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Hace apenas dos meses los niños bolivianos sorprendieron al mundo pidiendo la paralización de una ley que les impediría seguir trabajando. Después de que sus manifestaciones fueran repelidas, el presidente Evo Morales accedió a reunirse con ellos y apoyó la retirada del Código de la Niñez y Adolescencia, una norma que en su texto inicial prohibía el trabajo a los menores de 14 años.

Desde entonces, el proyecto se debate en una comisión integrada por niños y políticos en la Asamblea Legislativa Plurinacional, que está presionada a conciliar el nuevo código boliviano con los tratados de la Organización Internacional del Trabajo, OIT, que prohíbe trabajar a menores de 15.

El debate planteado en Bolivia se repite, aunque con matices y distinta intensidad, en toda América Latina, donde alrededor de 12.5 millones de niños, el 8.8% de la población infantil, desempeña algún trabajo, según datos de la OIT. De estos, 9.6 millones realizan labores peligrosas.

En 2010 la cifra alcanzaba los 20 millones de menores.

Avances

“También hemos avanzado en el compromiso y la voluntad política de los países”, expone Guillermo Dema, especialista para América Latina y el Caribe en Empleo Juvenil y Trabajo Infantil de la OIT.

En este sentido, en toda América Latina han ratificado los convenios de la OIT 182 —sobre las peores formas de trabajo infantil— y 138 —que establece la edad mínima de admisión al empleo (15 años con algunas excepciones)—, a excepción de México, porque para ello necesitaría modificar la Constitución, que prohíbe el trabajo a menores de 14 años. Tres millones seiscientos mil niños trabajan en el país.

Posiciones encontradas

Sobre el debate de la edad permitida para trabajar, existen diferentes posturas.

La Organización Internacional del Trabajo alega: “La OIT regula el trabajo infantil estableciendo una edad mínima por debajo de la cual no se debe trabajar, con la intención también de proteger a los niños de entre 15 y 18 años. El intentar regular condiciones por debajo de esta edad (…) genera un círculo de pobreza y explotación”.

“La legislación o la prohibición en función de los años no resuelve el problema, sino que invisibiliza a una gran parte de la población que ya está trabajando”, explica Ángel González, colaborador del secretariado del Movimiento Latinoamericano y del Caribe de Niñas, Niños y Adolescentes Trabajadores, que abarca a ocho mil niños organizados en nueve países.

La cúpula del movimiento, en Venezuela, plantea: “Ninguna política, inclusive las de erradicación, se puede llevar a cabo sin escuchar a los niños. El Movimiento no hace una defensa del trabajo, sino de los niños trabajadores”.

 

Una mirada a la región

Argentina. Un estudio de 2004 decía que el 6.6% de los menores de 16 años trabajaba. En 2012, tras varios años de crecimiento económico, bajó al 2.2%.

Colombia. Se estima en 1.1 millones la cantidad de niños trabajadores entre los 5 y los 17 años, una tasa del 9.8%.

Perú. El Instituto Nacional de Estadística e Informática dice que 1.8 millones de jóvenes de 6 a 17 años trabajan: el 23.4% de los niños.

Ecuador. Presume de ser el primer país en Latinoamérica que consiguió erradicar el trabajo infantil en basureros, en 2011. Las cifras indican que 359,000, equivalente al 8.56% de la población infantil, aún trabaja.

Costa Rica. El número de niños trabajadores se redujo de 113,000 en 2001 a 47,500 en 2011.

Chile. Según el último informe de la OIT, existen 219,000 niños trabajadores, el 5.8% de la población.

Brasil. Más de un millón de niños de 10 a 14 años realiza algún tipo de trabajo. En los últimos diez la proporción de niños brasileños que trabajan, que pasó del 6.6% al 6.2% en el conjunto del país.