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En las comarcas de Totogalpa y de Dipilto todos los días la actividad prioritaria de sus habitantes es buscar agua, sin importar su procedencia: quebradas, pozos viejos, criques o pilas lamosas. “¿Para dónde agarramos?”, expresa resignada una mujer que solo se identifica como Dolores, habitante de un caserío de 40 familias de la comunidad La Maysuta, en el municipio de Totogalpa, Madriz.

limitado acceso de agua

Dice que en la zona hay varios pozos, pero al que ella va, de tan viejo, tiene roto el concreto de la base, y eso permite que se filtre la suciedad.

“Se lavan los pies y el agua sucia vuelve a entrar al pozo”, relata la mujer, quien prefiere no reparar en el peligro que representa para su salud consumir el líquido contaminado.

Lo que un día fue

En los caminos de La Maysuta, donde existen unas 52 viviendas, se aprecian rótulos borrosos que organismos de cooperación colocaron como constancia de su aporte para la instalación de pozos que resolverían la falta de agua. Estos, con el tiempo, fueron dejados en el abandono, aunque aún representan la única fuente para saciar la necesidad de agua de los lugareños.

Agua turbia

El ladrido de los perros hace salir desde la cocina a Olga María, otra entre los más de 300 habitantes de la comunidad La Maysuta, que pasan penurias por falta de agua.

En el área donde ella habita hay un grupo de 12 viviendas. Al fondo de su patio se aprecian dos pilas rectangulares, llenas de agua turbia, de un color marrón.

“Esa es el agua que tomamos”, afirma, al explicar que antes de consumirla la pasan por filtros de cerámica. Hace una demostración, utilizando un par bidones, pero el líquido mantiene el aspecto turbio.

Explica que extraen el agua de un pozo artesiano, y mediante el sistema de bombeo la depositan en una pila, de donde es distribuida por gravedad a las 12 viviendas de su sector a través de mangueras negras.

Escasea en ambas estaciones

Según Gómez, aun con ese sistema, tienen problemas con el agua durante todo el año: en temporada seca por la escasez, y en época de lluvia, como ahora, por la suciedad que adquiere el líquido debido a la infiltración de sedimentos.

Menciona que en verano, el agua es transparente, pero les llega tan poca que hasta los animales domésticos y silvestres sufren sed.

Un agravante es la deforestación incesante, asociada a la extracción de leña y a las labores de preparación de tierras para el cultivo de granos básicos, lo que afecta las fuentes de agua.

Cosechan para el verano

En estas comunidades de Madriz han puesto en práctica varias ideas para cosechar agua. Una es la cisterna, que consiste en una fosa profunda revestida con ladrillos y concreto, donde captan el agua de lluvia que baja de los techos, para utilizarla durante los meses de verano.

Elsa Jacinta Muñoz Pérez levanta las láminas que tapan una cisterna con capacidad para 25 barriles, y el agua tiene un aspecto cristalino.

“La utilizamos solo para tomar, ahorita que llueve también la usamos para bañar y lavar ropa. ¡Bendito sea el nombre de Dios, porque hay agua hasta por las quebradas!”, exclama, refiriéndose a la recuperación de un “ojo de agua” que ha dado vida a una pequeña corriente que pasa cerca de las casas.

Muñoz Pérez indica que los vecinos saben que no deben utilizar el agua de esa corriente para el consumo, porque está contaminada. “Solo la usamos para lavar ropa y bañar”, dice, y aclara que en verano esta se seca por completo.

“Entonces tenemos que ir al ‘crique’ de El Aguacate, está muy largo de la casa, porque en la comunidad algunos mezquinan el agua, le ponen candado a las tapas de los pozos… Y como cristianos que somos no nos metemos a problemas con los vecinos”, explica.

Disputas por llenar recipientes

“Todos los días, las personas que llegan primero (al crique) ponen los baldes en fila, y no hay más oportunidad para quienes llegan de último. Yo les digo a mis hijas que si hay mucha gente, que se regresen mejor”, relata Elsa, refiriéndose a las disputas que ocurren en la fuente.

Para los pobladores de La Maysuta, el río naciente de El Aguacate, que baja de un tupido bosque de pinares, es su principal fuente de abastecimiento en época seca.

La pobladora refiere que allí una ONG invirtió en la instalación de un filtro, de una pila de captación y de un tubo que finalizaba en un puesto público, pero al tiempo, los usuarios dañaron el conducto y ahora deben subir hasta la fuente, donde fluye poca agua entre enero y mayo, y suelen darse peleas entre quienes se desesperan por obtener el líquido.

Los comunitarios de los dos sectores de La Maysuta no han logrado que un Comité de Agua garantice la sostenibilidad de sus fuentes y de los sistemas de distribución, como sí lo han hecho los habitantes de la comunidad Mamel, donde las familias se organizaron para limpiar y cuidar el único pozo que les proporciona el agua.