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Arturo Cruz, analista, diplomático y académico

 

“Debemos darle a HKND el beneficio de la duda”

El prestigio de China está en juego en Nicaragua, dice el analista y académico Arturo Cruz, quien viajó al país asiático hace dos semanas, en una delegación que se reunió con el empresario Wang Jing, quien ganó la concesión para construir un canal interoceánico que uniría al Pacífico con el Caribe.
“El prestigio internacional de los chinos está en juego, aunque su Estado no esté directamente involucrado”, afirma Cruz en una entrevista con El Nuevo Diario.
El consorcio HKND, que dirige Jing, proyecta la construcción de un canal interoceánico de gran calado, valorado en US$40,000 millones, que ha despertado interés en todo el mundo.

 

Wang Jing, el chino que ganó la concesión para construir un canal interoceánico en Nicaragua, tiene “don de mando”, y de haber existido en el siglo XIX habría sido un “rival” del estadounidense Cornelius Vanderbilt para controlar la ruta de tránsito en el Río San Juan.

Así describe a Wang Jing el analista Arturo Cruz, quien recientemente viajó a China como parte de una delegación nicaragüense que visitó varias empresas para confirmar si HKND, la concesionaria para construir el canal interoceánico, tiene la capacidad para ejecutar la obra.

Cruz ofrece como uno de los puntos fuertes de HKND su conexión con empresas estatales chinas, como China Railways Construction Corporation, vinculada con la construcción de trenes de alta velocidad, y la hidroeléctrica las Tres Gargantas, la más grande en el mundo.

¿Cuáles son los logros de la visita a China de la delegación nicaragüense?

Estudiar el notable desarrollo económico de China durante los últimos 30 años, desde la distancia no es suficiente. Hay que ir a ese país, aunque sea por unos pocos días, para palpar lo que nos dicen los números.

La escala de sus obras de infraestructura es inimaginable. En China hay el equivalente --en términos de costos y de capacidad de movilizar recursos-- de varios canales interoceánicos como el que pretende realizar en Nicaragua la compañía Hong Kong Nicaragua Development Project. La hidroeléctrica de las Tres Gargantas en el río Yangtsé, la más grande en el mundo, es un ejemplo de lo dicho.

Uno de los logros de la delegación fue palpar lo que estoy diciendo, de visitar estas obras y de intercambiar criterios con los ingenieros responsables de ellas. Este viaje para la delegación nicaragüense también fue importante porque respiramos el precio de este notable desarrollo económico, es decir, los enormes problemas que enfrentan con la contaminación ambiental, de lo cual hay una sensibilidad cada vez mayor entre sus ciudadanos y entre los dirigentes de China. En Xuzhóu (la cual fue parte de nuestro recorrido), ciudad sede de una de las mejores universidades de ingeniería y minas de China, así como de XCMG, la décima empresa en el mundo de equipos de construcción, sus autoridades están invirtiendo masivamente en la rehabilitación de minas abandonadas, transformándolas en áreas verdes.

¿Cuáles son los elementos tangibles que le hacen creer que el canal puede ser construido por HKND?

Su conexión con empresas estatales como China Railways Construction Corporation (CRCC), cuyas subdivisiones, o han sido directamente responsables, o han estado vinculadas a proyectos como el diseño y construcción de los trenes de alta velocidad, así como a la construcción de la hidroeléctrica de las Tres Gargantas.

Específicamente, me refiero al Cuarto Instituto, subsidiaria de propiedad total de CRCC, cuyos servicios de consultoría para emprender en Nicaragua los estudios de cartografía, validación de recursos líquidos y conservación de suelos, entre otros estudios, fueron adquiridos por HKND en febrero de este año.

¿Ve posible que el proyecto empiece en 2014, como se ha dicho?

La insistencia del empresario Wang Jing es que la obra se estaría iniciando --en el escenario ideal-- a finales de 2014. Obviamente, no estoy en capacidad para ratificar la fecha indicada, salvo decir que los ritmos de las empresas chinas, son más intensos que los nuestros.

Un punto toral es cómo conseguir los US$40 mil millones, ¿cuáles son las respuestas que obtuvo, en ese sentido, en el viaje a China?

Las respuestas estándar que por lo general uno recibe en este tipo de proyectos, en las que se destacan los fondos de inversiones soberanos y privados. Lo que está claro es que no hay preocupación por obtener recursos para financiar los estudios que están realizando McKinsey, Enviromental Resources Management (ERM), y el Cuarto Instituto perteneciente a CRCC.

¿Qué indicios hay de que el Estado de China participa o no en esta iniciativa?

La complejidad de China no es solamente producto de su tamaño, sino que también es un reflejo del momento por el cual atraviesa. Es decir, la frontera entre lo público y lo privado es muy tenue, propia de economías y de sociedades en transición, de un modo de producción estatal a un modo donde prevalece la iniciativa de los privados. Más aún, el aparato militar de China tiene su propia dinámica e intereses, con empresas estatales sobre las cuales los militares ejercen control, aunque los administradores de estas empresas sean oficiales en retiro, o bien, managers cuya trayectoria ha sido exclusivamente entre civiles.

La verdad es que China, al menos para mí, es un mundo nuevo, el cual apenas empezamos a comprender. Necesitamos de los insumos de los estudiosos de este inmenso país para que nos den pistas sobre si alguno de los órganos del Estado chino tiene un interés particular en el canal nicaragüense.

Los expertos de Stratfor, firma de consultoría estadounidense dedicada a los temas de geopolítica, se inclinan a creer que hay órganos del Estado chino que se sentirían a gusto ejerciendo un mayor control sobre una ruta interoceánica en medio de las Américas. ¿Cuál sería la reacción de los Estados Unidos ante este escenario? Esta pregunta requiere de una respuesta fuera del alcance de esta entrevista, pero vale resaltar la insistencia del empresario Wang Jing de que el proyecto del canal es iniciativa privada, y que le pertenece a Nicaragua y al mundo, temperando la incumbencia del Estado de China, tal vez por el temor de que lo geopolítico adquiera una dimensión problemática para la realización del proyecto del canal.

Y si no participa el Estado de China, ¿eso hace que el proyecto pierda fuerza?

Si el Estado de China fuese parte del proyecto de manera formal y directa, creo que muy pocos dudarían de la viabilidad financiera del canal. Después de todo, sus reservas internacionales brutas son el equivalente a un PIB y medio del de Brasil. Pero aun si el Estado de China como tal no participa, sus diferentes empresas, las que tienen alianzas con empresas extranjeras como las ubicadas en Corea del Sur y en países vecinos, le pueden dar aliento financiero al proyecto del Canal.

¿Está Nicaragua en una situación de ganar-ganar o de ganar-perder?

Un proyecto que requiere una inversión de más de US$40,000 millones transforma a un país como el nuestro, con un PIB equivalente al 25% de esta inversión. Este proyecto tiene un enorme potencial para mejorar los estándares de vida de los nicaragüenses, más allá de lo que significa su construcción y las actividades que generaría el tráfico de buques.

La preservación del medioambiente, sin embargo, es una de las grandes preocupaciones de nuestros compatriotas, lo cual es un motivo correcto de preocupación, y debe ser el criterio principal a la hora de decidir la viabilidad del canal. Pero no debemos olvidar que la pobreza es uno de los principales enemigos del medioambiente, y si el canal trae prosperidad al país, su construcción se puede volver una oportunidad para preservar el Lago de Granada y recuperar los inmensos espacios deforestados en el Caribe nicaragüense.

Si la construcción del canal fuese a proceder bajo el liderazgo de HKND, no hay que olvidar que el prestigio internacional de los chinos está en juego, aunque su Estado no esté directamente involucrado. Supongo que el nacionalismo de los chinos los motiva a darse el gusto de llevar adelante una obra mucho más compleja de lo que fue la cons-trucción del Canal de Panamá, demostrándole al mundo --con lo que sería su obra emblemática fuera de sus fronteras--, que ya aprendieron la gran lección del desarrollo sostenible, lo que ha sido el Talón de Aquiles del modelo económico de China.

¿Considera usted que todos los miembros de la delegación vienen convencidos de que el canal se hará? ¿O hay cierto escepticismo entre algunos?

Tengo la impresión que entre los miembros de la delegación hay grados diferenciados de convencimiento, unos con más, otros con menos entusiasmo.

En lo que creo que todos coincidimos es que la compañía del Gran Canal no es fácilmente descartable, y que sin dejar de continuar haciendo las preguntas pertinentes en cuanto a la construcción del canal y su incidencia en los intereses nacionales, al menos por los próximos meses, debemos darle a HKND el beneficio de la duda.

El empresario Wang Jing, para finales de este año, ha prometido una conferencia de prensa en la que ofrecerá lo que hasta el momento ha sido “información privilegiada” de la compañía. Mientras tanto, les haré consultas a los especialistas en China, tratando de tener una mejor comprensión de cómo operan sus mercados financieros, y de la manera en que sus dirigentes toman sus decisiones.

Ya no basta con estudiar a los Estados Unidos, también debemos estudiar a China, y, sobre todo, debemos estudiar las relaciones entre estos dos países, cuyas economías, además de representar más del 30% del PIB mundial, se encuentran íntimamente interrelacionadas, y de lo cual los nicaragüenses debemos aprender a sacar provecho.

¿Cómo es Wang Jing? ¿Hay algo que llamó la atención de su personalidad? ¿Podría describirlo?

Es de personalidad recia, con el don de mando. Hubiese sido rival de Cornelius Vanderbilt a mediados del siglo XIX por ejercer control sobre la ruta del tránsito en el río San Juan. Dudo que hubiese sido su socio.

Si los estudios indican que no es factible hacer el canal, ¿cuál sería el plan B, si es que tienen un plan B los empresarios chinos?

No sé si los empresarios chinos tienen un plan B, pero el plan B de los nicaragüenses es que nos quedaría ese valioso acopio de información que las diferentes firmas consultoras están recolectando sobre nuestro país.