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El Puente Santa Fe, construido sobre el río San Juan, a nueve kilómetros de la frontera con Costa Rica, no solo será el más grande del país, sino que podría contribuir a descongestionar el puesto fronterizo de Peñas Blancas y agilizar el traslado de las exportaciones nicaragüenses, a través de Puerto Limón, en Costa Rica. La obra, construida bajo normas de seguridad de Japón y con materiales traídos desde la isla asiática, fue calificada como de gran envergadura por el ministro de Transporte e Infraestructura, Pablo Fernando Martínez, debido a que creará un nuevo corredor panamericano y prestará condiciones viales para que salgan los rubros de exportación producidos en el Centro y Norte del país y que van a Puerto Limón, en el Caribe costarricense.

230114 puente“Actualmente todos los productos de exportación de esta zona: Chontales, Boaco, todo el Norte y Centro del país, que salen por Puerto Limón, dan la vuelta por Managua y después van hacia Peñas Blancas. El recorrido es de mayor distancia y las demoras en el puesto fronterizo de Peñas Blancas son de hasta de 18 horas en trámites. Con Japón, a través de Jica, estamos terminando el Plan Nacional de Transporte y entre las cosas que resaltan está la pérdida de tiempo en los puestos fronterizos. Al tener dos cruces vamos a descongestionar Peñas Blancas, reduciendo los costos y el tiempo”, explicó el funcionario.

Mario Hurtado, gerente general de la empresa Frutales del San Juan, que exporta naranjas hacia Costa Rica, país donde esa compañía tiene una planta procesadora, sostiene que “el principal beneficio” del puente será el “acceso a una segunda frontera que descongestionará Peñas Blancas y contribuirá a que el trámite sea más ágil”.

El director ejecutivo del Centro de Trámites de las Exportaciones, Cetrex, Jorge Molina, habla con cifras en mano: en 2013 se exportaron a través de Puerto Limón 172.8 millones de kilogramos, sobre todo de carne bovina, frijoles, leche, malanga, quequisque, aceite, grasas y café oro, entre otros. En valor, lo que salió al mercado a través de este puerto, sin incluir lo que se produce bajo el régimen de Zonas Francas, representó el 17.19% del total de exportaciones.

“Todo lo que se produce en Matagalpa, Boaco, Chontales y que su destino es Costa Rica, ya no tiene razón de venir hasta Peñas Blancas. En ese caso el ahorro va a ser sustancial. En términos generales habrá una reducción en tiempo y menor concentración de vehículos que el que hay en Peñas Blancas. Con la construcción de Santa Fe se le quita presión a Peñas Blancas”, considera Molina.

Retos

Marvin Altamirano, presidente de la Asociación de Transportistas de Nicaragua, ATN, es escéptico respecto al ahorro que traerá el nuevo paso comercial en términos de distancia.

“Sí creemos que descongestionará Peñas Blancas y sabemos que la carretera (Acoyapa-San Carlos) está en condiciones para que transite el transporte pesado, pero no estamos seguros si del lado de Costa Rica estén aptas”, dijo Altamirano, quien insistió en que en algunos casos “reducirá los costos y en otros los encarecerá”.

El transportista sostiene, sin embargo, que la carretera de Managua hasta Santa Fe es menos peligrosa que la que va de la capital hacia Peñas Blancas, debido a que no es sinuosa y hay pocas pendientes.

Desde Managua hasta Santa Fe hay 298 kilómetros, el puente mide 362 metros y desde allí hasta el puesto fronterizo San Pancho hay nueve kilómetros. Actualmente está construido el 92% de la obra y se espera su conclusión en abril.

Progreso vs economía familiar

Los pasajeros que trabajan del otro lado del río, aún en territorio nicaragüense, deben pagar un bote para que los cruce. Previamente contratan un taxi o pagan el servicio de microbús o “buceta” que los traslada desde San Carlos hasta el lugar donde se está construyendo el puente.

Según los estudios realizados previamente a la construcción del Puente Santa Fe, se precisa de al menos quince minutos para cruzar el río. “Una vez construido el puente ya no será necesario el trasbordo y el tiempo requerido para la travesía se reducirá a quince segundos”, se lee en el estudio de prefactibilidad.

Rodrigo López, es un nica de 23 años que anualmente cruza la frontera de San Pancho-Las Tablillas, para trabajar en la cosecha cafetalera en Costa Rica durante un mes y quince días al año. El bote le cobra C$20. Además de eso debe gastar C$100 para que un vehículo lo transporte hasta la frontera. “El puente traerá muchas cosas y como vamos a cruzar por arriba del puente uno se ahorrará 40 pesos”, dice.

El movimiento de personas es usual muy de mañana y ya entrada la tarde, aunque durante todo el día se observa cierto ajetreo. María de los Santos Ugarte vive desde hace 38 años al pie de donde ahora se está terminando de construir el puente. Ella tiene una concesión para trasladar personas de un lado de la ribera al otro, y una pequeña pulpería donde la gente aprovecha para calmar la sed y comer enchiladas a buen precio.

“En un día normal uno pasa unas treinta personas. Con el puente yo quedo sin trabajo, pensaba que tal vez me ayudaban con un medio de transporte terrestre, una bucetita pequeña”, dice Ugarte, quien cobra C$20 y en temporada buena transporta hasta a 70 personas.

Contraria a la situación que vivirá María de los Santos Ugarte cuando el puente esté finalizado, es la del taxista Álvaro José Mora, quien planea subir la tarifa que actualmente cobra por trasladar personas desde San Carlos hasta el río (unos 19 kilómetros). La tarifa actualmente es de C$100 por persona.

“Me imagino que tiene que subir un poco el precio. El carrito agarra cuatro personas, digo yo que podría subir a unos C$150 hasta la frontera. De aquí a San Carlos, ya de vuelta, cobro C$50. A veces echo un viaje al día”, relató Mora.

Sidoelena Rodríguez, quien trabaja como cambista desde hace 13 años, es otra de las beneficiadas. Además de que pasará más gente y el paso será más rápido, estando en la frontera, cercana a las autoridades, tendrá más seguridad. “Correremos menos riesgos, habrá menos robos”, dice.

"Trabajamos luchando contra el agua. El terreno es duro y hay mucha piedra".

Junichi Wada

Jefe de supervisión

del proyecto

Construcción nipona

La construcción del puente fue realizada con cooperación financiera no reembolsable de Japón, a un costo de US$30 millones. La empresa encargada del diseño y la supervisión, Central Consultant Inc, así como la constructora, Hazama Ando, son japonesas.

El ingeniero Napoleón Jiménez, encargado de la supervisión, explicó que el puente fue construido bajo normas y especificaciones técnicas japonesas y con la técnica de postensado.

“Todos estos materiales vienen directamente desde Japón: los cables, los ductos, las anclas, inclusive parte del acero de refuerzo, el de mayor diámetro, vino desde Japón”, indicó Jiménez.

Actualmente están realizando las obras superficiales, finalizando la construcción de aceras, andenes; así como la pavimentación del puente, su impermeabilización y la finalización de la losa y de los caminos de aproximación.

“Este puente tiene una vida útil de cien años y fue construido totalmente bajo normas japonesas”, explicó el ingeniero Felipe Meléndez, de Hazama Ando.

Soportará la carga viva que se utiliza en Nicaragua, que es de 37 toneladas más el 25% de incremento en su resistencia. “Son 37 toneladas más el 25% distribuidos en los ejes del vehículo (Tipo T3-S2, de acuerdo en Nicaragua)”, agregó Meléndez.

El puente es el de mayor longitud que dona Japón en Centroamérica y el de mayor longitud que habrá en Nicaragua. Hay otros construidos con esa misma técnica que han sido donados por Japón en Honduras y en El Salvador.

El consejero de la Embajada de Japón en Managua, Toshiyuki Suzuki, declaró que entre 1990 y 2012 el monto de la cooperación a Nicaragua fue de US$667 millones, sin incluir la donación técnica.