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Es una imagen onírica. Parece extraída de una película de animación. Una colina de rocas y árboles envuelve el ático que corona una torre de apartamentos de 26 plantas como si el edificio hubiera surgido del suelo arrastrando en su vuelo un trozo del parque vecino. Pero es Pekín.

El sueño de grandeza de un hombre, amante de los jardines tradicionales chinos, en medio del frecuente cielo gris, la contaminación y el cemento de la capital. Un sueño, por supuesto, ilegal.

Quizás solo podía ocurrir en China, donde el rápido proceso de urbanización, la falta de controles gubernamentales y el poder de influencia de los ricos, se alían en ocasiones para deparar sorpresas surrealistas como la que esta semana ha saltado a los medios de comunicación.

Seis años construyendo

Zhang Biqing, un doctor de medicina tradicional china, propietario de una cadena nacional de clínicas de acupuntura y antiguo miembro de un órgano político consultivo de distrito, ha construido durante los últimos seis años una estructura de rocas falsas, con árboles y hierba reales, en torno a su ático que cubre la totalidad de la terraza del rascacielos.

Pero el jardín secreto de Zhang, a la vista de todo el mundo, tiene fecha de caducidad. Las autoridades le dieron el lunes pasado un ultimátum: en 15 días debe dar una explicación sobre la estructura, que ocupa casi 1,000 metros cuadrados, o desmontarla. De lo contrario, será derribada por la fuerza.

Temor a daño estructural

El conjunto, situado en un edificio residencial de gama alta llamado Park View en el distrito de Haidian --un área en la que se concentran numerosas universidades e instituciones gubernamentales--, ha sido fuente de tensión entre el dueño y algunos vecinos desde hace años, debido al ruido constante por las obras, las fugas de agua y el temor a daños estructurales en la torre.

Los inquilinos se han dirigido a la compañía gestora del edificio y a la Policía, con poco éxito. Preguntado por las quejas, Zhang ha asegurado al periódico Noticias de la Mañana de Pekín: “Dado que me atrevo a vivir aquí, significa que no estoy preocupado por las quejas”. Y sobre las denuncias de ruido nocturno, ha dicho: “Gente famosa viene a mi casa y canta. ¿Cómo voy a decirles que paren?”

¿Excéntrico violento?

Algunos residentes afirman que han sido acosados y han sufrido amenazas por parte de Zhang. Según la prensa china, un hombre de 77 años dice que fue golpeado varias veces por el empresario y acabó mudándose a otro lado. Zhang lo niega y replica que lo que pretendía el antiguo vecino era sacarle dinero.

La construcción de añadidos --la mayoría de ellos, ilegales-- en las casas es algo corriente en China, y la práctica ha florecido con el boom inmobiliario y el alto precio de la vivienda. Los propietarios de bajos y últimos pisos adicionan habitaciones, e incluso plantas enteras, o invaden el espacio público con muros y vallas.

Todo empezó con…

Zhang ha ido más allá. Y defiende su creación. Ha admitido al periódico Espejo Legal que construyó sin permiso una pequeña habitación de cristal y, poco a poco, expandió la obra con árboles y rocas artificiales para crear un paisaje.

Pero dice que la estructura no es un chalé sino una pérgola, cuyo objetivo es actuar de “aislante térmico”, y que las piedras fueron fabricadas con un material ligero para ocultar las chimeneas que enviaban olores desagradables de cocina y cuartos de baño a su apartamento.

Posteriormente, añadió bonsáis para que “quedara bonito”. Un vecino ha asegurado al diario Tiempos Globales que Zhang compró la vivienda en 2007, y que una vez le compensó con 2,000 yuanes (246 euros) por una gotera en el techo, pero no volvió a aparecer tras prometer que la arreglaría.