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  • AFP

Recorrer el montañoso campo de Colombia fue incluso más difícil de lo común durante tres semanas el verano pasado, cuando miles de campesinos bloquearon las carreteras para protestar por las malas condiciones en las áreas rurales.

Las causas inmediatas de su enojo fueron el fertilizante caro y los recientes acuerdos de libre comercio con Estados Unidos y Europa. Sus protestas, sin embargo, han atraído la atención hacia problemas más profundos del campo colombiano, problemas causados por décadas de conflicto armado y negligencia oficial.

En el esfuerzo por sofocar la protesta, el gobierno ha negociado con cafetaleros, productores de leche y cultivadores de papa y arroz, cediendo a muchas de sus demandas ante el desplome de los índices de aprobación y las inminentes elecciones el año próximo. El 7 de octubre impuso aranceles y cuotas temporales sobre las importaciones de papa, cebolla, frijol, jitomate, leche en polvo, queso fresco, leche y suero de leche. El 19 de octubre, enfrentando la amenaza de nuevas protestas, empezó a comprar 3,000 toneladas de papas directamente a los agricultores a precios mejores que los del mercado.

Reuniéndose cada semana en ciudades diferentes, los agricultores y funcionarios gubernamentales esperan formular una política agrícola nacional para fin de año. Sin embargo, están tratando de resolver un problema antes de que se haga un diagnóstico: Colombia no ha realizado un censo agrícola nacional desde 1970.

El gobierno está haciendo planes para realizar uno el año próximo, aunque el jefe de la agencia nacional de estadísticas, D.A.N.E., renunció el 7 de octubre, argumentando que un censo no debería realizarse en un año electoral. El Presidente Juan Manuel Santos dice que el país ya no puede esperar, argumentando que está “volando sin instrumentos” en el establecimiento de la política de agricultura.

En las cuatro décadas transcurridas desde el censo agrícola anterior. El conflicto de Colombia que involucró a guerrilleros izquierdistas, paramilitares derechistas y a las fuerzas armadas se ha intensificado. El efecto más notable sobre el campo ha sido el éxodo de unos 5.7 millones de personas. Desde 1985, alrededor de 6.5 millones de hectáreas de tierras agrícolas han sido abandonadas o ilegalmente confiscadas.

Un resultado menos conocido del conflicto ha sido la ineficiencia. Un estudio de dos años realizado por Ana María Ibáñez, de la Universidad de los Andes en Bogotá, encontró que los agricultores que no han sido víctimas directas del conflicto, pero que viven con la presencia de combatientes armados, tienden a favorecer los cultivos de rápido crecimiento que ofrecen varias cosechas al año. Muchos también convierten los campos de cultivo en pastura para ganado, la cual es más fácil de vender si las cosas se ponen desagradables. Permanecen alejados de los cultivos permanentes, como el cacao, el café, el caucho y los árboles frutales, que requieren más inversión y tiempo para producir una cosecha, aunque son más rentables a largo plazo.

Esta estrategia busca “minimizar el riesgo del conflicto, pero no maximiza las utilidades”, dice Ibáñez, produciendo inversión baja y productividad baja.

Durante la última década, Colombia ha hecho un enorme progreso en la reducción de la escala e intensidad del conflicto. Desde el año pasado, el gobierno de Santos ha estado involucrado en pláticas de paz con los rebeldes de las FARC, destinadas a un cese al fuego permanente. El único punto sobre el cual han llegado a un acuerdo tentativo es el desarrollo rural.

Poner fin al conflicto no necesariamente revertiría la mentalidad de subsistencia. Incluso en áreas donde los guerrilleros ya no están tan activos, los agricultores continúan favoreciendo los cultivos que ofrecen un resultado rápido, por lo que Ibáñez llama “pura inercia”. También es una cuestión de finanzas: Después de años de ingresos magros, pocos agricultores tienen los fondos para cambiar sus cultivos por algo más rentable.

En una Colombia posterior al conflicto, las políticas tendrían que ir más allá de la reconstrucción y las indemnizaciones en el campo para hacer que los agricultores se recuperen. Una cosecha más sana está aún a muchas temporadas de distancia.