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La comunidad existe hace mucho, es parte de El Timal, pero hasta hace nueve años tiene un nombre --cuando colocaron el rótulo-- aparte del anuncio, lo único que ha cambiado es que este año instalaron un toldo que hace las veces de escuela para los niños de esta comarca ubicada en el municipio de Tipitapa, a escasos 30 kilómetros de Managua.

No es extraño ver que de repente un niño o niña se levante de su asiento y salga corriendo del toldo hacia los matorrales que crecen atrás del mismo, se pierde por unos minutos y luego retoma su lugar. En ocasiones ocurre lo mismo con cualquiera de los tres maestros, pero nadie pide permiso para ausentarse al baño, porque olvidé decirlo, aquí no hay servicio sanitario para que puedan hacer sus necesidades fisiológicas.

En condiciones infrahumanas, 75 niños y niñas reciben clases, de primero a quinto grados, en la escuela multigrado. La falta de agua y de letrinas es el común denominador para los 300 habitantes de la comunidad, así como para los de comunidades circundantes.

“Aquí nadie hace proyectos, antes los niños recibían clases en una champita de cartón y plástico, pero este año, gracias a la gestión de los padres de familia trajeron estos toldos, pero no hacen una escuela con buenas paredes, o traen letrinas o agua, para que la gente porque los terrenos no son propios”, señala el maestro Gerald García.

Para la señora Rosibell Roque, habitante de Villa Japón, no es una novedad la carencia de letrinas. “Aquí hay gente que no las conoce, yo las conozco porque crecí en Darío y allí sí hay letrinas, pero aquí no tenemos, entonces todos vamos al monte, es algo de lo que poco hablamos porque es algo común que no tengamos letrinas”, dijo la señora Roque.

De acuerdo con el maestro, podría decirse que las personas que habitan este lugar son nómadas. “La deserción escolar ha sido evidente, comenzamos las clases con 90 niños, que no es el total de los niños que habitan el lugar, pero ya han desertado 15 porque se han ido con sus familias en busca de algún trabajo que les garantice el sustento, porque aquí no hay ninguna actividad económica”, expresó el profesor.


Un grifo para la comunidad
Otra carencia que sufren los habitantes de Villa Japón es el agua --los niños y niñas llevan agua en botellas para apaciguar la sed que les provoca estar bajo ese toldo bajo el inclemente sol--, todas las familias se abastecen del mismo grifo donde se las regalan, aunque para llegar a él deben caminar entre tres y seis kilómetros.

A las adolescentes Milagros y Juana Garmendia, de 15 y 17 años, respectivamente, les tocó lavar la ropa ayer. Ellas llegaron a la orilla del grifo a las siete de la mañana y calculaban que concluirían con su tarea a las tres de la tarde. Ninguna de las dos estudia, pues de ellas depende el suministro de agua para su casa.

“Nosotras venimos temprano, aprovechamos cuando hace sol para lavar, aquí nos bañamos y viene gente de toda la comunidad a bañarse, porque es muy cansado acarrear el agua hasta la casa para bañarse o lavar, mejor todo el mundo lo hace aquí, somos más de trescientos en toda la comunidad”, expresan las hermanas, que reconocen que el lugar es peligroso porque los delincuentes provenientes de la Ciudadela San Martín se esconden para robar bicicletas, machetes y hasta para violar mujeres.

“A veces se pone peligroso, pero uno tiene que venir por el agua. Estos días ha estado calmado y nos vienen a traer de la casa, aquí estamos algo seguras porque el señor que cuida este lugar está armado y pendiente, y está viniendo la gente a traer agua todo el día”, afirmaron las adolescentes que apenas han cursado el tercer grado de primaria.


Dista de cambiar
La situación de los habitantes de Villa Japón y demás comunidades de El Timal dista mucho de cambiar, pues su cabecera municipal aún se enfrasca en proyectos que no arrancan para llevar a los habitantes de la zona urbana el agua y saneamiento correspondiente. No en balde, Tipitapa ostenta el nada grato distintivo de ser el municipio con mayor insalubridad del país, y el que posee el más alto número de enfermedades diarreicas agudas.

La caracterización municipal de Tipitapa, elaborada por la Organización Mundial de la Salud (OMS), señala que si bien el municipio cuenta con servicio público de agua potable, cuya administración está a cargo de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados (Enacal), únicamente existen siete mil 354 conexiones domiciliares, es decir, que sólo el 51 por ciento de la población tiene acceso a agua, algo que es posible a través de 17 pozos, cuatro puestos públicos y 268 miniacueductos. No cuenta con un sistema de acueductos que permita cubrir la demanda de forma eficiente, pues hay seis mil pozos caseros en el área urbana y un mil en el área rural para saciar la sed de los tipitapeños.

La población urbana tampoco tiene acceso al servicio de alcantarillado sanitario y utiliza letrinas y sumideros. Se calcula que en todo el municipio existen once mil 130 letrinas, de las cuales tres mil 350 están en malas condiciones y hay un déficit de más de cinco mil 200. Tampoco se cuenta con un servicio de drenaje pluvial, por lo que cuando llueve se producen constantes inundaciones y problemas de salud.



Un compromiso sin cumplir
A un mes de cumplirse el primer año de la firma de la Declaración de Cali, un documento oficial que expresa el compromiso y la voluntad política del Estado nicaragüense de llevar agua y saneamiento a quienes no lo tienen --sobre todo a las escuelas, donde se calcula que el 60 por ciento de las más de siete mil existentes en el país no cuentan con servicio de agua potable--, poco o nada se ha invertido en realizar obras de infraestructura para este fin.

En general, el Censo 2005, en el cual basó su información Nicaragua para el informe “Saneamiento para el desarrollo. ¿Cómo estamos en 21 países de América Latina y el Caribe?”, elaborado en 2007, establece que el promedio de cobertura en saneamiento es de 84.4 por ciento --96 por ciento para la zona urbana y 69 por ciento en la zona rural--, nivel que ha permitido a Nicaragua cumplir con la meta establecida en los Objetivos de Desarrollo del Milenio (ODM), que es del 73 por ciento de cobertura, pero el cuatro por ciento de la zona urbana y 31 por ciento de la zona rural continúan sin servicios de saneamiento.

EL NUEVO DIARIO trató de obtener información respecto de los avances sobre el tema de saneamiento con el Ministerio de Ambiente y Recursos Naturales, institución que firmó por Nicaragua el compromiso de saneamiento, y no fue posible obtener su versión sobre el tema. Tampoco hubo respuesta de la Empresa Nicaragüense de Acueductos y Alcantarillados.