zavala Urtecho— aparecía casi diariamente una página satírica pronto famosa, con una frase o extravaganza, generalmente escrita en torno de una o varias caricaturas de Joaquín Zavala Urtecho, que proponían o resumían lo principal del tema, y en la que estaba desde luego el origen del mal. El germen de la idea y el nombre Ópera Bufa, que se daba a la página, lo tomé yo de Leon Daudet, que así subtitulaba los frecuentes artículos de carácter burlesco que publicaba en el periódico Acción Francesa de Charles Maurras, al que los reaccionarios de ese tiempo estábamos suscritos”.

La Reacción contenía editoriales firmados por Coronel Urtecho y, a veces, por Diego Manuel Chamorro; una “Página del Artesano” a cargo de Pablo Antonio Cuadra, autor también de otro tipo de colaboraciones; noticias y crónicas, comentarios y artículos de carácter político: antiliberales y antidemocráticos, a favor del ejército, de la tradición, de la artesanía, de un sistema totalitario y ensayos, finalmente, de autores extranjeros, reproducidos bajo el antetítulo “Folletones”. Entre otros, figuraron los de Charles Maurras (“Liberalismo y libertades, democracia y pueblo”), Eugenio Montes (“Lucha y reconciliación”), César A. Picó (“Autodestrucción de la democracia”), Ramiro de Maeztu (“Servicio, jerarquía e igualdad”), Ernesto Palacio (“El pueblo y la política”) y de Manuel Abril (“El catolicismo y el pensamiento actual”). También, se publicó de Pablo Antonio Cuadra un “folletón” (“Imperialismo yanqui e imperialismo moscovita”).

Tras haber lanzado cuarentitrés números en casi dos meses, La Reacción fue suprimida por el gobierno liberal de Sacasa, más que por sus ideas reaccionarias, por el daño que le ocasionaba la sátira fulminante de las caricaturas de Zavala Urtecho. En resumen, significó para sus editores el inicio de una aventura política, guiada por una frase atribuida al dictador colonialista Pedrarias Dávila —fundador de la provincia española de Nicaragua— que estamparon como epígrafe en el primer número: “Comienza una era de organización”.

El grupo “Reaccionario” y su manifiesto político

Así los editores del extinto diario conformaron en Granada el grupo “Reaccionario” que, desde el 12 de febrero de 1935, emprendió una abierta campaña en pro de la candidatura de Somoza García. En esa fecha se había publicado en La Prensa su manifiesto inaugural, suscrito por once jóvenes: José Coronel Urtecho, Diego Manuel Chamorro, Joaquín Zavala Urtecho, Pablo Antonio Cuadra, Salvador Cardenal Argüello, Manuel Castillo Jarquín, Octavio Rocha, Joaquín Pasos Argüello, Humberto Chamorro Ch., Rodolfo Arana Sándigo y Francisco Pérez Estrada. Ellos planteaban: “Consideramos la candidatura del general Anastasio Somoza como una fuerza real, a la que pueden sumarse —tarde o temprano, según él, sepa comprender el bien público y adaptar sus principios y sus actos a su realización— las fuerzas morales necesarias que le aseguren la cooperación de su pueblo. Es un hecho que el general Somoza está actualmente en condiciones ventajosas para obtener el triunfo de su candidatura presidencial”. Y añadían sin circunloquios: “Lo apoyamos, entre otras razones, porque puede perpetuarse en el poder. Apoyamos su candidatura para que sea la última candidatura, así como votaremos para dejar de votar”.

Ópera bufa y sus dos etapas

En otras palabras, se reconocía al jefe director de la Guardia Nacional como el único salvador del país. Por eso uno de los “reaccionarios”, Joaquín Zavala Urtecho, comenzó a editar en Managua, el 13 de junio de 1935, un semanario satírico, artístico y literario que tituló con el nombre de la sección que había mantenido en La Reacción: Ópera bufa. Pero, en realidad, su objetivo era político: contribuir al derrocamiento del gobierno de Juan B. Sacasa; en ese sentido, el ataque a los precandidatos del Partido Liberal para las elecciones de 1936 fue despiadado.

Suprimido por el mismo gobierno liberal de Sacasa el 18 de agosto de 1935, este órgano reanudó sus labores el 29 de marzo de 1936, al disponer del financiamiento de Somoza García, quien veía en Ópera bufa un efectivo instrumento de propaganda a su impostergable ambición presidencial. No en vano el jefe del Ejército fue entrevistado por Coronel Urtecho y Zavala Urtecho en el número 18 del 10 de mayo de 1936, en plena campaña política; allí fueron proclamadas las convicciones de los “reaccionarios” que justificaban su vehemente apoyo a Somoza García.

“Con el triunfo del Ejército sobre las fuerzas revolucionarias [el sandinismo], la estrella de Somoza ha venido guiando la transición nacional hacia el afianzamiento del orden y el robustecimiento del Estado… La juventud reaccionaria, a la que nosotros pertenecemos, amiga de un poder fuerte, libre y durable, reconoció desde el principio que la ruta de la salvación nacional era anunciada por esa estrella que alumbraba el destino del jefe del Ejército […] Toda esa juventud, que representa una tendencia nueva, se adhirió a la candidatura del general Somoza porque la considera la más a propósito para operar la reforma del Estado y la reorganización del pueblo. Para nosotros —concluían—, Somoza es la paz porque representa la fuerza y la unidad, la disciplina militar y la unión nacional”.

Reforma de la Constitución de 1911

Por tanto, los primos hermanos contribuyeron (uno con su pluma y el otro con sus caricaturas) a entronizar a Somoza García al poder, quien oportunamente les compensó sus aportes nombrando subsecretario de Instrucción Pública a Coronel Urtecho y secretario de la Legación de Nicaragua en México a Zavala Urtecho. No duraron más de un año en sus cargos. Ambos renunciaron: el primero alegó incompatibilidad con el secretario o ministro Lorenzo Guerrero y el segundo, de motu propio, tras ser víctima en la capital mexicana de una agresión física —le quebraron la quijada con guantelete de hierro— propinada por jóvenes nicaragüenses de izquierda.

Pero Coronel Urtecho continuó formulando su estrategia política e ideológica. Sustentando el principio bolivariano de la jefatura vitalicia, se adhirió a la campaña de reformar totalmente la constitución vigente —la de 1911— para ampliar el período presidencial a seis años. Así llegó a ser elegido diputado, como miembro del Partido Conservador Nacionalista (pro-Somoza) de la Asamblea Constituyente el 6 de noviembre de 1938 que sancionó la nueva constitución el 22 de marzo de 1939. Esta prologaba hasta el primero de mayo de 1947 la presencia de Somoza García en el Ejecutivo.

 Subordinación de la literatura a la política

El cambio que pretendieron los “reaccionarios” fue concebido desde su posición de élite tradicional formada por los jesuitas. Ellos habían dotado a los miembros del grupo de ideas políticas básicas como la necesidad del poder fuerte y la falacia democrática, a la que atribuían el mayor de los males que había asolado Nicaragua: la guerra civil. Luego, imbuidos de la lectura de Charles Maurras (1868-1952) y otros pensadores modernos, tradujeron su afán literario y cultural en un “decidido empeño de encauzar la política de nuestro país por los caminos de una tradición secular”.

De manera que subordinaron la creación literaria a la acción política, argumentando un agotamiento lírico. Al parecer, los exvanguardistas habían perdido sus ímpetus iniciales y se hallaban silenciosos. “Peor aún —sostenía Coronel Urtecho, justificando con ello la necesidad de proseguir su adhesión a la candidatura de Somoza García— todos los poetas del mundo guardan silencio”. Y exponía, a continuación, que la única esperanza del mundo (“el consuelo y el refugio de los poetas”) era la política. “Política d’abord —ha dicho el maestro del siglo XX: Charles Maurras. ¡Política ante todo!”